martes, 3 de noviembre de 2015

DE LA DISTRAÍDA VIDA DE ULISES NIVARIA: Segunda parte


Pasó que con el correr de los meses se fueron olvidando del tema del secuestro y en un pispas Ulises dejó de ser noticia; bueno, te imaginarás, ya no quiso seguir de marinero, además la paga tampoco era mucha. Decidió entonces apuntarse en el INEM, hizo su cola toda una mañana, sí, exacto, por la General Mola. Mujer, ¡sí es muy fácil!, coges un número en un cacharrito que han puesto ahora, igualito al que usan en la charcutería del súper, en la pantalla digital te fijas si llega tu turno, entregas el papelito, y hala, te entrevistas con la funcionaria, eso si tienes suerte y la tía no se ha ido a desayunar, que si no te pueden salir raíces, sembrada allí un buen rato frente al ventanillo; pasas luego a la chica del ordenador y le tienes que dar: nombre, D.N.I., edad, dirección, estado civil, nivel de instrucción, oficio, y otras minucias; después cumplimentas una encuesta, sólo, te aclaran, para efectos estadísticos, en eso tres mesas más allá, otra chica te da un papel, la constancia de demandante de empleo, y ya está, ya te marchas ¿Ah, no has ido?, pues, espabílate, mi niña, claro, no vayas a creer que ellos te consiguen un curro, pues no, fíjate que no, ¿cómo te lo diría?, yo todavía no conozco a nadie que haya conseguido un trabajo en serio con el INEM.

Sí, es alucinante, a veces resulta que te tienen apuntada como administrativa, y lo que buscan es camareros, o chico de almacén, o comercial con coche propio, y total, mire, te dicen, lo lamentamos mucho, pero, espere, por favor, tenemos un curso superguay de reparador de ordenadores personales, que se sale, tía, y el instructor, es un máquina, venga, ¿te apuntas?, o de alemán II para atención a público, con unas mini prácticas de quince días como canguro en un complejo turístico del sur, ¿a qué sí? Cuando al fin se convencen que lo tuyo ya no es hacer cursos, y más cursos, que tú lo que pretendes es currar como cualquier hijo de vecino, te salen con aquello de ya la llamaremos cuando salga algo y san se acabo. En fin, ¿qué más da?, te sirve para el paro, y con eso ya vale, además, nunca se sabe, sí, ya sé que es muy chungo, pero es lo que hay, quieres otro  cortado natural, ¿no?, okey, para mí un café solo, Josefa, cuando puedas, vale.

Bien, por dónde íbamos, sí, lo de Ulises, mientras esperaba la aparición de un curro bueno, aceptó algunos trabajitos, un poco chungos la verdad, para ir tirando. Primero fue de comercial con lo de las ollas a plazos, ¿o eran unos tapper?, no, eran unas ollas con un nombre antiguo de señora inglesa, ¿cómo dices?, Ronna Ware, sí, esas mismas, de puerta en puerta, y sin coche, que fue lo peor, pues para esa época todavía no tenía carné, cogía un lote de edificios, con un callejero bajo el brazo, y, hala, a timbrar en los porteros hasta que alguien abriera. Vaya lío que se formaba el pobre explicando a la maruja de turno el follón ese de la financiación, total que terminabas de pagar las ollas tres días antes de que te metieran en el asilo, ¡qué va!, no vendió nada, no servía de comercial; luego, repartidor nocturno de pizza, todo marchaba del diez, hasta estaba costeando su propia moto, una Suzuki de mucho cilindraje, lo vieras como salía disparado de la Tres de Mayo, por ejemplo, hasta el puente Zurita, y si te atrevías a decirle algo te salía con aquello de  “yo controlo, tía”, “yo controlo”. No quiero recordar la nochecita que nos avisaron del accidente, eran ya pasadas las doce, sí, hay que ver cómo se puso Paca, la Pobre, tirando descolocada para el hospital, en chanclas y bata de dormir, el guantazo lo tuvo lanzado a toda pastilla, ¿cómo se le ocurre?, por la Autopista Norte. Sí, por poco lo dejan paralítico. A la final solo un brazo escayolado, unos puntitos de nada en una rodilla, y un par de semanas sin moverse del catre, eso fue todo, es una pasada lo rápido que se recuperan los chicos, a mí también me impresiona, sí. 

