viernes, 26 de junio de 2015

DESTINO


Llegarán días en que
por los jardines mutantes de tu ciudad,
buscarás escapar,                                                    de la caracola urdida del apologeta.
                             en un jet de propulsión a chorro,

Los últimos dioses - ¡los más peligrosos! - 
te gritarán su silencio de muerto
                               desde la pantalla de un iPhone Plus.

Emigrarás              de sus panteones,
               sin bozal    
ahíto de la cítara de la hetaira.

Tu vida light será,
vadear ríos y cañadas,
escalar montañas,
trasponer mesetas y barrancos,
en  mañanas que avanzaran lentas, mudas, inasibles.

Te escucharé entonces al filo rugiente de una mochila verde,
con tus negros cabellos lacios,
y tú aspirado acento caribe.
En la chabola te darán a beber de la cafetera despintada que hierve en el fogón,
aprenderás con lágrimas el arte de las lavadoras que no destiñen,
la compasión mimética de los avisos que buscan donantes de sangre.

Luego correrás con chándal sobre la arena de un delta terroso,
entre sus meandros,
                                 mitad mujer, mitad semáforo, mitad oficina de correos,
te haré sentir la urgencia de los graderíos desbocados,
el vértigo de las formas que deja un bofetón,
o el ritmo de asesinos azules de una patera virtual.

Tras un sudado valle hallarás la soledad de los próceres en el mármol,
soplará la calima y volverás pronto a ser polvo en el ojo de tus hermanos.
Cuando suene el despertador te revelaré los enigmas de Sankt Gallen,
la espiral de la biblioteca monástica,
ya en el Scriptorium la tradición de la lectio será tu ejercicio,
el libar de la abeja en la flor de la página.

En aquella glorieta de Santa Cruz, 
aparecerán en tu rostro los personajes de Scotland Yard o de Macondo;
hastiado, el mechero angélico de mis ojos invocarás,
al ardor de un tajo de luz sobre un atado de estrellas.
Volveré a escucharte, hijo mío,
sí, no lo dudes, te escucharé,
desplumarás conmigo alas vegetales en conflicto,
y practicarás con humildad el oficio de trenzar cestos,
te animará la fuente,
- aunque es de noche -
Yo te cantaré el hechizo de unos gritos.

Al atardecer serás un anciano mandarín en la taquilla de los pensionistas,
para entonces sabrás conjurar los dragones alados
de un bosque de cotilleos y marujas.
Tu jubilación - basada en los arcanos de una omnímoda presencia -
te transformará en pupila asiática,
                              oreja felina,
                              nariz de alano,
                              piel de tortuga.

Llegará así la plenitud de los siete tiempos,
previstos en el libro de los oráculos,
en una liturgia de mártires,
y en el rojo Grial de atardecidos incendios,
el testimonio de mi amor te desbordará,
cuando la hora - tu hora - llegue
y la unción final recibas.

@elblogdemarcelo


2 comentarios:

  1. uuuffff que bella poesía !!! profunda y llena de frescura !!! un abrazo desde mi brillo del mar

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  2. Muy hermoso, abrazos.

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