domingo, 12 de julio de 2015

6º Día novena de la Virgen del Carmen: El escapulario del Carmen



La advocación del Carmelo está indisolublemente unida al escapulario del Carmen, un sacramental que recuerda el hábito de los carmelitas, este será el tema del 6º día de nuestra novena.

Dice la tradición, cuyos orígenes se remontan al medioevo, que san Simón Stock, general de los carmelitas, suplicaba a nuestra Señora  por el destino de la orden, que atravesaba serias dificultades, rezando la conocida oración:

 “Flor del Carmelo,
viña florida,
esplendor del cielo,
Virgen sin mancilla,
singular,
madre cariñosa,
intacta de hombres,
a los carmelitas proteja tu nombre,
estrella del mar”.

En respuesta a su plegaria, la Madre de Dios se le aparece y le dice: "Toma, hijo querido, este escapulario; será como la divisa de mi confraternidad, y para ti y todos los carmelitas, un signo especial de gracia; quienquiera que muera portándolo, no sufrirá el fuego eterno. Es la muestra de la salvación, una salvaguardia en peligros, un compromiso de paz y de concordia".

Esto sucedió el 16 de julio de 1251.

¿Qué es el escapulario?: es un signo externo de consagración a María Santísima que nos hermana con ella y con toda la familia del Carmelo. No es un objeto mágico, ni una “contra” para evitar la mala suerte. Se trata de un sacramental de la Iglesia, es decir un signo sensible de la gracia de Dios en la vida de quien lo lleva, el cual debe corresponder a este regalo viviendo los valores que representa el hábito de María, la Madre de Dios: la humildad, la entrega de sí mismo a Jesús por María y como María, el amor fraterno, la oración, el servicio a los más pobres, la obediencia a la Palabra, etc.

De nada serviría llevar el santo escapulario del Carmen si no hemos aceptado en nuestra vida la buena noticia de Jesucristo, si no caminamos en una verdadera conversión al evangelio, si no hemos hecho un propósito de vivir seriamente nuestro bautismo.

El camino no es fácil. Pero la Virgen María es tan buena que viene siempre en socorro de sus consagrados, de aquellos que visten su escapulario con verdadero deseo de agradarla, de aquellos que se abandonan filialmente en sus manos maternales.

Si caemos en el pecado, allí está ella cerca para levantarnos y llevarnos a Jesús. María intercede por nosotros para que recibamos en abundancia las gracias de arrepentimiento y de contrición que necesitamos. Ella es siempre  "refugio de los pecadores" y "madre de misericordia".

Si atravesamos problemas de salud, si no hemos quedado sin trabajo, si la tribulación nos visita, que mejor abogada que María, ella le presenta a Jesús nuestras necesidades, e igual que hizo en las bodas de Caná, adelanta para nosotros la hora del Señor.

Si somos tentados, si arrecia el combate espiritual, acudamos a María nuestra capitana, ella está llamada a aplastar con su pie inmaculado la cabeza de la serpiente. Pidámosle que nos defienda con su escudo maternal, que nos envuelva bajo su manto de triunfo.

Si estamos tristes, si nos sentimos solos, si estamos angustiados,… ¡qué mejor madre que María para consolarnos y animar nuestra esperanza! Ella nos acompaña en la noche de la fe, así como estuvo con Jesús a los pies de la cruz en el Calvario.

¡Amigos, cuántos tesoros de bondad, dulzura y misericordia guarda María para nosotros sus queridos hijos e hijas!

Correspondamos a su materno amor, vistiendo con alegría el escapulario del Carmen, uniéndonos a María en la entrega que ella hizo de sí misma al Señor como su humilde esclava, ofreciendo todo a Jesús por medio de ella, confiándole nuestras necesidades para que ella como buena madre se las presente a Jesús, tomándola como modelo en el camino de la fe y en la práctica de las virtudes.

Viviendo así, estrechamente unidos a Jesús por María, que dicha tan grande, hermanos míos, que nos sorprenda la hora de la muerte vistiendo el escapulario de nuestra Señora. Entonces veremos si se hace realidad aquella promesa de que seremos librados del purgatorio, aunque se trata de una revelación privada y no estamos obligados a creerla, yo no tengo duda ¡la madre de nuestro Señor es tan buena!, vendrá, seguro, ella misma nos acompañará y asistirá en el combate final, y nos presentará a Jesús, nuestro buen amigo y Redentor, para que seamos recibidos en las moradas celestiales.

Vivamos de tal manera que podamos gozar algún día de la alegría inmensa del cielo. Lo confiamos a la gran misericordia de Dios, porque para nosotros, ya lo dijo el Señor, es imposible.

ORACIÓN

Señor Jesucristo al prepararnos para la celebración de la fiesta de nuestra Señora del Monte Carmelo te pedimos que cuántos vestimos su escapulario  vivamos dignamente lo que significa y experimentemos siempre el amor y la protección de tu Santísima Madre. A ti que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.

@elblogdemarcelo

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