lunes, 31 de agosto de 2015

Llega septiembre


Agosto viene a morir detrás de la corona forestal del Teide.

Se acaban las vacaciones, los espacios que me sueñan comienzan a preguntar por mi, salgo de mi letargo post-impresionista, de esa mirada alelada que me suplanta y que se funde en los azules de la noche. 

Se impone la lógica de Taylor y Fayol, la productividad medida en tiempos, hora, agendas, relojes. Yo hago el necio esfuerzo por sustraerme.

Interiormente, sigo mi ritmo. Voy existiendo en los personajes que me habitan y que conspiran por vestir mi traje. Habrá que poner algo de orden.

Me he reservado en silencios imposibles, he querido fundirme en una cadena cósmica de amor y de pureza. Ser ese hombre solitario que alza sus manos para orar y que sabe que toda la humanidad reza en su plegaria.

Palpo mi pobreza, me topo con esta realidad incontestable que soy yo mismo, con los hechos puros y duros que son los que, en definitiva, me definen.

He querido hacer míos esos lloros y esos quebrantos que no marchan a ningún sitio a veranear. Me he sentido roto y avergonzado ante el espectáculo de los desesperados que se arremolinan a la entrada de Europa.

De los que murieron ahogados sin oxígeno en una autopista de Austria, atrapados en un camión: 51 hombres, 8 mujeres y 4 niños.

En esos desesperados, en esos asfixiados estamos tú y yo. 

¡Qué difícil es no sentir vergüenza!

Seamos humanidad que resiste, escándalo de ternura, disidencia de amor, vanguardia de decencia.

Entretanto, septiembre ya está aquí, volvemos pronto al escenario. Pido sabiduría para no confundir molinos de viento con gigantes. A la cordura del bueno de Sancho Panza encomiendo mi alma.

Cada uno con su arte va levantando el edificio de las horas y arrancando los meses del almanaque.

Somos esta brizna de tiempo que nos queda.

Cuento los días en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

@elblogdemarcelo

lunes, 24 de agosto de 2015

Precareidad


Me asalta a veces un sentimiento muy agudo de precariedad. Veo a través de la ventana de mis días la fragilidad inmensa de mi existencia en el universo.

Mientras escribo un pájaro menudo picotea entre los geranios de mi balcón. Lo veo y sonrió.

Nos pasamos la vida aferrados a nuestras seguridades, ingenuamente nos figuramos que controlamos esto y aquello. Luego, un día cualquiera, en un aparente azar del destino, aquello que era tan sólido, tan seguro, se derrumba.

Vivir es un continuo desgarro.

Estamos arrojados a la existencia, expuestos a que nos pueda ocurrir cualquier cosa. Cambia un gobierno, sobreviene una guerra, perdemos la estabilidad económica, nos enfermamos, nos quedamos sin casa, sin trabajo, hoy nos quieren, nos aplauden, mañana nos abominan, nos rechazan, nos ningunean, nos dejan solos.

Mientras vivimos no hay seguridad.

El pajarito, sorprendido por mi mirada, se ha marchado disparado. Su fugaz visita me hace caer en cuenta de la existencia de mis geranios. Vuelvo a sonreír y prosigo escribiendo.

Hasta aquí soy capaz de sentarme en la mesa de los filósofos. Los mejores de entre ellos han tenido la lucidez de ver nuestro desamparo, y algunos incluso han bajado hasta las profundidades, al centro donde escuece la soledad, y han palpado el fondo abisal de nuestra vulnerabilidad.

Mejor que los filósofos, los poetas.

Muchos se quedan ahí, atónitos, enmudecidos frente al desfiladero por donde se van precipitando una tras otra las vanas ilusiones humanas, nuestros espejismos.

Lo bonito de vivir en el capitalismo de ficción, lo digo no sin ironía, es que procura sedarnos y distraernos para que no tengamos tiempo de pensar en asuntos tan gruesos. Así esta sociedad de vodevil, donde los peores crímenes se convierten en parte del espectáculo, va engendrando hombres existencialmente frágiles que cuando sufren una desgracia se desmoronan.

No nos educan para la reciedumbre, la virtud de lo recio, de mantener la entereza ante las adversidades.

Con la misma navaja afilada que percibo esta nuestra pobreza radical, ontológica, que es lo verdaderamente nuestro; en la otra cara de la moneda, entre tinieblas, abajo de la epidermis, confieso mi fe en la providencia de Dios.

Sin menoscabo alguno de mi libertad.

Mis actos libres tienen un límite, es evidente que me suceden cosas que no he escogido yo. Lo que sí está en mi mano es elegir la respuesta que voy dando a las incidencias del camino. Es el peso de mi presencia inexcusablemente libre en este mundo, de una existencia que asumo con alegría y que me fue dada de manera inconsulta.

Esa libertad que me hace responsable, es, siendo sincero, un gran regalo pero también un peso enorme en el vivir. Pero no renuncio a ella porque me juego mi dignidad.

A Marcelo no le sucede todo el mal que pudiera pasarle, en su vida acontece lo que Dios quiere o permite.

La conciencia de mi fragilidad, el sentido de la providencia, mi libertad, todo ello bien combinado está en el corazón del misterio de mi propia humanidad.  Me vienen a la mente algunas páginas de ese angustiado tan vehemente, don Miguel de Unamuno.

Quería hablar de esperanza, fíjate tú, quería hablar de solidaridad, y he escrito lo que estaba en el subsuelo del corazón. Florece lo que está sembrado. Como los geranios.

Confiamos totalmente nuestra vida a la misericordia de Dios.


