domingo, 26 de julio de 2015

AMÉRICA: testimoniando la historia. Un poema de 1990



Esta tarde, organizando la maraña de mis papeles, encontré un poema, "América", que tenía olvidado y que escribí en 1990. Me conmoví al leerlo, reconocí enseguida a ese joven que era yo, con toda su ingenuidad, su frescura, escribiendo por los pasillos de la universidad, entre el comedor y la biblioteca de la facultad. 

Mi tentación ha sido, 25 años después, darle la vuelta al texto y acomodarlo a mi estilo actual de escribir. Pero no, he decidido dejarlo tal y como lo hallé en mi carpeta, cambiarlo sería perder un testimonio personal de lo que yo sentía, y cómo lo expresaba, en un momento concreto de mi historia.

Además, de pronto sentí una especie de pudor. Ese muchacho de veinte y pico de años merecía mi respeto.

Por cierto, escribir conjura el olvido de lo que hemos vivido, y de lo que hemos sido. Hay amnesias colectivas y amnesias personales, dejemos testimonios, escribamos. Luego, un rato más tarde, o quizás 20 años después, ese pequeño escrito nos trae de nuevo, rejuvenecidos, a la vida, 

Leer estos textos antiguos míos es re-encontrarme con las raíces de mi experiencia cristiana. Fue la fe en Jesucristo la que abrió mis ojos a la realidad del sufrimiento de mis hermanos. Qué desértico de ideales me parece hoy día el panorama desde esta Europa laicista, que le ha vendido el alma al capitalismo más grosero, que ha olvidado el Sermón de la Montaña, el agua fresca del Evangelio.

Aquí está, pues mi poema:

AMÉRICA


Allí estaba ella, 
con harapos,
con hambre,
y un niño con su cantinela:
"si me regala una moneda,...";
frente a sus ricos,
sus tesoros y su ladrón de oficio;
y en la noche la guitarra,
una guitarra vieja,
vieja de cuatro siglos,
con el mismo canto,
siempre, siempre,
el mismo canto.

Se llama América.

¡América!,
la morena,
con la sangre fogosa 
del tambor y las arepas, 
sudores de África regados por la estepa;
la indígena,
con su mirada mística,
la callada artesanía
del solidario bohío,
¡tú y yo somos tribu!;
la blanca,
con la codicia franca
su silla europea,
presuntuosa y altanera,
su estética, su visión,
y un emigrante pobre,
que vino y se quedó.

En la América mestiza,
el génesis se repitió, 
y del barro americano
un nuevo Adán surgió
un arco-iris de hombres
cocidos en el mismo sol.

Pero la América india, blanca y morena, 
se tiñó de otro color,
un rojo como escarlata,
la historia nos deparó.

Rojo del indio muerto
al pie de la choza;
rojo del misionero
en titánica labor;
rojo de los esclavos
azotados por el peso del cacao;
rojo de los héroes
que prendidos en fiebre,
por la libertad que no duerme,
soñaron un mundo diferente;
rojo del niño desnutrido,
frente al niño "MacDonald";
rojo de la deuda y su rapiña,...
¡No hay fondos!,...
¡Qué el pueblo ponga el lomo!
¡Deuda maldita!, 
que exprimes, ahogas, marchitas;
rojo de guerrilla y narcotráfico;
y un hombre sin casa,
y un hospital sin camas,
con un sueldo que no alcanza,
y una clínica elegante,
insultante, agresiva,
y un Centro Comercial de lujo,...
¡Pobre cacique Tamanaco! 

Eres roja América,
ríos de sangre fluyen de tu vientre,
pariendo la nueva tierra,...

Monte Calvario,
monte americano,
donde Jesús es crucificado,
con el madero insertado,
desde México hasta Argentina,
en cada desempleado,
en cada torturado,
en el niño hambreado,
en el pueblo saqueado,
sangra Jesús,
sangra América.

Pero la sangre de Jesús,
derramada en Viernes Santo, 
fue semilla de luz,
en Cristo Resucitado,
y de mi pueblo martirizado
la historia parirá
un continente de hermanos.

Esperanza, ¡alza la frente!
los Andes despiertan,
amanece la tierra buena.
América llama a sus hijos,
para que juntos en racimo,
hagamos el nuevo vino.
América fraterna,
América hermana,
un puñado de hombres,
una sola esperanza,
y un soplo divino,
y una nueva Pascua.

América,
de tu color rojo,
se prendió una llama,
que regó los huertos,
en llanos y pampas,
es la llama que hoy nos quema, 
que arde encendida,
en las manos inquietas,
del que construye la Vida.

Latinoamérica sin harapos,
sin pesito mendigado,
sin hambre, sin espanto,
con una nueva guitarra,
y un nuevo canto

27 de febrero de 1990.
A un año del Caracazo.

@elblogdemarcelo

2 comentarios:

  1. Hola Marcelo. Me encantó este poema, deberías escribir muchos mas. Felicitaciones , un gran abrazo desde esta "américa fraterna y hermana", y que muy pronto puedan sus hijos regresar a ella.

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  2. América-Desde Canarias-América.
    Poema: unido a los cuadros de mi viejo amigo P.Maximino Cerezo Barrado,CMF.
    Han pasado 70 años desde nuestro primer encuentro. Y 7 desde el último.
    Pintábamos juntos, en nuestra lejana juventud. Separados, pisamos distintos suelos del mundo, con nuestros pinceles. En Iquitos, en Perú, un año cualquiera, Maximino se encontró... o fue encontrado , por mi hija más pequeña. Ella sigue nuestra estela, de viajes por el mundo, con inquietudes culturales. Dios nos une y nos separa. Seguimos sus caminos, diversos y similares. Que la semilla fructifique, en cualquier país del mundo. En todos los continentes.

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