sábado, 6 de agosto de 2011

ATARDECER DE NOTICIAS


Atardece sobre España, entre el barullo de los pájaros, escucho noticias, vaivenes en la bolsa, y tras una publicidad de pañales, el contrapunteo hueco de los opinadores de oficio. En la ventana el sol se deslíe, convierte el cielo en mandarina, y pide plaza en regiones al oeste del meridiano, allende los mares espumosos, donde gritan voces, se reclaman presencias, se espantan estrellas que aún titilan sobre unas vidas que imagino intensas, vertiginosas.


Ahora un hombre moreno vestido con un traje azul marino,… ¡ahh!, ¡es Obama!, habla por un micrófono, se nota cansado, ajado de tiempo. Me tomaré un café. De nuevo, ¡zas!, la bolsa, el parpadear de unos números en una pantalla digital, la escalada de los bonos de la deuda y de la prima de riesgo, (se ve que nadie tiene tanto miedo como el dinero), y, claro, sus intereses, de mora, que para mí siempre había sido una fruta, y de sus costas, no las del cantábrico, sino la de ellos: banqueros, agentes, inversionistas.

Esto de la economía hoy parece el after day de una noche de marcha, cuando en un ambiente chill out, nos dejamos el sueldo bailando bachata o disco house, y a mí me entra la risa, cómo te lo diría. Comienza otro ciclo de publicidad, se trata, creo, de un purgante,… no, no es un purgante, es un digestivo superguay para ir al baño cuando a uno le apetezca, ¡qué cosa!.

Atardecer es anticipar la experiencia extraña del sueño. Todo cesa, y entramos en el laberinto coloidal de los recuerdos del día.

El tema está en las agencias de calificación de riesgo, interviene un barbudo en otro canal, y, sobre todo, en los mercados, ¡los mercados!,… Un hombre rechoncho con acento andaluz le responde que sí, que toca tranquilizarlos, amansarlos, darles cariño (a los mercados, supongo). Ellos nos acechan desde la viñeta de un periódico, o de una página web, o en una hoja de Excel, y nos sustraen de las horas mansas y buenas, cuando amables marujas, de moño recogido y flor en la mejilla, desgranan la rueca de su cotilleo, comen pasteles en una terraza, observan a unos chicos vestidos de alguna tribu urbana, que aprietan contra su pecho su blackberry.

Mejor cambio de canal, porque me estoy poniendo chungo.

¡Oh no!, ¡otra tertulia!, resulta que prácticamente nos lo merecemos, explica una mujer con traza de marimandona, ha sido muy indiscreto este buscar nuestro de créditos y de historias,…

¡No aguanto más!, armado con mi mando a distancia, atravieso el bosque de canales,…¡qué alivio!, emerge Bob Esponja en mi pantalla.

Pero tras unos minutos, me doy cuenta que es inútil, no logro conjurar las sombras que se adueñan del espacio.

Apago la tele, me quedo a solas con la joven noche que en su inocencia, se lo pasa pipa con las olas del Atlántico. Necesito urgentemente el gesto premonitorio de la hierbabuena, la alegría obesa de la calabaza, el aroma de los azafranes, y los plátanos de Canarias.

Pongo la rumba y el tongoneo de la economía española, y mundial, en las manos del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

@MarceloMartín


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