 @elblogdemarcelo

domingo, 23 de agosto de 2015

METAMORFOSIS


Los ruidos de la noche,                                
                                 el llanto de un tubo de escape,
                                 un hombre que llega borracho,
                                 los gritos de una mujer,
                                 las voces  vecinas, ¿una radio?,
                                                                              duermen conmigo.

La montaña con casas amarradas a la falda
                                         ya está despierta.

Amanezco pisando el sol que duerme en el portal,
rueda por la calle, besa las guaguas,
escribe graffitis en la pared.


Amanezco convertido en Gregorio Samsa

@elblogdemarcelo

sábado, 22 de agosto de 2015

"On the road" de kerouac: la búsqueda de una generación,... ¿tiene sentido el camino?



Siendo un estudiante universitario leí la novela de Jack Kerouac, "En el camino", la historia de un joven de Nueva York que emprende un viaje a través de Estados Unidos, transportándose casi siempre a dedo, hasta alcanzar la ciudad de San Francisco ("Frisco" en el argot juvenil del momento), el epicentro del movimiento hippie de los sesenta. Entreverado con la historia, aparecen los amigos del protagonista, unos personajes underground, inadaptados, que lo acompañan en su travesía, y que comparten su búsqueda del sentido y del significado del camino.

Los temas se suceden en la novela con verdadero vértigo: el amor libre, las drogas, el jazz, el budismo, la experiencia mística, Nietzsche, Dios, la amistad, la libertad, el sentido y la experiencia de vivir. De fondo, la metáfora del camino, que en sí mismo ya es parte del destino de cada caminante.

"Ponerse en camino", traduce una actitud de ruptura frente a las verdades cómodas, el espejismo de nuestras seguridades y convencionalismos, nuestros viejos valores y creencias que, sinceramente, aburren, y ni nos mueven ni nos ilusionan.

Hay una frase mágica que se repite en varios lugares del relato, to be excited with the life, "estar entusiasmado con la vida", lo que significa estar "flipado" con la experiencia alucinante de estar vivo y de respirar. Para mí, sin duda, el mejor testimonio de Dios mismo, pues ¿qué mayor revelación de lo divino que sentirse vivo y palpitando?

Jack Kerouac fue el autor emblemático de la llamada generation beat, la cual no es sólo un modo de concebir la literatura, ligada al automatismo del lenguaje y a la escritura como búsqueda espiritual. Los escritores “beat” representaron, además, la experiencia de toda una generación que quiso rebelarse frente a las ataduras de una sociedad de consumo, estereotipada, que idiotiza a sus nuevas generaciones con sus mensajes/masajes que disfrazan sus injusticias e incoherencias.

Fue, básicamente, en los sesenta cuando los valores tradicionales, entre ellos también los religiosos, se resquebrajaron. El reclamo fue un modo de vida alternativo, en ruptura con lo establecido: el amor libre, la experiencia con las drogas, el rock, la libertad frente a todo autoritarismo, la vuelta a la naturaleza, la comuna, la búsqueda de lo espiritual en las religiones orientales.

En medio de este reclamo por volver a la libertad primera del hombre "natural", ¡qué anhelo tan acuciante por hallar un sentido, por encontrar una raíz espiritual que centre la vida!

El movimiento juvenil de los hippies fue devorado, y domesticado, por la voracidad del mercado capitalista, que convierte todo en mercancía y fetiche de intercambio. Pasan las décadas, muchos de nuestros jóvenes del siglo XXI, despolitizados, hipnotizados por la cultura instantánea del ordenador y el móvil, atrapados en un hedonismo narcisista, entre los libros de autoayuda y los reality shows, dan la impresión de estar bien "adaptados" bajo el régimen de sus mayores.

Cuando, por fin, bajan al planeta tierra, y dejan de soñar en convertirse en "famosos" o en estrellas de fútbol, su anhelo más humilde es llegar a conseguir un empleo que les permita vivir, o sobrevivir, decentemente. De rebeldía, la mayoría, nada de nada.

En mis estudios de teología, un "saber" sobre Dios en "diálogo" con los hombres, tuve como interlocutor a Jack Kerouac y su historia. De hecho, en mi trabajo final sobre el tema de la revelación, inserté un párrafo de la novela donde se habla de la certeza de Dios, por la contemplación del misterio mismo de la existencia, aunque su demostración racional nos resulte a algunos oscura o problemática.

Yo, que también vivo On the road, estoy encontrando el sentido de mi viaje existencial en el profeta Jesús de Nazaret, en quien he ido descubriendo al Hijo del Dios vivo, aquel que buscaban sin saberlo los colgados de la novela.

El Dios de Jesús, un Padre bueno que ama la vida y que nos convoca a “desinstalarnos”, a ponernos en camino hacia el San Francisco del cielo, viviendo, a trancas y barrancas, el santo Evangelio e intentando practicar, en lo prosaico de cada día, el mandamiento nuevo del amor fraterno.

Y es que, por distintas sendas, todos caminamos a San Francisco, con flores en nuestra cabeza.

@elblogdemarcelo


viernes, 21 de agosto de 2015

MUNDOS


 Vengo al génesis,
- del drago, del aljibe, de la isa lagunera -
amansando el caos de los mares al despertar,
el pan sudado en la frente del sol ecuatorial,
desde el norte del sur empobrecido,
al sur del norte opulento (y tonto).
Descubro una raza:
atlantes con ojos de peces,
padecen amnesia,
sus mujeres
- novias, hermanas, esposas, hijas -
fuman por las calles,
se leen el tarot,
de caderas y labios épicos
(y hermosos).

