domingo, 16 de agosto de 2015

DÍAS DE OFICINA: LA PREGUNTA

"Máscaras" de Saul Steinberg

Arquímedes y Amarilis caminan esa mañana calados de pesares propios y compartidos, o ya resueltos a naufragar en cataclismos calóricos de chocolates y empanadas, o ya delirando juntos la aparente ausencia de sus ángeles custodios.

Les antecedieron ciertos ropajes rentados, los encuentros de café y migas de galleta, un cúmulo indeterminado de horas muertas de archivo, algunos tropezones de pasillo, y ciertas mentiras de etiqueta y factura, mentiras sólo de números, de slogans, de ojos maquillados y cejas bigotudas.

Una especie de marasmo carcome a la hora del almuerzo, se apodera de ellos en los tacones sin tapita y las corbatas de Mickey Mouse.

Ambos son jóvenes, jóvenes exitosos y carentes.

Arquímedes y Amarilis investigan esa tarde farragosos informes técnicos, la pregunta se entremezcla ensopada de letras Arial, o les asalta sorpresiva en prolongadas idas al baño y al bebedero. Intenta asirse a sus pasos alfombrados, “lo que importa, en todo caso, es que la oferta cubra la demanda de un mercado cada vez más competido,…”. Sacudirla entonces es la táctica, y ruedan plásticos comodines en llamadas a móviles y puntos de agenda, en carpetas de memos enviados y el chequeo de la correspondencia ordinaria. Pero ella aguarda, los dos lo saben, en la espera asfixiante de sus sonrisas estudiadas y disímiles.

¿Pueden vivir así? Casi llegan a creer que sí.

El sol naranja de las cinco, y la pregunta al bolso, a la gaveta, a la papelera. El tranvía de zapatos, como un cuchicheo de escuela primaria, baja juvenil entre escalones de brillante parquet. Sus miradas se cruzan casuales en el espejo, ascensor número 5, Torre Empresarial, confortables oficinas gris y magenta, amplio estacionamiento para el personal, moderno sistema de aire acondicionado, vista a la autopista, seguridad garantizada, servicio de cafetería, fácil acceso,… y ellos allí, con su pregunta, disimulada en el clon del cristal, flotando en la visión replicante de la imagen invertida, respirada en sus ojos artificialmente felices, en la soledad eficiente de sus tardes, en el torbellino de murmullos del minuto postrero.

Planta baja, Arquímedes y Amarilis regresan del mundo del espejo, se hunden en la masa anónima de las calles, huyen del laberinto, justo cuando abordan, desde unos metros de indeliberada distancia, el mismo vagón del Metro.

@elblogdemarcelo

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