domingo, 15 de julio de 2012

¿La Virgen del Carmen está pasada de moda? 5 frutos de esta devoción mariana



El próximo 16 julio celebraremos la festividad de la Virgen del Carmen, advocación mariana muy extendida en todo el orbe hispano, patrona de los carmelitas, una orden religiosa del siglo XII originaria del Monte Carmelo, en Palestina, que bajo la doble inspiración de María y del profeta Elías, está llamada a vivir el carisma de la oración, y de la espiritualidad, en su servicio al pueblo de Dios.

Desde niño he estado cerca de la Virgen del Carmen,… su imagen en casa, mi  parroquia, mis primeros catequistas, el bonito escapulario de la orden tercera de mi abuela,…

Sin embargo, hubo un tiempo en que todo lo relacionado con este nombre de la Virgen María me sonaba a antiguo, un remanente de cierta espiritualidad desfasada, propia de gente mayor. Me daba cuenta que la devoción a la Virgen del Carmen, con las promesas del santo escapulario y su insistencia en el asunto del purgatorio, forma parte de nuestro catolicismo popular, y, sinceramente, carecía de atractivo para un joven como yo,…

Pero en eso llegó la renovación en el Espíritu Santo ¡Las cosas de Dios!

Cuando entré al grupo de oración, con 16 años, comencé de nuevo a ir a misa a mi parroquia de los Carmelitas, y un día del Carmen me impusieron el escapulario de la Virgen. Aunque de niño bien se preocupó mi abuela de que llevara la librea mariana, hasta ese momento no le había dado mucha importancia a este signo externo del amor de María.

Llevar el escapulario fue para mí, y es hoy, una gracia.

Poco a poco fui descubriendo la gran riqueza del carisma mariano del Carmelo, el verdadero significado de la devoción a la Virgen del Carmen.

El escapulario no es un objeto mágico, ni una “contra” para evitar la mala suerte, ¡por favor!, ¡qué me da un infarto!,…El escapulario es un sacramental, es decir un signo sensible de la gracia de Dios en la vida de quien lo lleva, el cual debe corresponder disponiendo su corazón, y, sobre todo, viviendo los valores que representa el habito de María, la Madre de Dios.

La clave está, como en tantas cosas, en volver a las fuentes de la experiencia mariana del Carmelo, en diálogo con el lenguaje y la cultura de hoy.

Después de todos estos años de camino con María, y a pesar de mis propias incoherencias, de mis noches y mis días, me gustaría dar testimonio de los frutos de la devoción a la Virgen del Carmen:

1. La Virgen del Carmen y la oración:

La Virgen María nos hace partícipes del carisma oracional que caracteriza a la orden del Carmen, sembrando en nosotros el atractivo por la oración, y la búsqueda de la unión con Dios por la experiencia de la contemplación, nuestra vocación humana más alta. María nos guía por los caminos de la plegaria, y nos ayuda a perseverar en ella aún en los momentos de oscuridad y de prueba.

2. La Virgen del Carmen y la lectio divina:

La Virgen María, que guardaba y conservaba en su corazón la Palabra del Señor, nos enseña a estar atentos y a escuchar la Palabra de Dios, a rumiarla dentro de nosotros mismos, a comprenderla y meditarla en el propio corazón, a orarla y contemplarla, a vivirla en el compromiso cristiano de cada día.

3. La Virgen del Carmen, signo de fraternidad:

El título de Hermanos de la Bienaventurada Virgen María del Monte Carmelo nos lleva a experimentar la cercanía de María en medio de la comunidad cristiana. Como en el cenáculo de Pentecostés, ella se une a los hermanos y hermanas que perseveran en el servicio y en la oración, enseñándonos a vivir los valores grandes del Evangelio: el mandamiento nuevo del amor, la comunión de bienes, el perdón, la solidaridad con los más pobres.

4. La Virgen del Carmen, signo de consagración:

En el bautismo nos hemos consagrado a Dios, nuestras vidas le pertenecen, somos sus hijos e hijas muy queridos, rescatados y resucitados por las aguas del sacramento, comprometidos a vivir según el Evangelio. Vivir bajo el patrocinio de María, consagrarse a la Madre de Dios, no tiene otro objeto que vivir a fondo lo que hemos prometido el día del bautismo. Y María nos auxilia con su oración, nos enseña a vivir en obsequio de Jesucristo, obedientes a la Palabra, nos protege y guarda en el peligro, nos ayuda a levantarnos si caemos, y atrae sobre nosotros la gracia inefable del Espíritu Santo, la gran promesa de Jesús.

5. La Virgen del Carmen, esperanza aquí y en la otra vida:

He aprendido con los años a refugiarme en María en los momentos de dificultad, y por qué no decirlo, de sufrimiento, ella infunde en el corazón consuelo y  esperanza, y nos empuja a buscar a Jesús, el dador de toda bendición. El escapulario del Carmen nos recuerda que esta experiencia de amor de María nos acompañará siempre, hasta el final del camino. Ella estará con nosotros en la hora de la muerte, esa ha sido siempre su promesa para los que lleven este signo de su amor maternal.

Ella nos ayudará en nuestro encuentro definitivo con el Señor. Esa es nuestra esperanza y el sentido de las promesas del escapulario.

¡Qué la Madre de Dios, Nuestra Señora del Monte Carmelo, nos ayude a vivir con fidelidad y alegría nuestro seguimiento a Jesucristo, el Señor! Amén.

¿Qué otros frutos añadirías tú de la devoción a la Virgen del Carmen?

Para los que quieran seguir profundizando en el carisma mariano del Carmelo, y en la devoción a la Virgen del Carmen, aquí les presento un archivo con tres documentos sobre el tema:

VIRGEN DEL CARMEN : DESCARGAR

2 comentarios:

  1. QUE VIVA LA VIRGEN DEL CARMEN!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

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    1. Gracias, Beatriz, la Virgen del Carmen nos obtenga del Señor grandes bendiciones,...un saludo

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