martes, 7 de julio de 2015

1º Día novena a la Virgen del Carmen: "Polorum Regina",... María, virgen y madre



Como ya les he comentado otras veces, me siento particularmente ligado a la Virgen del Carmen; ver, por ejemplo: ¿La Virgen del Carmen está pasada del moda? 5 frutos de esta devoción marianaasí que he decidido prepararme para su fiesta el próximo 16 de julio y ofrecerles una sencilla novena desde el Blog.

Este primer día lo voy a dedicar al tema de la Virginidad/Maternidad de María. Desde antiguo los carmelitas han celebrado este singular prodigio: Dios ha concedido a María la alegría inefable de la maternidad y ha conservado en ella el honor de la virginidad, o como dice una bella antífona del Breviario: Ella dio a luz al Mesías "sin romper los sellos de su virginidad".

Confesar la concepción virginal de María por obra del Espíritu Santo y la perpetua virginidad de Nuestra Señora, forma parte del deposito de la fe: aquello que los cristianos hemos creído, vivido, celebrado, orado, testimoniado, incluso con nuestra sangre, durante más de dos mil años. 

Vivimos tiempos tan hiper-mega sexualizados que hay gente que cree, por ejemplo, que Jesús resucitó de entre los muertos, o que está vivo y presente en el pan de la Eucaristía, pero tiene dificultades para aceptar que el Hijo de Dios ha nacido de una madre virgen. Amigo, si crees en el Espíritu Santo, cree también en sus obras, el mismo que bajó en Pentecostés como llamaradas de fuego, cubrió con su sombra a aquella que no conocía varón.

Muchos nacimientos milagrosos conocemos por las Escrituras: Isaac, el hijo de la promesa, ha nacido cuando a la madre se le habían pasado sus reglas, manifestando así que para Dios nada hay imposible. Gracias a su oración con lágrimas, Ana logró concebir un hijo, el profeta Samuel, la estéril dio saltos de júbilo y alabó a Dios con un canto. Lo mismo sabemos de los padres de Juan El Bautista, el Señor los visitó en su ancianidad y los exaltó en su humillación.

Pero sólo de Jesús se nos dice que ha sido concebido de una madre virgen. Ni antes ni después ha habido una maravilla tal. Es que este nuestro Jesús no es un profeta más, él es el Verbo de Dios, la Palabra, que existía desde siempre y vive para siempre, en la cual, para la cual y por la cual se hizo todo cuanto existe. Jesús, resplandor de la Gloria del Padre e impronta de su sustancia, el más hermoso entre los hijos de los hombres, en cuyos labios la gracia se derrama, pues por él hemos recibido gracia tras gracia.

Como ven comenzamos reflexionando sobre la virginidad de María, y terminamos hablando de Jesús. Así es, todo en ella está referido a Jesús. A la luz del Hijo de Dios bendito se ilumina y comprende el misterio de la madre.

Para la espiritualidad carmelitana, la virginidad de María es como la nubecilla blanca que divisó Elías en el Carmelo, una nube que anuncia la lluvia fecunda del cielo. Nuestro corazón se hace virgen delante de Dios cuando dejamos de dar culto a los falsos dioses de los pueblos cananeos, y nos entregamos al Dios vivo y verdadero, el que se manifestó al profeta como una suave brisa a la entrada de la cueva.

Liberarnos de la servidumbre de la idolatría, ofrecernos totalmente a Dios con María, la humilde esclava del Señor, eso es lo que significa ser virgen. Ser esa humanidad complementaria, como decía la beata Isabel de la Trinidad, para que en nosotros se prolongue la encarnación del Verbo.

El fruto de la virginidad vivida como entrega total a Dios es siempre el fuego de la caridad. Virginidad que es donación de uno mismo, alegre disponibilidad para el servicio, especialmente a los más pobres.

Una virginidad conquistada cada día y testimoniada en el amor a los hermanos y hermanas. Nosotros con María también vivimos la alegría de ser propiedad personal del Señor, el pueblo que él se ha escogido como heredad. 

Todos estamos llamados a vivir espiritualmente esta virginidad fecunda de María, algunos incluso radicalmente: permanecer vírgenes por el Reino de los Cielos. De estos dice el Apocalipsis que tendrán un premio especial: seguirán al Cordero adonde quiera que vaya.

La pieza musical que acompaña este 1º día de la novena es la antífona Polorum Regina, tomada del Libro Vermell, una obra de finales de la edad media perteneciente al Monasterio benedictino de Montserrat en Cataluña.

ORACIÓN

Señor Jesucristo que por un singular prodigio de tu misericordia has concedido a tu Santísima madre el gozo inefable de la maternidad sin menoscabo alguno de su perpetua virginidad, haz que cuantos nos preparamos para celebrar la fiesta de Nuestra Señora del Carmen crezcamos en nuestra consagración total a ti, por la constante oración y el servicio a los hermanos, especialmente a los más pobres. A ti que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.

@elblogdemarcelo

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