domingo, 12 de julio de 2015

"Retrato de un artista adolescente": una buena sacudida para crecer


Esta tarde mientras organizaba mi cuarto, encontré un libro que leí en mis primeros años de vida universitaria: "Retrato de un artista adolescente", del famoso escritor irlandés James Joyce. Me senté para hojearlo de nuevo y enseguida recordé lo apasionante que me resultó su lectura, muchas veces tirado en el suelo por los pasillos de la UCV. 

En cuanto a la forma, sentí fascinación desde la primera página por la perspectiva narrativa del autor que nos zambulle en el mundo interior del personaje principal, Stephen Dedalus, a través de sus monólogos interiores o el "torrente de su conciencia". 

Esta especie de impresionismo literario me permitía como lector "ver" el mundo con los ojos del personaje, e identificarme con sus búsquedas y preguntas. Sentir la huella que va dejando en su psicología su, a veces problemática, interacción con el mundo.

No sé qué piensan ustedes, pero lo realmente interesante de un personaje siempre ocurre al interior de su alma. Quizás sea por eso que me gustan tanto las novelas de Dostoyesvki.

En cuanto a la historia, no recuerdo todos los detalles, pero sí la dura crítica al sistema educativo tradicional de los jesuitas irlandeses. No se me olvida la resonancia que tienen en Stephen, que está inmerso en las crisis de la adolescencia,  nociones como la culpa o el pecado. Difícil de olvidar también un terrible sermón sobre el infierno que aparece como a la mitad de la novela, y que le ponían los pelos de punta a cualquiera.

La conclusión era, más o menos, así: luego de un período de búsqueda de Stephen en el que duda si consagrarse o no a la religión, opta finalmente por seguir su vocación artística que ha empezado a despuntar en él, y decide dedicarse a la escritura.

Lo interesante de todo esto es que el drama del joven protagonista suscitó en mi, que no había llegado a los 20 años, un montón de preguntas. 

Esta es una característica de un buen libro: removernos, despertar un "yo" que se piensa a sí mismo, que se libera del automatismo cotidiano, que es capaz de tomar conciencia de sí e interrogarse sobre las "grandes cuestiones".

Mientras leía me di cuenta de algo muy claro: mi experiencia cristiana juvenil no era ni remotamente parecida al mundo religioso que aparece en la novela, por lo que no es de extrañar que Stephen y yo hayamos tomamos decisiones distintas sobre el tema.

Pero al mismo tiempo, la fe es planteada en la trama como una opción de libertad que nos empuja a decidirnos. En este sentido, el protagonista es coherente, no teme enfrentarse a las convicciones del mundo que le rodea, es fiel a si mismo, y a su conciencia, y, justo por eso, corta con la fe.

Su honestidad me cuestionó. 

No se puede vivir toda la vida entre dos aguas, haciendo el paripé. Las crisis de fe de Stephen me llevaron a preguntarme por mis propias opciones. Si mi experiencia de la salvación cristiana había dado sentido a mi vida, si había sido tan humanamente positiva, yo debía actuar en consecuencia.

También yo tenía un contexto de signo adverso que enfrentar: el ambiente francamente marxista de mi universidad.

Eso explica que espoleado por la valentía de Stephen, decidiera también marcar mi propio rumbo y profundizar en mi experiencia de fe cristiana.

Sea como sea, estemos o no de acuerdo con lo que leemos, permanezcamos a la escucha. De vez en cuando nuestra fe necesita una buena sacudida para crecer.

@elblogdemarcelo



1 comentario:

  1. Me ha gustado mucho tu análisis, Marce, honesto y objetivo. Sabes que soy atea pero también en su momento sufrí el proceso descrito. Gracias por compartirlo.

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