Por lo demás,
igual que en Caracas, Nairobi o Múnich,
Mac Donald no cambia su decoración,
los mercaderes distraen sus ganancias en diversiones necias,  
la lujuria campea en avisos de masajistas y películas de medianoche,
ancianos y locos barbudos piden limosna o venden lotería,
se expenden, en cómodas cuotas, aparatos y pastillas para adelgazar,
los anuncios publicitarios trafican esperanzas.

Los niños que juegan en el parque García Sanabria,
un amor adolescente paseándose en vaqueros por la Rambla,
la brutalidad del sol de agosto,
los diminutivos del castellano insular,
- el panito, el fisquito, el sitito, -
el abuelo con gafas de sabio,
el chico que barre las calles con una palma y sonríe,
una memoria transmarina,
de ojos verdes y gofio,
me reconcilian con la sangre.

El corazón sigue en vigilia.

@elblogdemarcelo

jueves, 20 de agosto de 2015

¿Cómo escriben los que escriben? 10 características comunes de los escritores


Este verano he terminado, ¡por fin!, de leer el libro de Lawrence Grobel, "Una especie en peligro de extinción" (Belacqva, 2008). Se trata de 12 entrevistas a escritores estadounidenses acerca del oficio de escribir y de sus experiencias con la escritura. Lo he leído a "puñados", en los flecos de mi agenda cotidiana, y he tomado, sobre la marcha, algunas anotaciones.

Lejos de cierta literatura manualesca que abunda por ahí sobre el arte de escribir, el libro me pareció muy interesante e inspirador. Al fin y al cabo, nada más fresco y directo que una buena conversación, descubrir al hombre o a la mujer que está detrás del libro que leemos y conocer de primera mano cómo ha producido su obra.

Mientras leía me he preguntado acerca de los rasgos que tienen en común estos personajes, entre sí tan diferentes, que han dedicado sus vidas a la misma tarea: escribir. A través de las entrevistas he ido descubriendo ciertas coincidencias acerca de su práctica como escritores, con base en ellas, y a título de ensayo, les presento aquí 10 características que definen su perfil como profesionales de la escritura.

1. Trabajo diario: 
Son "adictos" al trabajo de escribir. Tienen la disciplina de dedicarse a ello diariamente, la mayoría de manera autónoma. Casi todos han dispuesto un tiempo en su agenda de cada día consagrado a la escritura.

2. Investigación sobre el tema:  
Realizan una labor previa de investigación y de recopilación de información acerca del tema que van a escribir. Consultan otros autores que hayan escrito sobre la materia, entrevistan a expertos o a personas conocedoras del caso, visitan bibliotecas u otros centros de documentación.

3. Esquema previo
Hacen un esbozo o esquema previo del desarrollo de la narración o historia, estudian la trama, definen el perfil de los personajes, determinan las secuencias y el escenario, los tiempos, la perspectiva del narrador, y cómo será la resolución del problema.

4. Desarrollan un estilo centrado en sus áreas de interés: 
Estos escritores no escriben sobre cualquier tema ni en cualquier género. Casi todos han ido encontrado su propia voz y estilo a través de un proceso de "ensayo y error". La materia sobre la que escriben está relacionada con sus "centros" de interés y con sus experiencias de vida.

5. Escribir, re-escribir, corregir,..y volver a re-escribir:
Primero escriben un borrador, lo corrigen, lo re-escriben de nuevo, añaden o quitan párrafos, lo modifican, lo re-escriben otra vez, y lo vuelven a re-escribir y a corregir, y vuelven, y vuelven... hasta que logran el texto definitivo.

6. Grandes lectores:
Todos sin excepción dedican tiempo y pasión a la lectura. Leer es para ellos la escuela donde aprenden el arte de la narración. Hacen además una lectura "inteligente" de los libros que les impresionan: reconocen la estructura del texto, prestan atención al estilo, a los registros de los personajes, se fijan en la resolución de las situaciones, etc. Todos reconocen la necesidad de estar en permanente contacto con la "tradición" literaria y de su influencia sobre ellos cuando escriben.

7. Encajar con sabiduría los fracasos:
Todos afirman que su éxito como escritores ha estado jalonado por momentos de fracaso. Resaltan la importancia de "encajar" estos fracasos, de no abandonar, de aprender de los errores e insistir de nuevo. Mil veces han rectificado, y han vuelto a comenzar, con decisión, con persistencia, hasta que de tanto golpear la puerta se les ha abierto.

8. Relacionados con el mundo de la cultura:
Todos mantienen una estrecha relación con otras formas de arte y con  el mundo de la cultura en general: pintura, cine, música, etc., ello les ofrece una perspectiva amplia del mundo y enriquece su bagaje a la hora de sentarse a escribir.

9. Ni el nivel académico ni la clase social son determinantes absolutos:
Entre los escritores encontramos tanto profesionales universitarios como personas de formación media, o con estudios inconclusos. Así mismo, la extracción de clase suele ser también bastante variada, clase alta, algunos; otros, la mayoría, de clase media y también de sectores deprimidos y obreros. El factor decisivo parece ser el trabajo conjugado con el talento personal y la persistencia.

10. Apasionados con la escritura: 
En general, demuestran una gran pasión por escribir, y a pesar de lo exigente que puede llegar a ser la tarea, se entregan a ello con denuedo. A esto hay que añadir su curiosidad ante toda realidad humana, su capacidad de introspección y un cierto gusto por el trabajo en soledad, una característica esta última inherente a la tarea de escribir.

