viernes, 21 de agosto de 2015

MUNDOS


 Vengo al génesis,
- del drago, del aljibe, de la isa lagunera -
amansando el caos de los mares al despertar,
el pan sudado en la frente del sol ecuatorial,
desde el norte del sur empobrecido,
al sur del norte opulento (y tonto).
Descubro una raza:
atlantes con ojos de peces,
padecen amnesia,
sus mujeres
- novias, hermanas, esposas, hijas -
fuman por las calles,
se leen el tarot,
de caderas y labios épicos
(y hermosos).

Por lo demás,
igual que en Caracas, Nairobi o Múnich,
Mac Donald no cambia su decoración,
los mercaderes distraen sus ganancias en diversiones necias,  
la lujuria campea en avisos de masajistas y películas de medianoche,
ancianos y locos barbudos piden limosna o venden lotería,
se expenden, en cómodas cuotas, aparatos y pastillas para adelgazar,
los anuncios publicitarios trafican esperanzas.

Los niños que juegan en el parque García Sanabria,
un amor adolescente paseándose en vaqueros por la Rambla,
la brutalidad del sol de agosto,
los diminutivos del castellano insular,
- el panito, el fisquito, el sitito, -
el abuelo con gafas de sabio,
el chico que barre las calles con una palma y sonríe,
una memoria transmarina,
de ojos verdes y gofio,
me reconcilian con la sangre.

El corazón sigue en vigilia.

@elblogdemarcelo

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