miércoles, 8 de julio de 2015

2º Día novena a la Virgen del Carmen: Contemplar la Palabra en la escuela de María



En el 2º Día de la novena a la Virgen del Carmen vamos a reflexionar sobre el tema de María y la Palabra de Dios.

El evangelio de Lucas dice de Nuestra Señora que guardaba en su corazón cuidadosamente todos los acontecimientos y los conservaba meditándolos dentro de si. Esta actitud de la Virgen María nos desvela el secreto de su alma profética y contemplativa.

Ella vive en la escucha atenta, abierta a la voz de Dios que le habla en los sucesos de cada día y que sale a su encuentro, especialmente, en las Sagradas Escrituras. Su ser de mujer se siente irresistiblemente atraído por la Palabra. Entre María y la Palabra hay una verdadera unión esponsal.

La semilla ha caído en María en tierra buena. La justicia y la paz se besan, la misericordia y la fidelidad se encuentran. Como para el profeta Jeremías, las palabras del Señor eran para ella el gozo y la alegría de su corazón.

En ella la Palabra se ha encarnado y ha acampado entre nosotros. Si el árbol se juzga por sus frutos, ella nos ha dado el fruto más hermoso, el fruto bendito de su vientre, Jesucristo, Señor Nuestro.

En la regla de los primeros carmelitas se le da a los hermanos el precepto de meditar día y noche en la Ley del Señor. Resuena aquí el eco de la gran tradición de la Lectio Divina, una práctica espiritual que recorre los primeros siglos de la Iglesia hasta bien entrada la edad media.

La Virgen del Carmen, la Virgen de la Contemplación, es maestra en el arte de la Lectio Divina. El Carmelo es esa escuela donde aprendemos sobre todo a escuchar al Señor y a guardar en el corazón, como María, sus palabras, para que den frutos abundantes en el jardín de la Iglesia.

María nos atrae a la Palabra, para que recorriendo las Escrituras nos encontremos en sus páginas con Cristo Jesús, su divino Hijo, porque toda la Biblia, desde el Génesis hasta el Apocalipsis, anuncia a Cristo y habla de Cristo. 

Jesucristo es la llave que abre los tesoros de las Sagradas Escrituras. En Cristo se descorre el velo.

Leemos la Palabra, la escuchamos atentos en la liturgia, la contemplamos en el corazón, le pedimos luz al Espíritu Santo para que nos ayude a penetrar en sus diversos sentidos, el literal, ante todo, pero también el espiritual, el eclesial, el moral,... 

María nos enseña entonces a rumiar dentro de nosotros mismos esa Palabra del Señor que nos ha herido por dentro. Nos muestra como conservarla repitiéndola suavemente, a veces un versículo o un simple vocablo, para que siga su gloriosa carrera, para que no la devoren los pájaros del camino, ni se agoste por estar sembrada en terreno pedregoso, ni se ahogue entre los espinos de las preocupaciones de la vida. 

Rumiamos la Palabra, nos desposamos como María en el silencio con ella, y ella fructifica en nuestros labios convertida en oración. Oramos a Dios con las palabras de Dios. Así es como ora María en el Magnificat, entretejiendo reminiscencias bíblicas nacidas de su corazón habitado por la Palabra.

Esa Palabra, meditada, orada, contemplada, nos va engendrando a la vida nueva, nos consuela en el camino, se convierte en luz que disipa nuestras tinieblas, cura nuestras heridas y restaura la imagen de Dios en nosotros.

Que en la escuela de María, la Virgen del Carmelo, aprendamos a escuchar la voz del Señor y a guardar en el secreto del corazón su Palabra.

ORACIÓN

Padre de misericordia al contemplar como la Virgen María, la madre de tu Hijo, guardaba en su corazón, con fe viva y verdadero amor, el misterio de la Palabra, te pedimos que cuantos nos preparamos para celebrar la fiesta de la Virgen del Carmen sigamos su ejemplo  y escuchemos atentos tu Palabra, la meditemos fielmente en nuestro corazón y nos dejemos transformar por ella. Por Jesucristo, Nuestro Señor. Amén

@elblogdemarcelo


1 comentario:

  1. Gracias por compartir tan bella reflexión que nos invita a un acercamiento a María , un abrazo

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