martes, 13 de octubre de 2015

Historias: Ella lo mató


Una lluvia pertinaz iba calando sus cabezas, empapando el nicho recién abierto, fresco y oloroso a tierra húmeda. Todas las miradas se dirigían a un punto vacío, impreciso, más allá del horizonte del cementerio. Perla,  rodeada y sola, gemía entre sollozos

- Ay Pedro; ay, mi amor, mi amor,...

Los allí reunidos, callaban y seguían mirando sin ver a la desconsolada joven. Los ojos vagaban por entre el lagrimoso cielo y la tapia del camposanto, con su vieja enredadera y sus piedras mohosas.

- Ay Pedro, cariñito mío, te me vas, te me vas,....

El padre Eustaquio, párroco del barrio desde tiempos de la prehistoria, proseguía con el rito católico. Tras la lectura del Evangelio: " Yo soy la Resurrección y la vida,...",  roció el ataúd con agua bendita. Luego, mirando a ambos lados, mostrando la pureza senil de sus ojos grisáceos, invitó a los presentes a una plegaria:

- Recemos juntos un Padrenuestro por el descanso eterno de nuestro hermano Pedro.

Años más tarde, la escena vuelve a su mente, reiterativa. La lluvia, menuda e interminable, la voz cascada de don Eustaquio, el mirar impávido de los asistentes, la pala cargada de tierra apiñada chocando contra el cajón mortuorio. Él tenía apenas ocho años. Hoy sólo puede decir, lo que en aquel momento era una simple sospecha: ella lo mató. 

Corría el año 98, diciembre para ser exactos, Pedro, después de asegurarse un ascenso en su cargo de administrativo de la firma "Rocha, Roche y Asociados", decide, con sus veinticuatro años mohínos en el bigote, casarse con Perla, vecina de la barriada, con quien mantenía un secreto, por más que ya era del dominio público, noviazgo; una relación que se remontaba desde los tiempos en que ambos, temblorosos, traspasaran los umbrales de la adolescencia, e iban juntos al liceo "Andrés Bello" o coincidían los domingos en el cine en función de matiné.

Once meses después nació Pedrito.

A los dos años de casada Perla se aburre por las tardes,  decide entonces tomar un curso de cocina por Internet y se obsesiona con la elaboración de pasteles y tartas. Gana un concurso online. El premio: un año gratis de productos del supermercado, y a los pasteles y a las tartas, se sumaron las hamburguesas con queso derretido, y otras fritangas.

Pedro, que no cabe de contento al ver el éxito de su mujer, nunca desprecia la comida que Perla le sirve a tiempo y a destiempo: a media mañana, al almuerzo,... más el tentempié de la media tarde, el piscolabis antes de la cena,… ¿Cómo decirle que no si lo hace con tantísimo amor para su maridito?

A los 8 meses, y tras una subida bestial del colesterol, el hombre muere de un infarto.

“Ella lo mató, ella lo mató”, sigue diciendo Pedrito que roza ya los veinte años y comienza a lucir una prominente barriga. 

@elblogdemarcelo

2 comentarios:

  1. Ja, curioso relato, Marce. Vaya con Pedrito jjj. Diferente a otros tuyos. Sigue en esto. Un abrazo

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    1. Gracias, Balbina, de vez en cuando hay cambiar los registros y echarle mano al humor, que para aliviarnos del vivir también sirve la literatura. Un abrazo

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