viernes, 10 de julio de 2015

4º Día novena de la Virgen del Carmen: Hermanos y hermanas de María





"Todos ellos perseveraban en la oración, con un mismo espíritu en compañía de algunas mujeres, de María, la madre de Jesús, y de sus hermanos"  (Hch. 2, 3)


En el 4º Día de la novena a la Virgen del Carmen reflexionaremos sobre el título de la orden del Carmen: Hermanos y hermanas de la bienaventurada Virgen María.

Desde sus orígenes en Palestina, y a lo largo de los avatares de su historia, los carmelitas han conservado siempre este hermoso nombre de hermanos y hermanas de María, un distintivo que habla de la cercanía y familiaridad de los hijos del Carmelo con Nuestra Señora 

A veces ponemos tanto énfasis en las prerrogativas y en la excelsa santidad de María, que corremos el riesgo de olvidar que ella comparte con nosotros la experiencia de la salvación por la fe en Jesucristo; que además de madre, es también hermana. Ella nos acompaña en la aventura del seguimiento al Maestro porque ella misma ha vivido su vida terrena en clave de discipulado, en comunión fraterna con los seguidores de su Hijo.

Leyendo la Palabra nos damos cuenta que el estilo de María de caminar en el Señor es comunitario.

Muchos creyentes viven su fe con sinceridad, leen la Palabra, oran, asisten a la Eucaristía, pero no se sienten convocados por una comunidad concreta que les acompañe en su discipulado. Están solos, inmersos en una masa cada vez más secularizada.

Solos con sus problemas familiares, solos ante los desafíos de la vida: el desempleo, la enfermedad,....

Solos.
  
Nuestras macro-parroquias, y a veces el estilo pastoral de algunos sacerdotes, no favorecen la experiencia de comunión más allá del ámbito sacramental. Vemos personas que entran y salen del templo sin conocerse, que rezan juntas en la Eucaristía pero que carecen de vínculos en la vida real y cotidiana. 

En la mayoría de los casos el contacto humano se reduce al signo litúrgico de la paz. 

El testimonio que encontramos en los Hechos de Los Apóstoles sobre la primera comunidad es de las páginas más bellas del Nuevo Testamento: los hermanos acuden asiduamente a la enseñanza de los apóstoles, a la fracción del pan -nuestra actual Eucaristía-, a las oraciones y a la comunión de vida.

Siempre me ha llamado la atención esto último: la "comunión de vida". ¿Sería una especie de ágape comunitario?, ¿reuniones de los hermanos para resolver asuntos de la comunidad o del apostolado?, ¿celebrarían los cumpleaños?, ¿hablarían de sus problemas económicos?... es que la expresión "comunión de vida" da para mucho.

Era tal la unidad de estos cristianos que tenían "un sólo corazón y una sola alma", y, además ninguno  padecía necesidad pues todos los bienes se ponían en común, y se repartían según las necesidades de los hermanos.

Tremendo. Un desafío para nosotros que vivimos en medio de una sociedad que ha convertido "lo mío" y "lo tuyo" en una barrera infranqueable.

"¡Mira como se aman!", decían los de afuera. 

Esta era la comunidad de María, hoy diríamos su "grupo de oración". En este espejo debemos mirarnos.

Ella está presente en la vida comunitaria, forma parte de los que perseveran en la oración en comunión con los apóstoles. Una hermana entre los discípulos que siguen el Camino. Me la imagino ofreciendo pequeños servicios comunitarios, colaborando amablemente, compartiendo sus recuerdos del Maestro, participando en la oración por todos.

Como en Caná, dándose cuenta de las necesidades y los problemas de los hermanos, ella, la humilde servidora del Señor, siempre disponible para amar

Esta querida hermana de la comunidad, María, es también la Madre del Señor, ¡con cuánta veneración los primeros cristianos la escucharían!, ¡con cuánta alegría unirían sus oraciones a las de la Virgen! ¡Qué maravilla tenerla tan cerca!

Hermano, hermana, perseveremos también nosotros en la oración, y el servicio, con María hermana y con los apóstoles, participemos activamente en nuestras comunidades. 

Sigamos la escuela de la Virgen del Carmen, seamos personas-puente y personas-medicina en medio de las comunidades en las que el Señor nos ha sembrado.

Qué ella, la Madre del Carmelo, nos enseñe a caminar tomados de la mano, perdonando, aceptando al hermano o hermana que el Señor pone a nuestro lado, practicando el mandamiento nuevo del amor: "Ámense unos a otros como yo les he amado", el distintivo por el cual los cristianos seremos reconocidosAmén.

ORACIÓN

Oh Dios que has honrado a la familia del Carmelo con el título de hermanos y hermanas de la bienaventurada Virgen María, haz que cuantos nos preparamos para celebrar la fiesta de la Virgen del Carmen vivamos unidos en la experiencia del amor fraterno y experimentemos siempre la cercanía y la ayuda de Nuestra Señora. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.

@elblogdemarcelo




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