Si eres profesor o profesora de secundaria, especialmente en
el submundo de la ESO, seguro que comprenderás de qué va esto.
Suena el timbre, entras a una clase, pongamos por ejemplo a un
1º o a un 2º de la ESO, empiezas a sacar el material o a escribir en la
pizarra, y, ¡zas!, no puedes seguir: interrupciones, faltas de respeto entre
los chicos, faltas de respeto contigo, gritos, gente de pie, un grupito que no
trajo el libro, otro que olvidó la libreta.
En medio del caos, hace acto de presencia el chistoso de
turno, o el típico par de chicos que se plantan y se dedican a conversar,…
¡Dios mío!, ¿Qué hacer?
Solución nº 1: deprimirte cada vez que te acuerdes que tienes
que dar clase a ese grupo. Lo bueno es que si te deprimes mucho, mucho, puede
ser que hasta adelgaces, y pierda los kilitos que te sobran.
Solución nº 2: puedes quejarte, empieza por los padres, sigue
luego con el tutor, el centro, la sociedad, las leyes educativas, los medios de
comunicación social, la crisis de valores, el sistema capitalista, el Internet,
etc.…Lo bueno es que no estarás sólo, siempre encontrarás gente que te acompañe
en tu cruzada quejica.
Solución nº 3: puedes también cambiar de trabajo, lo malo es
que dada la tasa de paro, por lo menos aquí en España, no tienes muchas
opciones, salvo que te dediques a hacer tartas por encargo, o a la elaboración
de bisutería, y creo que ni eso.
Solución nº 4: haz un curso de hipnotismo, o encuentra una
varita mágica, o un mando supersónico que paralice a los chicos mientras montas
tu clase. Ya sé que es una fantasía muy socorrida, pero que no se diga que no
le ponemos imaginación al asunto.
Si no quieres deprimirte, ni te vas a apuntar al club de las
quejas, si sigues pensando que la educación es tu vocación, y, además, la idea
de la varita mágica no te convence, me gustaría compartir contigo algunos
trucos que conozco para la gestión del aula.
No te garantizo un 100 % de efectividad, pero los he probado
en mi propio trabajo de profe, y parecen funcionar en muchos casos. La cuestión
está en no rendirse. Algunas de estas cosas las aprendí observando a otros
compañeros que se destacaban, precisamente, por su buena gestión del aula
A continuación, los trucos que quiero compartir:
* Cuando se forme un alboroto en el aula evita a toda costa mandar
a callar con gritos. Alzar la voz puede tener, a corto plazo, un efecto
inmediato, pero desgasta tu autoridad, y con el tiempo se hace inefectivo.
Tendrías que gritar y gritar cada vez más, lo cual sinceramente no te lo aconsejo.
Es preferible, en cambio, que bajes el tono de voz, y que los mires con cara de
enfado, en la mayoría de los casos los alumnos se irán callando paulatinamente.
Persiste en una actitud severa, pero tranquila, hasta que el silencio sea
absoluto.
* Establece en las primeras sesiones unas normas sencillas y
claras de funcionamiento, intenta por todos los medios que los alumnos y
alumnas participen en la elaboración de las mismas. Que algunos voluntarios las
escriban en una cartulina, y las coloquen en un lugar visible en el tablón del
aula.
* No anuncies nunca sanciones desproporcionadas que luego no
puedas cumplir. Perderás credibilidad. Es mejor una pequeña sanción puntual, e
inmediata, y que realmente lleves a cabo.
* Salvo que la situación sea muy notoria, no reprendas nunca
en público a un adolescente, es siempre preferible conversar a solas con él
fuera del aula. Durante la conversación establece pequeños acuerdos. Evita los
juicios de valor sobre la persona del alumno del tipo: “Eres un irresponsable”;
enjuicia más bien su conducta: “Te has comportado de una manera irresponsable”.
Parece una sutileza, pero los efectos son distintos.
* Controla siempre el lugar donde se sientan los alumnos en
tu clase, no lo dejes nunca a la libre decisión de los chicos.
* Establece tú mismo las medidas correctivas que estimes
necesarias: citar a los padres, escribir una nota en la agenda, etc. Algunos
profesores esperan que lo haga el tutor del curso o la jefatura de estudios,
sin embargo es mucho más efectivo si tú mismo resuelves las incidencias. Reserva el
recurrir al tutor para los casos que no puedas resolver.
* Utiliza el poder de la mirada: mira seriamente a los
chicos cuando tengan alguna conducta inadecuada. Simplemente míralos con fijeza.
Te sorprenderás de los resultados.
* Evita siempre cualquier actitud de coleguismo con el
alumnado, lo cual no significa que no puedas ser cercano con ellos, pero
siempre desde tu rol de profesor. Si jugamos a ser sus amigos, les creamos
falsas expectativas, y nos exponemos a situaciones incomodas.
* No toleres nunca faltas públicas de respeto entre los
alumnos, y hacia ti como docente. Paremos la clase, y corrijamos decididamente
la conducta inadecuada.
* No hagamos siempre lo mismo, variemos la dinámica de la
clase, los recursos, la metodología. Utiliza refuerzos positivos de todo tipo,
a veces basta con un pequeño elogio dicho en el momento oportuno.
* Si mandamos alguna tarea, dediquemos un tiempo a corregir
lo que han hecho, y dejemos constancia del trabajo de los alumnos en nuestro
cuadernillo de control.
* Al concluir la clase caminemos entre las mesas y pongamos
un “bien” en la libreta de aquellos que han seguido con atención la clase. He
descubierto que este simple gesto tiene un efecto motivador.
* Evitemos a toda costa expresiones negativas del tipo: “son
el peor curso del instituto”, “nunca hacen nada”, etc. He descubierto que no
funcionan, y además les refuerza en su convencimiento de que son un curso difícil.
Es preferible decir lo mismo en clave positiva: “Necesitamos avanzar en,…” “Hemos
logrado esto hoy, mañana nos proponemos alcanzar aquello y lo de más allá,..”
Es cuestión de lenguaje, pero el resultado es diferente.
* Si el curso se ha comportado en forma adecuada, dejemos
constancia en el libro del aula para que lo vean el resto de los profesores, el
tutor, y, especialmente, los mismos alumnos.
* Si ponemos un parte de disciplina, es más efectivo leerlo
con el alumno e intentar llegar a algún acuerdo. Si lo entregamos al tutor
directamente, la mayoría de las veces la incidencia no quedará totalmente
resuelta.
* Una solución de emergencia: si en un determinado momento
no paran de hablar, ¡Haz un dictado! Sí, ya sé que no es lo más recomendado por
los métodos pedagógicos de hoy día, pero lograrás que hagan silencio y que se
concentren.
Bueno, esto son apenas algunos de los trucos que conozco. En
realidad hay muchos más, ya saben aquello que dicen de que cada maestrillo
tiene su librillo,…por hoy lo dejo hasta aquí, porque, además, el tema es
infinito.
Si algún compañero o compañera quiere aportar más ideas que
ayuden a la buena gestión de la clase en la ESO, ¡bienvenidas sean!,…
Marcelo