@elblogdemarcelo

martes, 18 de agosto de 2015

EQUIPAJE


En la maleta azul petróleo
- aeropuerto Reina Sofía, madrugada de agosto -,
la furia de la Orinoquia motocross 8 cilindros,
espumas de un delta vitamínico,
                                             superdotado,
ardor de selva, labios agrietados por los besos
de un verde sin copyright, de un verde cohete de luz y clorofila,
de un verde carnaval, pulmón, tierra.
El horizonte,
                    quemante ojo naranja,
                                          esteros, tolvaneras,
pintada camiseta,
llanuras ensopadas de una gorra beisbolera,
morichales y morichales que se atragantan en el buche pepsi light,
y la palma sola suspira
la alternancia de inviernos y estíos,
nacidos de un tiempo diluvial, exorbitado, sin semáforo,
prolongaciones de un parto climático, o de un secuestro de nubes,
o de un asalto de sol a lluvia armada,
la garganta de jaguar estereofónica,
y el contoneo de la rubia cordillera,
bofetones de páramo rojeando mi mejilla de mirón compulsivo,
las orejas irritadas por la goma del audífono,
música de boas, mapanares, corales, 
por cafetales, por cacaos en su pulpa, por piñales y mangos pintones,
por playas aguamarina y manglares desbocados;
castañear de dientes en la vigilia de los caimanes,
los pies la urgencia del fuego en la sabana de abril,
inflamada la entraña por el ímpetu hormonal de un pueblo adolescente,
chillando siglos de rabias en los graffitis de la muralla,
al fragor de niños correteando entre crucigramas de chabolas,
prolíficos, vitales, directos,
que pican mi pupila absorta, saltan en lagrimones, ilustran el folleto de una ONG,
colabore, colabore, colabore, ponga un parche pret a porté en su conciencia,
la carne tatuada de cuerpos sudorosos, sensuales, mestizos,
el piercing del oro cochano y la yuca amarga,
de mi alma isleña, europea, negroide, americana,
arawaca, piaroa, motilón, cumanagota, yanomami, caribe,
de mi alma que explota, de mi alma butano y fosforo,
de mi alma irrenunciablemente cósmica,
mi alma homo sapiens,
tercera glaciación a la derecha,
segundo piso del cuaternario, sin portero.

Frente al mostrador un cartel perentorio:
carga máxima - vuelo interoceánico - 36 kilos.
@elblogdemarcelo

lunes, 17 de agosto de 2015

Volver, volver a Borges,... una lectura circular


Estas noches del verano he vuelto a Borges.

Hay libros que una vez leídos no los vuelvo a retomar, quizás me han ofrecido una buena historia o he admirado el estilo literario del autor, pero hasta ahí, mi relación con ellos prácticamente muere en la última página. 

En el mejor de los casos en mi espíritu queda impreso por algún tiempo el eco de alguna escena memorable, o un final sorpresivo que me ha dejado knock-out, o el carácter de algún personaje que me ha resultado sugestivo. 

Con la cantidad de buenas obras que me quedan por leer, y lo escaso de mi tiempo disponible, ni siquiera me planteo releerlos. Estos son los libros, ya puestos, de los que me puedo desprender en cualquier arrebato de generosidad librera que me asalte.

En cambio hay otros libros, y autores, a los que nunca termino de leer del todo, a los cuales siempre estoy regresando, una y otra vez. Con ellos hago una lectura circular, los voy asimilando, lectura tras lectura. Los dejo a su aire por un tiempo, a veces incluso años, y de pronto una palabra, o un recuerdo, o una idea, me empuja a regresar a sus páginas, a zambullirme en sus cosmos narrativo. Puede que recomience en el último capítulo, y me marche de allí a una página del medio, o del principio, saltándome los enojosos prólogos y las notas de pie de página. Hay confianza.

Jorge Luis Borges pertenece a este  grupo.

Mis primeros escarceos con la narrativa del escritor argentino, rondando yo los 20 años, no fueron fáciles.  Su universo de palabras me resultó, francamente, oscuro, enrevesado, críptico. Llegué a pensar que se complacía en embaucarme haciéndome creer que ciertas fantasías suyas eran un ensayo sobre la muerte o sobre el tiempo.

Todo esto despertó en mí sentimientos encontrados: ¿se trataba acaso de un cínico que se burlaba secretamente de mí como lector?, ¿a qué venían esos juegos verbales que parecían ocultar la solución del problema planteado?, ¿y las alusiones a libros y pensadores, a hechos del pasado, no serían fruto de una disimulada pedantería?

Sin embargo, y a pesar de mis desencuentros con el autor, su lectura me atrapaba. Ese es el misterio de la buena literatura.

Resolver el acertijo que siempre esconden sus historias era todo un reto. Valía la pena volver dos páginas atrás y buscar el hilo conductor de lo que iba diciendo, no dejarse embaucar con sus falsas pistas, y ganarle la partida al argentino resolviendo el dilema de la cuestión.

Es como si Borges y yo jugásemos una partida de ajedrez.

El roce hace el cariño, dicen, perseverando en su lectura, identificando sus obsesiones, familiarizándome con su estilo, fui descubriendo el significado de sus metáforas, avanzando en la comprensión de sus escritos.

Aún hoy cuando vuelvo a sumergirme en sus historias, leídas y releídas tantas veces, vuelvo a sentir el mismo vértigo, la misma fascinación de las primeras veces. Sus elusivos juegos con el tiempo, el tema de la muerte, su manía con los espejos, la incógnita de los laberintos, los puñales que reaparecen 100 años más tarde y las calles del viejo Buenos Aires, todo eso ha llegado a formar parte de mi imaginario como lector.

