martes, 30 de septiembre de 2014

Zapatos


Soy yo mismo, 
en ellos y por ellos,
transitando los caminos 
que van del monte a la ciudad,
a las playas añil de mi Atlántico canario,
o al relente de mi verdeante Caribe.
Todos conocen la piedra que me sirvió de acicate,
ese caer, tropezar, levantarme,
 que se hicieron en mi costumbre.
La maña de mi andar, 
la necedad de mi estilo

al caminar.

(Los salones por donde anduve,
las puertas que traspasé,
los caminos que deshice)

El polvo que me traje 
pegado a la suela.

¿A dónde irán ellos a parar?
¿Qué dirán de mi?
¿Darán cuenta de mis intentos, fallidos tantas veces, 
por atravesar el ponto vinoso de la vida, 
y escapar de la ninfa Calipso, 
y alcanzar Itaca en la luz de tu rostro?

¿Les veré de nuevo, 
uno a uno, 
en fila, 
por colores, 
al tiempo de la muerte?

¡Dios!, ¿Qué senderos tomé en ellos?
¿He llevado agua fresca al hermano?
¿He visitado las chozas marchitas de mi tierra?

Hasta ahora he ido y venido en ellos, 
pero llega la hora, 
(como un ladrón en la noche),
de mi última marcha,

y me iré, por fin, 
hermanos,
 con mis cuatro verdades 
pegadas en el cogote,
desnudo, pobre y 

descalzo,

al destino final de todos 
los destinos:
la Casa del Padre.

@elblogdemarcelo



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