viernes, 31 de julio de 2015

De librerías por Santa Cruz: nostalgias caraqueñas


Ayer pasé todo el día dando vueltas por Santa Cruz de Tenerife.

Después de un recorrido por las librerías de la ciudad tenía la impresión de que en todas partes vendían los mismos libros. Otras veces me ha sucedido lo mismo ¿Será que en Tenerife todas compran a los mismos distribuidores? Probablemente.

Soy tremendamente desconfiado con los títulos que se ponen de moda. Además, no soporto que me atosiguen los vendedores. Cuando entro en una librería nunca sé ni lo que busco ni lo que voy a comprar. Amigos, por favor, no me persigan, me apetecería decirles, es que a mí me gusta ir a mi aire.

Por cierto, una de las cosas que más extraño de mi pasada vida caraqueña son las librerías. Recuerdo uno de mis periplos favoritos: bajarme en el elevado que une la avenida Andrés Bello con la Urdaneta, y recorrer a mis anchas el laberinto de buhoneros de libros usados que acampaban en los bajos del puente. Era una aventura surcar esos mares embravecidos de libros manoseados y llenos de hollín, y descubrir sumergido algún tesoro deshilachado buscándome desde una portada en rústica.

Uno de los sitios que también viene a mi memoria es la librería “Suma” de Sabana Grande, donde pasaba tardes enteras registrando pacientemente los anaqueles. Los que allí trabajaban ni se molestaban en preguntarme qué quería. Contemplaba carátulas, revisaba títulos y dejaba que mi instinto de lector me guiara en la cacería.

En este mapa personalísimo de mi Caracas también está la librería del “Ateneo”, en las cercanías del Museo de Bellas Artes; la librería “Macondo” en el Centro Comercial Chacaito; las librerías “Kuia Mare” de MonteAvila Editores. Mención aparte merecen las librerías de la Universidad Central, con sus precios más que accesibles para estudiantes clasemedieros e impenitentes como yo.

Cuando me veo regresando a Caracas, me sueño visitando estas librerías, así que, señores míos, ¡ni se les ocurra desaparecer!

Crecí bajo el mito de que todo, absolutamente todo, estaba en los libros. No había Internet a la mano para resolver dudas y curiosidades, así que sólo te quedaba como recurso acudir a lo que otros habían pensado y escrito sobre cualquier tema.

Bajo esa premisa adquirí la costumbre de comprar un libro cada vez que se me presentaba un problema. Claro, ya sé que no todas las respuestas están escritas en un texto, que hay cuestiones que se resuelven en el entramado mismo del caminar diario.

Pero me ha quedado la costumbre.

Hoy día lo de ir de librerías se puede fácilmente sustituir con la búsqueda del libro que quiero vía online en alguna tienda virtual. Pero yo en esto soy un antiguo, no me sabe igual comprar así, a mí me gusta ir a la librería y pasearme libremente entre los estantes, y tutearme cara a cara con los libros a ver si alguno pregunta por mí.

Visitar las librerías como un niño que entra a una tienda de golosinas.

@elblogdemarcelo



4 comentarios:

  1. Me gusta muchísimo como escribes, Marcelo, te siento cercano al leerte y me parece haberte acompañado por ese periplo itacense en el que lo menos importante es lo que ibas a buscar, y en cambio sí lo era lo que podías encontrar. Me llega incluso el olor de las hojas mohosas de árboles y libros bajo el puente. A ti como a mí nos encanta saborear esas milhojas. Preciosa tu reflexión. Gracias a ti viajo a Venezuela de vez en cuando y me gustan los lugares a los que me llevas.

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  2. ¡Caramba, Balbina, muchas gracias! Estos recortes o viñetas que me vienen casi sin pensar, tejidos de imágenes, son el único libro verdadero que vamos escribiendo,... conjurando nuestros fantasmas, tendiendo puentes y reconstruyendo auroras,... ¡qué bueno que me acompañas en este disparatado viaje! A veces dudo si ese país que yo nombro existe o es una re-creación de la añoranza. Al fin y al cabo, como decía Sábato, nuestras memorias son la patria. Un abrazo grandote y gracias de nuevo.

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  3. Eso Marcelo, que buena entrada mi hermano Caracas sigue allí esperándote. Soy del interior y estuve hace como dos meses pues te cuento,la encontré hermosa que no quería regresar. Saludos y abrazos desde tu tierra.

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    1. Caramba, amigo, muchas gracias, recibo tu abrazo y tu saludo con alegría de hermano. Esa Caracas nuestra, que nos espera, y que nadie, ni el tiempo ni la distancia, nos puede arrebatar.

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