Me he habituado ya a su estilo característico: un laconismo casi anglosajón, la precisión del lenguaje, el tono paródico, la fina ironía de las frases, los finales abiertos, paradójicos, que generan perplejidad, estupor.

Con frecuencia, al caer la noche, siento que necesito jugar una nueva partida con el argentino.

Dejo de lado otras lecturas,... y vuelvo, vuelvo a Borges.

@elblogdemarcelo

domingo, 16 de agosto de 2015

DÍAS DE OFICINA: LA PREGUNTA

"Máscaras" de Saul Steinberg

Arquímedes y Amarilis caminan esa mañana calados de pesares propios y compartidos, o ya resueltos a naufragar en cataclismos calóricos de chocolates y empanadas, o ya delirando juntos la aparente ausencia de sus ángeles custodios.

Les antecedieron ciertos ropajes rentados, los encuentros de café y migas de galleta, un cúmulo indeterminado de horas muertas de archivo, algunos tropezones de pasillo, y ciertas mentiras de etiqueta y factura, mentiras sólo de números, de slogans, de ojos maquillados y cejas bigotudas.

Una especie de marasmo carcome a la hora del almuerzo, se apodera de ellos en los tacones sin tapita y las corbatas de Mickey Mouse.

Ambos son jóvenes, jóvenes exitosos y carentes.

Arquímedes y Amarilis investigan esa tarde farragosos informes técnicos, la pregunta se entremezcla ensopada de letras Arial, o les asalta sorpresiva en prolongadas idas al baño y al bebedero. Intenta asirse a sus pasos alfombrados, “lo que importa, en todo caso, es que la oferta cubra la demanda de un mercado cada vez más competido,…”. Sacudirla entonces es la táctica, y ruedan plásticos comodines en llamadas a móviles y puntos de agenda, en carpetas de memos enviados y el chequeo de la correspondencia ordinaria. Pero ella aguarda, los dos lo saben, en la espera asfixiante de sus sonrisas estudiadas y disímiles.

¿Pueden vivir así? Casi llegan a creer que sí.

El sol naranja de las cinco, y la pregunta al bolso, a la gaveta, a la papelera. El tranvía de zapatos, como un cuchicheo de escuela primaria, baja juvenil entre escalones de brillante parquet. Sus miradas se cruzan casuales en el espejo, ascensor número 5, Torre Empresarial, confortables oficinas gris y magenta, amplio estacionamiento para el personal, moderno sistema de aire acondicionado, vista a la autopista, seguridad garantizada, servicio de cafetería, fácil acceso,… y ellos allí, con su pregunta, disimulada en el clon del cristal, flotando en la visión replicante de la imagen invertida, respirada en sus ojos artificialmente felices, en la soledad eficiente de sus tardes, en el torbellino de murmullos del minuto postrero.

Planta baja, Arquímedes y Amarilis regresan del mundo del espejo, se hunden en la masa anónima de las calles, huyen del laberinto, justo cuando abordan, desde unos metros de indeliberada distancia, el mismo vagón del Metro.

@elblogdemarcelo

sábado, 15 de agosto de 2015

Fiesta de la Asunción: Pacto de amor con María


Hoy, fiesta de la Asunción de Nuestra Señora, quiero compartir esta hermosa oración de consagración a María que fue encontrada en una Biblia y que llegó a mis manos hace unos 20 años cuando vivía en Venezuela. Aunque el lenguaje es tradicional, la anima ese impulso del Espíritu Santo que mueve los corazones a consagrarse a la Madre de Dios para mejor amar y servir a Jesucristo. 

Pidamos a ese mismo Espíritu Santo, que cubrió con su sombra a la Virgen Asunta al cielo, que unja nuestros corazones y nuestros labios con el fuego del Amor, y que las palabras de esta oración acrecienten nuestro deseo de seguir a Jesús en la escuela de su Santísima Madre.

PACTO DE AMOR CON MARÍA

Inmaculada Virgen María, Madre de Dios y Madre de la Iglesia, en este día quiero renovar mi consagración total a tu maternal corazón. Yo, n., me entrego por completo a ti y te tomo como mi especialísima Señora y Abogada, a fin de vivir más plenamente mi compromiso bautismal, bajo el único Señorío de Jesucristo, el Hijo de Dios.

A través de este pacto de amor te pido que se renueve en mí el deseo de convertirme a Jesús y a su Evangelio, de arrepentirme sinceramente de mis pecados y de vivir unido a ti en perfecta obediencia a Cristo, el Señor.

Te entrego, ¡oh María!, mi corazón, mi cuerpo, mis ojos, mis oídos, mi lengua, mis manos y mis pies; te consagro mis facultades: mi libertad, mi entendimiento, mi memoria y mi voluntad; ofrezco a tu servicio mi tiempo y los talentos naturales que el Señor me ha regalado; te confío mis familiares, mi trabajo y profesión, las cosas materiales que poseo, mi situación económica.

Dispón de mí, Madre bondadosa, como verdadera Reina y Señora.

Pongo también a tus pies los pecados que he cometido a lo largo de mi vida, mis debilidades, miserias y vicios,  para que tú se los presentes a Jesús, y Él me conceda la alegría inefable de su perdón y su misericordia.

Te consagro mi vocación en la Iglesia, te imploro que me ayudes a cumplir la misión que se me ha encomendado aquí en la tierra, ayúdame a ser un colaborador en la construcción del Reino de Dios, alcánzame el don de perseverar hasta la muerte en el seguimiento de Jesucristo, el Maestro amado.

