lunes, 13 de julio de 2015

7º Día novena de la Virgen del Carmen: El camino de la contemplación




"Si alguno tiene sed, venga a mi, 
y beba el que crea en mí, como dice la Escritura: 
De su seno correrán ríos de agua viva"
( Jn. 7, 37-38)

El 7º Día de nuestra novena a la Virgen del Carmen lo dedicaremos a un tema que está en el corazón de la espiritualidad del Carmelo: El camino de la contemplación.

Nuestra Señora del Monte Carmelo, patrona de una orden religiosa dedicada de manera muy especial a la práctica de la oración y a la búsqueda de la experiencia contemplativa, es conocida también como la Virgen de la Contemplación.

De la mano de María, la que guardaba en el corazón la Palabra, nos introducimos por los caminos del espíritu. Ella nos conduce como madre y maestra para que tengamos un trato asiduo e intimo con el Señor, su Hijo amado, para que lleguemos a ser de verdad amigos fuertes de Dios.

María nos descubre los tesoros escondidos en el campo de nuestra propia alma. Sabemos por la fe que Dios habita dentro de nosotros por el Espíritu Santo que ha sido derramado en nuestros corazones. En nuestro castillo interior vive Dios mismo: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Es el dogma de la inhabitación de la Santísima Trinidad en el alma del justo.

María nos enseña que buscar a Dios es entrar dentro de nosotros mismos, recoger nuestros sentidos y contemplar a Cristo en los misterios de su santa humanidad: el niño de Belén, el maestro predicador de Galilea, el Cristo sufriente de la pasión y de la cruz, el Señor glorioso de la Pascua. 

Porque Cristo Jesús es la puerta segura que nos conduce a la contemplación.

Estarse con él, hablarle como a un amigo muy querido, como a un hermano, considerar qué le decimos, y cómo se lo decimos, y quiénes somos nosotros y quién es él. Esto es lo que Teresa de Jesús llama oración mental.

Avanzando en la oración de recogimiento interior, en soledad y en silencio, vamos descubriendo esa bendita fuente de agua viva que salta en lo profundo de nuestra alma. 

Gran tesoro es para nosotros esta amistad con el Señor. Si somos humildes, y su misericordia así lo determina, ¡es muy buen amigo Cristo!, él mismo nos dispone y nos va introduciendo a grados más elevados de oración: la oración de quietud, la oración de unión,...

En estos ratos de soledad con el Señor a veces nos invade un sentimiento muy grande de su presencia, o una paz indescriptible se adueña de nosotros, sentimos entonces el gozo de la unión, el abrazo del esposo Cristo. En esta oración reflorecen las virtudes, se enciende en nosotros un deseo renovado de servir a Dios, de llevar a las personas una chispita de este gran fuego de amor que arde y quema en nosotros.

A lo mejor el Señor nos libera al fin de un defecto o un vicio con el que hemos estado batallando durante años, y sentimos una libertad y un gozo inefables, y nos damos cuenta que sin su ayuda no podemos hacer nada.

Nada de esto merecemos, ni mucho menos, pero la bondad de Dios es tan grande, y tan grande su deseo de manifestarnos cuánto nos quiere, que sólo espera que nos determinemos de veras a servirle, que nos abandonemos y rindamos a su misericordia. 

Muchas veces ese paso a la contemplación va precedido de la experiencia de la noche de la fe. El alma siente que ya no puede componer discursos delante del Señor, se queda en silencio, a solas con él, en un vacío profundo de pobreza y fe, dejándose mirar por el Señor y mirándolo a él. En esa mirada mutua, Dios le va comunicando secretamente una noticia de amor que va purificando su corazón y lo va uniendo esponsalmente consigo.

En todo este camino interior, la cercanía maternal de María, su poderosa intercesión, nos acompaña y ayuda ¡Ella siempre nos lleva a Jesús! La Virgen, la humilde sierva del Señor, ha vivido en su existencia terrena una profunda relación de amistad y unión con el Señor. Ella es, por excelencia, la Virgen de la Contemplación, por el misterio santo de la Palabra que en ella se ha encarnado, madre y modelo de todos los llamados a saciar su sed en las aguas benditas del Señor.

ORACIÓN 

Señor Jesucristo que nos llamas a una estrecha relación de amistad contigo, 
renueva en nosotros el don de la oración y haz que cuantos nos preparamos para celebrar la fiesta de la Virgen del Carmen, lleguemos a ser como ella morada de Dios por el Espíritu y vivamos siempre bajo su maternal protección. Tú que vives y reinas. Amén.

@elblogdemarcelo








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