jueves, 17 de julio de 2014

La Virgen del Carmen, la Virgen de la contemplación



Continuamos con nuestra reflexión sobre la Virgen del Carmen

Si en el pasado la promesa de librarse del purgatorio, o de acortar nuestra estancia en él, pudo ser la motivación principal para llevar el Santo Escapulario, los tiempos han cambiado, hoy día se enfatiza más la experiencia de llevar la librea mariana como un signo de consagración a María, y de participación espiritual en el rico carisma del Carmelo. 

Siguiendo la tradición carmelitana, la Virgen del Carmen es, sobre todo, la Virgen de la contemplación, aquella que ha vivido totalmente unida al Verbo Encarnado, y que nos introduce en la interior bodega de la amistad con el esposo Jesucristo.

De la mano de María, bajo su fraternal patrocinio, vamos avanzando en los diversos grados de oración; con ella atravesamos las noches oscuras que nos van disponiendo a la unión de amor con el Esposo. 

Pues para este alto fin de amor fuimos creados tú y yo: la unión con Dios.

Sí, hay que creerlo, estamos llamados a la oración contemplativa, a la intimidad del amor con el Señor, al matrimonio espiritual. El Carmelo lo ha vivido intensamente y se ha inspirado en el profeta Elías y, sobre todo, fija sus ojos en María, la mujer que fue cubierta bajo la sombra del Espíritu Santo, la que, sin romper los sellos de su virginidad, dio a luz al Mesías, el Hijo de Dios bendito.

Virgen Singular, Virgen-Madre, Virgen fecunda

La devoción a la Virgen del Carmen, un guiño del Espíritu Santo para que se nos abra el apetito de las cosas del cielo, donde está Cristo, sentado a la derecha del Padre. 

Qué sintamos, aún en medio de la ciudad y la prisa, hambre de silencio, hambre de soledad, hambre de Dios. 

Ayúdanos tú María, Blanca Flor del Carmelo. Amén.


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