viernes, 9 de septiembre de 2011

ROCK URBANO: UN POEMA DESDE LA GUAGUA


A veces pasa que leemos un poema, y una suerte de gracia interior se despierta, y desde el fondo de nosotros mismos revivimos la experiencia madre que se esconde detrás de las palabras del poeta.

El poema, en esa ocasión, nos estremece, nos sacude, nos conmociona.

Eso me sucedió una de estas noches que venía en guagua desde Santa Cruz, y leía distraidamente una antología de poesía venezolana, 40 poetas se balancean, de Javier Lasarte, (Fundarte, 1994).

Al cruzar el recodo de una página tropecé con un poema de Julio Miranda (1945-1998), escritor cubano-venezolano, titulado Rock Urbano:  

Rock Urbano
 
despertamos una mañana más
somos los sobrevivientes
la ciudad ha sido buena con nosotros
una noche más

pero qué noche: el hombre gritaba
borracho o aterrorizado y quizá ambas cosas
-ya nunca lo sabremos-
me quieren matar, estos tipos
me quieren matar, llamen a la policía
me quie (mientras: callate, vale -decían
los otros, con escalofriante suavidad)

y dos mil, tres mil vecinos agazapados
en los altos edificios escuchábamos
en silencio
(una sola enorme respiración contenida)
(un enorme ejército tembloroso)
todos deseando que el hombre se callara
que lo liquidaran en otro lugar mucho más lejos
o que fuera una broma siniestra
pero que se callara o lo callaran de una vez

y se calló
y esta mañana en los ascensores nadie miraba a nadie
y en la acera no había cadáveres ni manchas de sangre
y los periódicos ignoran el asunto
y nosotros también

Autor: Julio Miranda. Del poemario "Rock Urbano".

Al leerlo reviví de pronto mis últimos años en Caracas, esos ruidos inesperados en las calles oscuras y laberínticas, el oxigeno turbulento de la noche, con sus misteriosas voces, sus ráfagas al viento, sus miedos, sus silencios contenidos.

Sí, el poema retrata todo un mundo de vivencias. Retrata la cobardía e indiferencia de unos vecinos que fingen no escuchar, retrata el sentimiento de haber sobrevivido un día más a las trampas que la ciudad, arteramente, nos tiende.

Qué honesto me ha parecido el poema cuando confiesa que a veces decidimos no asomarnos, no averiguar, para no aventurarnos a correr la misma suerte de la víctima anónima que grita, hiriendo los oídos, sacudiendo el sueño y la conciencia.

El miedo puede llegar a envilecernos. Y es tan humano, y tan real. El miedo.

Mi Dios, ¿qué hacer? ¿Permanecer indiferentes refugiándonos en el silencio, o exponernos nosotros mismos atendiendo la demanda del que pide auxilio, con todos los riesgos que ello comporta?

He aquí el dilema que muchos viven cada día.

Para conocer más sobre el poeta: Julio Miranda

                                                                                                                                     @MarceloMartín

4 comentarios:

  1. Es la triste realidad, de lo que señala Julio Miranda, y si ... la gente tiene miedo, nadie se quiere exponer a que también lo maten. Es la vida del otro o es la tuya, lamentablemente muchos han perdido sus vidas tratando de dar la cara por el otro, que lástima.

    Sólo nos toca pedirle a Dios que siempre nos proteja :-(

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  2. A mí el poema me conmovió, en el sentido de evocar esas situaciones "límite" que a veces nos toca vivir. Me uno a tu oración, para que sintamos en nuestra vida, en medio de nuestra fragilidad, la inmensa protección de Dios.

    Feliz fin de semana, "chaíto"..

    Marcelo

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  3. uuuuuuffffffff Marce que triste y duro pero cuanta verdad tu versar, me encantó, no squeda orar, muy bello de verdad un abrazo, Bea

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  4. Bea, la virtud del poema es "retratar" de un modo original una experiencia común, patrimonio del mundo de los humanos,..Sí, ciertamente, orar para que Dios cambie las situaciones, y nos guarde siempre en toda circunstancia (y tengamos la valentía de no permanecer indiferentes frente al hermano que necesita nuestro socorro)

    Gracias por tu comentario,

    Marcelo

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