Al mediodía del día siguiente por el Noticiero de la autonómica, daban la noticia del suceso, y las estadísticas, escalofriantes desde luego, de yo no sé cuántos accidentes de coches en las carreteras de España, que esto no puede seguir así, que a dónde vamos a parar, y, menos mal que el chico este, hablaban de Ulises, llevaba puesto el casco, que si no la hubiera empalmado, seguro. Te cuento que los reporteros de la cadena, especialmente el pringado del cámara, grabaron a Paca, la pobre, con esa facha de la bata y las chancletas con que llegó al hospital, tenías que ver el disgusto que se cogió, si serán capullos, decía, mira que sacarme con esas pintas, en fin.

Cuando le dieron la baja al chico, aceptó ponerse de repartidor de octavillas por la calle Castillo, sabes que Diana, la prima de Guaci, la del tercero izquierda,  estaba metida en el jaleo ese de las dietas que anuncian de madrugada por Antena3, ¿anda, también Telecinco?, no sé. Es lo mismo de “La tienda en casa” pero para trasnochados, igual, sí, con su insistente: ¡llame ya!, ¡llame ya!, al teléfono que ves en pantalla, y, un tío cachas guapísimo y sin camisa te repite cien veces que aproveches esa oferta especial para la televisión. Eso cuando no te anuncian un aparataje milagroso que en un abrir y cerrar de ojos te deja un abdomen de fábula, tan práctico que lo puedes usar mientras montas un potaje de verduras, ves tú serie favorita, o contemplas desde la tumbona, muy cool, a unos niños pijos haciendo los deberes sin despeinarse, exactamente, pues esa misma empresa promocionaba un montón de potingues dietéticos, supuestamente naturales, y cogieron a Ulises, que en ese tiempo tenía un tipito estupendo, como promotor de un kit especial de merengadas y polvos para adelgazar.

Bueno, esto duró hasta lo del fotógrafo. Una noche tomando unas cañas en el bar de Manolo, un  tío que coincidió con él en la barra, no, espera, eso no es, mujer, no te adelantes, lo de la rumana vino después, ¿que cómo se llamaba?, Cristian me parece…, sí, estoy segura, …, mejor bajamos la voz, lo cierto es que le ofreció un trabajo relacionado con el tema de la moda, dame otro cigarrillo, ¿fuego?, gracias, el hombre en cuestión regentaba un estudio fotográfico para algunas revistas de alta costura, “Vogue”, “GQ”, “Harper´s Bazaar” y eso. ¡Josefa,…mi niña!, ¿qué tal?, muak, muak, todos bien, cóbrate, por favor, sí, dos cortados natural, dos cafés solos, listo, gracias, ¿tienes cambio?, bien, venga, saludos. Acompáñame hasta la calle San Clemente que tengo que recoger unos zapatos, mujer, ten cuidado con los coches, es que ya no respetan ni el paso de peatones.

Y claro, Ulises de esto, nada, sólo tenía que poner los focos, ayudar con las cámaras, tomar las medidas de las chicas, acompañar al tío en las entrevistas y cosas así. No sé la verdad que vería en el chico, es cierto, para otra cosa no, pero para parlotear y enrollarse con la gente, era un listo, ¿sabes?, tenía una gracia cuando hablaba que te dejaba embobada, seguro que lo saco del padre, porque si es por el lado de Paca, la pobre, ¡ja!, no había nada que buscar.


Quince días después volaron hasta París, que era donde tenía su oficina el otro, cerca del centro, por la Rue du Rocher, sí, Rocher, número 15 ¡No!, ¿qué dices?, yo nunca he estado en Francia, lo sé por las fotos que recibía la madre, porque él nunca escribió cartas, vamos, pero enviar fotos, bueno, un montón, sí, sobre todo los primeros meses, claro como estaba en ese mundillo de los flashes. Eran esas, ¿te acuerdas?, que llenaban la pared del salón de la portería, la que daba a la cocina y el patio interior, exacto. Vieras lo animado que se veía al pibe, posando a la entrada de la Torre Eiffel con su gorra I love París, o en chándal en un monísimo rincón del Jardín de las Tullerías, o caminando distraído con su camiseta Nike por la MontMartre. Los paseos estos por París serían en sus ratos libres, que eran más bien pocos según daba a entender, claro que trabajaba, ¿pero tú qué te piensas?, no, no tenía la papa pelada ni mucho menos, ¡qué va!, en este mundo de la moda se curra que no veas, sin horario y a todo meter, que si preparar las bombillas, que si acondicionar el escenario, que si diseñar la  performance para la portada de alguna revista, que si trabajar con las modelos para los casting, ponte por aquí, preciosa, eso es, estira los brazos, cariño, pruébate este modelito, vale, bien, ahora sonríe, gira para este lado, ¡flash!, ahora para el otro, ¡flash! Además, aquí es la zapatería, muchas veces están hasta altas horas de la noche, ¿sabes?, cuando no les da por repetir una toma, y repetir, y venga a repetir, hasta conseguir el punto que se busca.

