domingo, 3 de abril de 2011

ESCRIBIR ES VIVIR



No sé cuando llegó la liberación. Me imagino que en mis primeros años de juventud. Lo cierto es que un día me di cuenta que me habían enseñado a escribir escondiendo mis sentimientos y emociones, de una manera deductiva, y, por qué no decirlo, tortuosa y aburrida.

Fue en la escuela donde me dijeron, una y otra vez, que para escribir debía tener un especial cuidado por hacerlo bien, sin faltas ortográficas, con un estilo impersonal, plano, ceñido a la lógica más cartesiana, evitando giros arriesgados, y midiendo el uso de las palabras ¡Milongas!

Después de muchos años escribiendo por el simple placer de hacerlo, quiero reivindicar mi derecho a expresarme por escrito, más allá que lo haga bien o mal.

Por supuesto, intento hacerlo bien, pero, lo confieso, no me agobio por ello.


Porque, en definitiva, ¿qué significa para mi escribir?

Escribir es un acto de afirmación del “yo” interior, en él interviene la inteligencia, las características originales de la personalidad, la sensibilidad, es decir, ese sello personal, único e intransferible, propio de cada ser humano.

Escribir es un acto mágico que nos permite conocernos, y explorar el mundo, contactando con un “yo” literario que nos habita, y que se mantiene generalmente en la sombra.

Escribir es un medio para crecer en la inteligencia de lo vivido, ordenar las ideas, aclarar los sentimientos, desahogar las emociones contenidas, a veces represadas en lo profundo del inconsciente, y que necesitan aflorar y liberarse.

Escribir es conectar con el mundo, es establecer relaciones entre palabras, es crear nuestro universo de imágenes y metáforas.

Escribir es organizar los pensamientos, clarificarlos, discutirlos con nosotros mismos, enlazarlos, combinarlos, y crear nuevos pensamientos.

Cuando escribimos interpretamos las experiencias vividas, descubrimos su sentido en la trama de la existencia, su significado dentro de un “todo” que es el misterio de la propia vida.

De este modo, escribir, sin la presión de la autocensura, nos permite reconocer dimensiones personales que permanecían ocultas. Ese “yo” poético que late en cada ser humano; esos personajes que a veces inventamos, y que necesitan un narrador para cobrar vida y respirar.

Escribir, como acto creativo, ejercita la inventiva, el uso de la fantasía y la imaginación.

Escribir es comunicación con un “tu”, real o ficticio, siempre presente en el corazón de las palabras.

Escribir es dialogar, aunque lo hagamos a solas y con nosotros mismos.

Escribir es siempre un acto comunitario, que viene de la comunidad y busca volver a la comunidad, creando lazos entre las personas.

Escribir favorece la autoestima, fortalece el carácter, promueve la inteligencia, nos ayuda a ser más comprensivos, a estar centrados, y da un nuevo sentido al tiempo, presente, pasado y futuro, que confluye en cada página escrita.

Escribir es un ejercicio de libertad.

Escribir es crear, pensar, sentir, comunicarse… ¡Es vivir!

¿No ez increíble todo lo que puede tened adentro un lápiz?

Lo digo sin sutilezas: escribir no es un monopolio de unos cuantos privilegiados, es una facultad universal al alcance de todos y todas, no tenemos porque esperar a que alguien nos diga que somos escritores para ponernos a escribir ¡Faltaría más!

Al escribir este post he logrado poner cierto orden en un montón de ideas que se han ido “incubando” dentro de mí últimamente, ¡qué magia poder escribirlas y compartirlas aquí en mi blog!

Consciente de que todo lo que nos ayude a mejorar como personas, a vivir nuestra vocación humana, nos acerca más al Señor y a nuestros hermanos y hermanas, pido para que redescubramos la alegría de escribir, y que ello nos ayude a vivir, y a ser un instrumento de bendición para los demás.

@MarceloMartín

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