martes, 14 de julio de 2015

8º Día novena de la Virgen del Carmen: María, profecía y servicio





En el 8º Día de nuestra novena a la Virgen del Carmen vamos a contemplar el misterio de María, profecía y servicio

En la espiritualidad profética y mariana del Carmelo la experiencia de la oración en la soledad del monte se desborda en amor y en entrega a los demás, al servicio siempre de todos los hombres, especialmente de los más pobres, los preferidos del corazón de Dios.

La contemplación del misterio del Dios vivo nos convierte en testigos de la misericordia en medio del pueblo.

Esta es la escuela de María: mientras más nos unimos al Señor, más cercanos y solidarios nos sentimos con la gente, más atentos estamos a los "gozos" y las "lágrimas" de nuestros hermanos y hermanas.

Es que el encuentro cotidiano con Jesús en la oración hace que el "radar" de nuestro corazón se despierte. 

Este es el testimonio de vida de la Virgen, nuestra Señora, que descubrimos leyendo el Evangelio.

Ella es la mujer cercana a la realidad de los oprimidos de su pueblo, que comparte la precariedad de la pobreza, la incertidumbre del día a día, identificándose con los anawin (Sof. 3, 12. 13b), aquel resto humilde de Israel, por lo que es capaz de reconocer el plan de amor y de justicia de Dios: "Que derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes,...que dan pan a los hambrientos y a los ricos los despide vacíos" (Lc. 1, 46-55)

Nuestra Señora del Evangelio ha sabido estar atenta a las necesidades de sus hermanos y hermanas, por ello corre a socorrer a su prima Isabel en su gestación (Lc. 1, 39), y en Caná se da cuenta de que se ha acabado el vino, adelantándose  a buscar el remedio a tal situación de carencia (Jn. 2, 3).

Ella ha dado a luz a su hijo en un pesebre (Lc. 2, 7), y aunque hoy día lo hayamos sublimado, el pesebre es lo que es, una estancia para animales domésticos. Ella ha conocido el destierro en su viaje a Egipto (Mt. 2, 13-14), donde palpó en carne propia la experiencia de ser emigrante.

Ella ha vivido la vida sencilla de una familia de artesanos en una aldea sin importancia llamada Nazaret (Mc. 6, 1-3), en medio de un pueblo pobre y explotado, obligado a pagar fuertes tributos a Roma (Mc. 10, 42), y que intenta ser fiel a su fe judía, confiando en las promesas que sostienen su esperanza mesiánica (Jn. 1, 41).

Ella ha acompañado a Jesús en su vida pública, un itinerario de fe oscura, que la ha llevado a pensar en algún momento, quizás movida por sus familiares más cercanos, que el desconcertante Jesús, su querido Hijo, había perdido la razón (Mc. 3, 20-21)

Porque, según el Evangelio, la gran bienaventuranza de María está en escuchar la Palabra de Dios, y en ponerla en práctica (Lc. 8, 19-21)
  
En el camino ella fue comprendiendo, dado que Dios siempre se revela a los pobres y sencillos de corazón (Lc. 10, 21-22), la opción mesiánica de Jesús, que se presenta ante el pueblo no como un rey triunfalista, sino como el humilde "Siervo de Yahvé", acorde a lo anunciado por los profetas, especialmente Isaías (Cfr. Is. 52, 13 y ss., y 53)

Ella, finalmente, soportó con entereza el terrible ajusticiamiento de su hijo en la cruz (Jn. 19, 25-27), un castigo reservado para los reos carentes de derechos ciudadanos. En la carne crucificada de Jesús, en su muerte, se realizó el designio de salvación de Dios para toda la humanidad (1Jn. 2,2).

Hoy, cuando muchos padecen los rigores tremendos de las injusticias que generan los poderes de este mundo, guiados por la lógica del neoliberalismo y la exclusión social, María nos invita a acercarnos al sufrimiento de las víctimas, con sus mismos sentimientos de amor y misericordia, de profecía, y de servicio.

Con valentía, con solidaridad. Cantando el Magníficat.

Ella, María, que ha vivido su vocación de mujer, y de creyente, a plenitud, es modelo y testimonio de compromiso profético y de servicio con los más pobres y necesitados, los preferidos del corazón de Dios. 

ORACIÓN

Padre de misericordia enciende en nuestros corazones el fuego de la caridad, para que cuántos nos preparamos para celebrar la fiesta de la Virgen del Carmen sigamos su ejemplo de profecía y de servicio  para con todos los hombres. especialmente los más pobres y los que sufren. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.


No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada