sábado, 11 de octubre de 2014

Vocación canaria



De estas piedras
yo soy el guijarro,
el violín de la arboleda nerviosa,
el color              de la flor y la cantera,
            llorado
el creyón de la lluvia azul impresionista,
la zampoña de castañas ventisqueras,
la marcha vertical de esos montes ariscos,
el batir de las plataneras y los puros aromáticos,
la papa mielosa de irrefrenable gula,
el ulular de loros inalcanzables,
los navajazos del silencio de mis noches de arrullo y marejadilla,
o el ballet de blancos de cielos como sudarios,  
que me esculpen roca de mar,
                                    aguasalina.

El barco de vela de mi padre,
épica del Atlántico telúrico,
promesa de trigos y naranjas,
pentagrama de tropicales tempestades,
las esperas en el tajamar del exilio,
prosapia guanche de gofio, rancho, silbido,
beso doloroso,
hambriento,
de costas rotas,
exceso de luz,
una ceguera de yodo,
que me sueñan pájaro cantor, 
                                    picapedrero.

Un hombre solitario,
           ¡ todos los hombres!,
el anuncio desvelado,
                      férvido,
de un destino,
la sangre de una aurora detenida,
de un pueblo de rapsodas,
y de sus playas sangrantes como venas homéricas,
batalla de genes en
la babel de una sufrida historia,
que me lloran canario
                         o flor nocturna entre los espejos
                                                    de un diamante.                         


@elblogdemarcelo

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