El Cristian este, bueno, resultó ser un tío de lo más exigente, ¿sabes?, un perfeccionista de tomo y lomo, justo por eso estaba tan bien cotizado, y siempre tenía su agenda, sí, claro que se la llevaba Ulises, copada hasta arriba, los jueves con la casa Dior, martes y miércoles, Coco Chanel; Paul Gaultier, los viernes. Venga, cojamos la guagua, que sí, chica, ¿tienes bonobús?, okey, yo también. Se ve que era un tío que se codeaba con la creme de la creme,  con lo más in del mundo fashion.


Claro, lo más que le ponía a Ulises era el trabajo en sí con las chicas,   buscar caras bonitas, entrevistar a las pibas, sí, las aspirantes a modelo, y sígueme por aquí, mi reina, ¿y tú por qué quieres entrar en el mundo del modelaje?, a ver, a ver, pasa al estudio para una primera prueba, venga ponte este modelito de verano, bien, ahora algo más ligerito, sí, ese mismo, el bañador estampado de dos piezas. En fin, fue aprendiendo, ¡qué va!, no se cortaba un pelo, trincaba a las que tenían futuro con el tema, a las demás, las despachaba sin muchos rodeos. Algunas tardes, cuando salía del estudio, se metía por los barrios del extrarradio de Paris, intentando pillar mujeres exóticas, alguna emigrante magrebí, o, mejor, las latinoamericanas, pues desde que tuvo la experiencia aquella en Sudamérica se aficionó a las latinas ¿Qué dices?, él se tomaba su trabajo muy en serio,  nada de rolletes, ¡eh!, sino a lo que iban, y punto. El Cristian se desentendía, claro, se había ganado su confianza, no sólo le enseñó algo de fotografía, también otras cosas de la moda y el modelaje: maquillaje, make up creo que lo llaman, peinado, costura rápida para casos apurados. Bueno, sobretodo, cuando tenían encima alguna pasarela de estas especiales, otoño-invierno o verano-primavera, vieras el estrés que pasaban, porque ahí si es verdad que no tenían tiempo ni para el bocadillo.


La cosa se vino abajo cuando se le ocurrió liarse con una de las modelos. No, ¿una latina, dices?, no, una latina no, una rumana, ya te dije que venía al final,…y ya verás lo que resultará después,…, era una tía huesuda que anunciaba una campaña de yogures, ¿cómo era que se llamaba?, espera que lo tengo aquí, en la punta de la lengua,…¡ah, sí!, Danae, Danae Dondoe, qué te cuento, un tipazo de mujer, altísima, uno ochenta o uno ochenta y cinco, y una cinturita de avispa, así, mira, así, ¿entiendes?, …en fin, Ulises, que seguía siendo un pibe, con todo y su moda de París, se quedó enganchado. Claro, claro que sí, una experta en el arte de los amoríos traviesos, vete tú a saber cómo se lo montó para llegar hasta el estudio del fotógrafo. Se citaban a escondidas en los parques de la ciudad, o quedaban en algún bar de las afueras. Todo con mucha discreción, pues no se sabía cómo iba a reaccionar el otro, exactamente, el fotógrafo, vale, vieras los apuros que pasó Ulises aprendiendo a descifrar el lenguaje azul de los ojos de la tía, hoy sí, cariñito mío, mañana no, que si quedaban, que si no quedaban, que hoy dónde, y esta noche, amor, no puedo, tengo una sesión de fotografías. La cosa funcionó por algún tiempo, hasta que una tarde los sorprendió el mismo Cristian en su oficina.  Se formó un zafarrancho de los gordos, Ulises intentando explicarse, colega, esto no es lo que tú estás viendo, aquí hay una confusión. El hombre ni lo dejo hablar, lo despidió ipso facto, y hala, desde ese día se quedó así, sin más, en la calle. Ya llegamos al Cabildo, ¿tienes un cigarrillo?, vale, gracias.

@elblogdemarcelo



 Si quieres leer la primera parte: De la distraída vida de Ulises Nivaria I

2 comentarios:

  1. Me gusta: ágil y entretenido. Se está convirtiendo en una crónica de la época. A ver si hay tercera parte.

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  2. Jaja, me parto, Marcelo. Me gusta cada vez más. Iré al tercero.

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