jueves, 9 de enero de 2014

Dostoyevski en la Clase de Religión de bachillerato


Hoy he hablado en clase de bachillerato de "Los hermanos Karamazov", la conocida novela de Fiodor Dostoyevski, uno de los grandes de las letras rusas de todos los tiempos.

La buena literatura es siempre, a mi entender, exploración de los entresijos del alma humana. 

Dostoyevski, cuando escribe, penetra en la conciencia de sus personajes, descorre el velo de los problemas más radicales y las preguntas más incisivas, los dilemas existenciales y éticos,... el desamparo, la soledad,..Dios o el destino, la libertad,...el bien y el mal. 


Es decir, las cuestiones que más importan, las fundamentales.

Siempre he sabido reconocer el fondo cristiano, evangélico, del novelista ruso. Es un cristianismo, eso sí, angustiado, urgido, desgarrado por las ideas que se debaten en su tiempo histórico. 

Sus obras testifican la crisis de la metafísica, y sus consecuencias tremendas para la ética. Si la existencia real de los seres se relativiza, ¿tiene sentido hablar del bien y del mal? ¿Bastará la sola razón, la razón kantiana, la razón autónoma, para que florezca el bien en nuestro mundo?

La irracionalidad de lo que hemos vivido en el siglo XX, y en lo que va del XXI, parecen desmontar este mito moderno de la razón absoluta y el superhombre nietzscheano. 

Anticipándose al psicoanálisis, los personajes de Dostoyevski denuncian las fuerzas irracionales que subyacen en la conducta humana y que terminan traicionando nuestras mejores intenciones. Es el viejo drama de san Pablo en la carta a los Romanos: no hacemos el bien que queremos, sino el mal que no queremos, nuestra mente se complace en la ley de Dios, en el bien, pero descubrimos en nosotros otra ley, la del pecado, que nos inclina al mal. 

El escritor ruso ve todo esto, no lo disimula, llega hasta el subsuelo del corazón de sus personajes,... una gentecilla nerviosa, nocturna, ansiosa, que busca salir del laberinto,...

En medio de la angustia, Dostoyevski intuye que la salida está en el auténtico cristianismo, en la sencillez luminosa del Evangelio, encarnado siempre en algún personaje, pienso por ejemplo en Aliosha Karamazov, que abre en la trama de sus novelas un rayo de esperanza, bondad, belleza y humanidad. 

Ojalá que sepamos enamorar a las nuevas generaciones de las buenas lecturas que aprovisionan el corazón para la vida, y que, por lo menos desde la asignatura de Religión, abramos espacios de diálogo y reflexión sobre los problemas fundamentales de la condición humana.

@MarceloMartín

2 comentarios:

  1. Saludos Marcelo, que alegría saber que hablaste en la escuela de este autor, uno de los pensadores más profundos y recomendables para conocer quién es el hombre y superar toda idea nihilista y reduccionista de la actualidad. Quizá escogiste la obra más densa y filosófica pero mejor apuntar alto que bajo.

    Un saludo amigo.

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    1. Gracias, Joan, te cuento que el tema ha salido espontáneamente, hablando de la presencia/ausencia de Dios en la cultura contemporánea. Soy un convencido de la necesidad de poner al alcance de los jóvenes buenas lecturas, las que abordan los temas fundamentales, y nos conectan con los valores universales, con toda una tradición humanística que nos enriquece y nos ayuda a vivir. Mi sorpresa ha sido que cuando les compartes tu testimonio como lector, siempre hay un segmento del alumnado que se muestra inquieto y quiere buscar la fuente. De hecho, al terminar esta clase un par de chicos de 17-18 años me preguntaron sobre el autor, y me comentaron su intención de leer el libro. Cuando recojo esta siembra de la curiosidad en los ojos juveniles me doy por recompensado. Un abrazo desde el Atlántico

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