Ofrezco en tu honor todas las acciones buenas que pueda realizar en esta vida, enséñame a orar con perseverancia, hazme dócil al Espíritu Santo, que yo me deje guiar y transformar por Él.

Reina de los Apóstoles, haz que yo sea, donde quiera que vaya, un verdadero testigo de Jesús Resucitado

Ampárame con tu manto de todos los peligros de alma y cuerpo. Líbrame de las mentiras y sugestiones del demonio y haz que te invoque en la hora de la tentación. Concédeme el don de amar a Jesucristo con todo mi corazón, con todas mis fuerzas, con toda mi mente y con toda mi alma. Aviva mi fe en Él y alienta mi esperanza en su misericordia.

María, medianera de todas las gracias, por esta consagración, derrama sobre tu servidor el don de la humildad y de la pureza para que la obra de misericordia que el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, realizan en mi vida, redunde en gloria y alabanza de la Santísima Trinidad.

Finalmente, te consagro desde ya el momento de mi muerte, que tu amparo maternal me asista en ese instante y me lleves de la mano ante Jesús, el Señor, para amarle y alabarle junto contigo por toda la eternidad. Amén.

¡Virgen María,… aquí tienes a tu servidor!
Avemaría
¡Virgen María,… aquí tienes a tu servidor!
Avemaría
¡Virgen María,… aquí tienes a tu servidor!
Avemaría


San José, ruega por nosotros
San Juan Evangelista, ruega por nosotros
San Luis María Griñon de Monfort, ruega por nosotros
San Bernardo de Claraval, ruega por nosotros
San Maximiliano Kolve, ruega por nosotros.

miércoles, 12 de agosto de 2015

La Asunción de María: ¿Conoces las pinturas más representativas de este misterio?

He pasado un buen rato buscando pinturas sobre la Asunción de la Virgen María. El tema fue muy representado, descubro, en el barroco, con su profusión de ángeles con tirabuzones y los giros del manto de Nuestra Señora, y sus pliegues, y sus rizos. Son escenas, francamente, recargadas, que parecen moverse en sentido circular.

Un buen ejemplo de lo que digo es este cuadro de Pedro Pablo Rubens, pintado en 1620 y que se encuentra en el Museo del Hermitage de San Petersburgo:


Cada vez que pienso en el barroco me acuerdo de Baviera, Alemania. Hay que ir allí para entender realmente qué significa este estilo artístico. De hecho, el misterio de  "Mariae Himmelfahrt", la Asunción de María, aparece con frecuencia en las pinturas de muchas iglesias bávaras.

Por ejemplo, la iglesia de Hohenfurch, un bello pueblo situado a 1 hora de Múnich y que, si les pilla de camino, les recomiendo visitar:




Buscando y buscando, uno de los más hermosos que he encontrado es el pintado por El Greco en 1577 y que se encuentra, mira por dónde, en el Instituto de Arte de Chicago:

"

Los motivos del cuadro del Cretense los veremos repetidos en muchos de los que se han pintado en los últimos quinientos años: la tumba vacía, los cielos abiertos, los hombres que miran hacia arriba asombrados, la presencia de ángeles que acompañan a Nuestra Señora en su subida, la luz divina que irrumpe.

Estos elementos constituyen una verdadera tradición pictórica sobre el tema de la Asunción.

En la representación de la Santísima Virgen está de fondo la figura del  signum magnum del Apocalipsis: "Una gran señal apareció en el cielo: una Mujer, vestida de sol, con la luna bajo sus pies, y una corona de doce estrellas sobre su cabeza,..." (Apoc. 12, 1)

Detrás de estas imágenes hay un trasfondo teológico muy interesante: la Asunción de María es una fiesta de claro sabor pascual, resuena en ella la alegre noticia del domingo de Resurrección: ¡El sepulcro está vacío!

María asunta al cielo ha sido revestida del cuerpo glorioso de Cristo Resucitado. Y toda la Iglesia se mira en este espejo, ve en ella su destino definitivo.

En síntesis, la Asunción de María nos ayuda a comprender el misterio de la Resurrección del Señor.

En otras tradiciones, y en el oriente cristiano, esta fiesta es conocida como la "Dormición" o el "Tránsito de Nuestra Señora". En estas representaciones aparece casi siempre la Virgen acostada rodeada de los apóstoles. Una de las más conocida es la de Andrea Mantegna, pintada hacia el año 1462 y que se encuentra en el Museo del Prado de Madrid:


En los iconos tradicionales de la ortodoxia junto a la figura yacente de María aparece Jesucristo en el centro, dándonos así la clave teológica de este misterio: la Asunción de Nuestra Señora acontece en Cristo y por Cristo Resucitado



En el arte contemporáneo la representación del misterio de la Asunción se ha simplificado notablemente, en las pocas obras que he encontrado el escenario lo ocupa por completo Nuestra Señora. La mirada es interior, se intenta penetrar en el secreto del corazón de la Virgen que es transformada por la experiencia inefable del cielo. Un buen ejemplo de lo que digo es esta hermosa pintura del estadounidense Tim Langendefer:


Dejo hasta aquí esta búsqueda, meramente aproximativa, de la representación pictórica del misterio que estamos a punto de celebrar: la Asunción de Nuestra Señora. Comprender cabalmente estas obras de arte requiere, me parece, penetrar en su significado teológico y espiritual, un significado que apenas me he atrevido a esbozar aquí.

Ir revisando con los alumnos los misterios de la fe cristiana a través de la pintura de todos los tiempos es un excelente recurso didáctico para la clase de Religión.

Si alguno conoce otra pintura representativa de la Asunción que se me haya pasado, le invito a dar su aporte a través de los comentarios. Un saludo y que María nos colme a todos de sus bendiciones.


@elblogdemarcelo

martes, 11 de agosto de 2015

ÁRBOL DEL MUNDO


Árbol del mundo que abrazas entre tus bíceps el respiro del suelo, el alivio de la sombra, el color que murmura mi ser adánico, me convocas: ¡vuelve al génesis!, al seno materno que un día te vio nadar en el oleaje de las proteínas y las vetas danzarinas del carbono vegetal.

Soy un resplandor del verde, que baila a mi lado con alegría, soy ese abrazo paternal, broncíneo, en el estruendo del viento que sacude tu entereza, tu larvado cuerpo, los entresijos de tus poros, tarros de miel por donde mana el ungüento de mí nombre.

Fui engendrado en ti hace milenios, en ese laboratorio donde un rayo de sol se convierte en una sabrosa papaya, en la mística viviente de tu alma vegetal, hospedando ecosistemas, recombinando polvo de estrellas, despedazando fotones de luz, trastocando el orden azaroso de las tierras que pisas con tus zapatos de gigante.

Yo soy el fluir de auroras convertidas en movimiento y pulso, un rastro inerme que camina, hermano de esa madera que ocupará el sitial de algún banco donde jóvenes enamorados pensarán sus cosas, velarán hasta el amanecer y el viento de la noche nos traerá el llanto de un bebé.

La enajenación del aroma, los perfumes, los adorados jardines de oxígeno y luz, en cómodas cuotas de vejez y actos repetidos, en una sensible unidad de respiro, conjurando el tedio, la mano cruel del tiempo que se posa sobre mi cogote, y que me va convirtiendo en humus, en la soledad y en la tiniebla de un charco de petróleo.

Retorno contigo al tío vivo de la vida, seducido en la noria de tu copa sorpresiva, asalto una rama, en el frescor de un misterioso cruce de tus piernas. 

Tú me andas respirando en esta noche de verano, anclándome a la tierra, me exploras en los períodos y las eras geológicas, cuando bajo tus pechos una pareja de dinosaurios intercambiaban cromos o una dirección de correo electrónico, o unos pitecántropos desaliñados dibujaban un alfabeto y enterraban a sus muertos en unas vasijas de barro, que unos hombres con gafas descubrirán una tarde de primavera.

Soy el tiempo que habla, que habita y piensa las cosas, perplejidad pura.

Soy el superhéroe que una vez creyó ser, pero no fue, no lo fue nunca, y ahora, entiende, no lo será, sino, simplemente,  este puro ir queriendo ser toda la vida.

Con la fe a cuestas, persisto en el acto de mirarme en el espejo de mi Creador, un reflejo del cordón que me ató al momento amniótico, cuando mis células siguieron, obedientes, las instrucciones programadas de mi código genético, dibujadas en una espiral doble de carbonos y aminoácidos.

Descubro que cada hoja está contada en el ábaco de Dios.


Yo me entreno cada día en este mirar absoluto.

@elblogdemarcelo

lunes, 10 de agosto de 2015

De nuevo fe y razón: una respuesta al escritor Juan Goytisolo



El pasado domingo me tropecé en El País con un artículo de opinión de Juan Goytisolo, escritor, flamantemente titulado: “Fe y razón”.

Lo leí enseguida pues el tema me interesa sobremanera, me figuraba una fina disquisición sobre un debate que ha marcado todo el pensamiento occidental, desde los presocráticos hasta Heidegger, pasando por la ilustración y toda la filosofía del siglo XIX.

¡Vaya desilusión! Lo que me encontré fue una diatriba panfletaria en contra de la fe de los cristianos, plagada de prejuicios e inexactitudes, un artículo dirigido claramente a ridiculizar a los creyentes, tratados aquí como si fueran borregos que repiten y repiten verdades sin entenderlas.

No voy a señalar punto por punto los dislates que he encontrado en el escrito, sencillamente estoy cansado de ésta mi vocación tardía de apologeta,  yo quisiera hacerme el desentendido,… si yo iba para poeta y para hippy,… Pero esta vez voy a responder, algo quedará de lo que diga.

Comienzo comentando que el estudio del origen del universo es un problema científico y a la vez un tema religioso. La ciencia, con los métodos que le son propios, indaga las causas y los procesos que han dado lugar al surgimiento de la materia y de la vida, a su posterior desarrollo y a sus transformaciones. Aquí la fe no tiene nada que decir, estamos en el campo de las explicaciones científicas, fundadas en las evidencias y en los hechos.

Paralelamente, que no en contra, la religión, a la luz de la razón y de sus propias tradiciones que llamamos revelación, reflexiona sobre el principio y el para qué último de todo lo que existe, indaga si la existencia del universo tiene algún sentido y significado.

En este tema hay muchos interrogantes abiertos.

La teoría científica del bing bang postula que hubo una explosión primera como origen de todo. Pero esto no responde a todas las preguntas porque para que ocurra un evento de esta naturaleza tiene que existir previamente un “algo” capaz de explotar. Además, si todo ha sucedido azarosamente, ¿cómo se explican el orden y la regularidad que predominan en el universo?

Podemos renunciar, si les parece, a estas preguntas, o darlas por incontestables. Pero es propio del ser humano inquirir sobre el significado de lo que existe e ir más allá. La pregunta por el sentido está en el corazón mismo del hecho religioso.

De todas maneras da la impresión de que el señor Goytisolo no sabe diferenciar una explicación científica, sujeta a lo que los hechos demuestran, de una explicación religiosa, que reflexiona sobre el sentido o significado de lo que acontece. Yo ni siquiera espero al bachillerato, se las explico a mis alumnos de 1º ESO en el primer trimestre, y créanme, a pesar de mis deficiencias como profe, la mayoría logra comprenderlo.

Queda aclarado que no se está introduciendo el creacionismo en las aulas como una forma de combatir el evolucionismo, tal y como maliciosamente afirma el escrito. El evolucionismo, como cualquier otra teoría científica, no contradice la fe en un Dios creador, la Biblia no es un manual de ciencias, no nos dice cómo fueron las cosas, sino que utilizando un lenguaje en ocasiones mítico comunica verdades muy profundas vividas por el pueblo de Dios desde sus orígenes.

Es cierto que en el cristianismo de tradición protestante ha habido una corriente muy fuerte que ha opuesto el creacionismo a la teoría de la evolución, pero el pensamiento católico ha ido por otros derroteros. Decir que es un “esfuerzo desesperado” por combatir la evolución es falso y no se corresponde ni con los contenidos ni con la visión de la asignatura de religión.

Otro asunto que me interesa abordar es acerca de lo irracional que le resulta a Goytisolo creer en ciertas historias del Antiguo Testamento que a él le parecen francamente míticas e infantiles: la existencia de Adán y Eva, el diluvio con su arca, etc. Dejando aparte que la lectura fundamentalista de los textos bíblicos no es propia de la teología católica, más allá de la verificación histórica de estos eventos, lo que interesa aquí es la hermenéutica, es decir, la interpretación que hacemos de unos relatos del Antiguo Testamento que contienen verdades muy profundas acerca del ser humano, y de la eterna lucha entre el bien y el mal.

Desconoce, o parece desconocer, Goytisolo, los avances en el campo de los estudios bíblicos, una disciplina que se cursa en universidades del mundo entero, y que comprende, entre otras cosas, el estudio de los modernos métodos exegéticos, el análisis histórico-crítico de las formas, los géneros literarios, la historia crítica del antiguo Israel, los estudios culturales, literarios, arqueológicos, etc.

No me extraña que ciertos relatos de la Escritura le parezcan infantiles, claro, él se figura que leemos la Biblia como los cuáqueros protestantes que llegaron a América en el "Mayflower".

Cita luego la famosa frase de Tertuliano (160-220 d.C.): “Creo porque es absurdo”, y la aplica indiscriminadamente a todos los creyentes, incluyendo, para mi asombro, a la pobre Santa Teresa de Jesús, una mujer abanderada de las letras y con un fino sentido de lo real y de lo humano.

Olvida el escritor, o no dice, que el pensamiento cristiano no se desarrolló a lo largo de la historia con base a la postura de Tertuliano, que la reflexión sobre las relaciones entre fe y razón han ido por caminos muy distintos de la mano, por nombrar a dos grandes, de san Agustín y de santo Tomás.

La teología católica siempre ha buscado comprender a la luz de la razón la fe que profesamos. En esta búsqueda ha dialogado siempre con la filosofía y con la cultura, ha utilizado incluso sus conceptos y su lenguaje, y lo hace, precisamente, porque piensa que es posible razonar los contenidos de la fe cristiana. Me viene ahora a la cabeza, por ejemplo, una magnifica encíclica de Juan Pablo II: “Fides et Ratio” (1998), le vendría bien a don Goytisolo leerla, le vendría bien, para que conozca lo que piensa la Iglesia sobre este importante tema, y que lo de Tertuliano no ha tenido mucha resonancia a lo largo de la historia.

Por último, un clásico, el artículo presenta a los cristianos repitiendo de carrerilla un credo que no entienden, por puro amor al misterio. No, mire, qué pena, entiendo que en su esquema necesita presentarnos así como gente aborregada y pacata, pero eso no es cierto, entre los creyentes habrá de todo, por supuesto, pero me consta que la Iglesia procura explicar a los fieles los contenidos de la fe, y eso desde los tiempos apostólicos.

En mi caso personal, yo no los repito por repetir, me los he pensado muy seriamente, y como yo, muchos, más de los que imagina.

Esa imagen de los cristianos como gente simple que cree lo que está mandado, y que no reflexiona sobre su fe, no se corresponde con la realidad actual, es una caricatura muy al gusto de cierta crítica que se difundió con la ilustración.

He escrito esto por los amigos creyentes que visitan este blog, y no tanto por el autor del artículo que vivirá en el feliz reino de las monadas leibnizianas. Estos intelectuales tienen su parnaso particular, una especie de Olimpo desde el cual miran desdeñosamente al resto de los mortales, rodeados de su corifeo de aduladores y entusiastas.

Seamos respetuosos, yo lo soy, con los no creyentes, pero respondamos con la verdad a estos ataques contra la fe, máxime cuando descubrimos que lo que afirman son disparates dichos con toda malicia para ridiculizarnos.

Estamos, forzosamente, y como tantas veces a lo largo de la historia, en un tiempo recio para la fe. No tengamos miedo, pidamos discernimiento y sabiduría, y testimoniemos la verdad.

@elblogdemarcelo

Como este es un blog muy animado, aquí le dedico a Don Goytisolo una chirigota de Los Defensores de Luis: "Cada vez que digo que yo soy creyente"