viernes, 30 de octubre de 2015

DE LA DISTRAÍDA VIDA DE ULISES NIVARIA: Primera parte


Todo empezó cuando los padres del chico se separaron, y la madre tuvo que dejar aquel piso de lujo donde vivían holgadamente, creo que era en Las Mimosas o un poco más arriba, es igual, sentémonos aquí por el portal, bien, ¿qué te decía?, ¡ah sí!,  además ya no podía mantenerlo en ese colegio pago, sí, carísimo, por eso tuvo que ir a un instituto público, allí comenzó con lo de los porros y otras sustancias, todo un canchanchán,… ¡Colgado la mayor parte del tiempo!... ¿Qué si asistía a clase?, claro, claro que asistía, pero no se enteraba de nada, nada. Al padre lo veía, si acaso, tres veces al año, el hombre se había forrado con la empresa aquella que montó para reformar pisos antiguos. No, no es así, ¿en Los Cristianos?, ¿qué dices?, no señor, en el Puerto de la Cruz, estoy segura, se construyó un chalecito con lo que ganó con lo de los terrenos para el centro comercial, tu sabes que estuvo saliendo en la prensa, que si todo estaba apañado con la concejal de obras, que si las cuentas bancarias en Andorra, que si patatín, que si patatán. Y luego, como siempre, la cosa terminó en una comisión de una subcomisión para estudiar el caso con calma, y tras profundos análisis resolvieron que había que seguir estudiando, ¿a qué sí?, para que los señores subcomisionados y comisionados no perdieran sus dietas y otros detallitos de nada, y todos tan contentos. Tú me dirás cómo iba a estar pendiente del chico, justo en esos años del insti, y es que además ya se sabía que la pensión que les pasaba apenas les daba para ir tirando, por lo que Paca, la pobre, tuvo que colocarse como portera en un cochambroso edificio del centro, y nada, a Ulises no lo controlaba ni Dios, si estudiaba o no estudiaba, cuáles eran sus juntas, si hacia o no hacia gamberradas por las esquinas, que parece que no, pero hay que fijarse la cantidad de cosas que se les ocurren a los pibes cuando los dejan a su aire, y eso que el chico, si te pones a ver, no llegó a lo que otros que conocemos del barrio. Nunca pasó de las golferías propias de la edad, un escaquearse de los deberes en cuanto podía, un rebotarse de tarde en tarde con la pobre madre, tienes razón, lo malo fue eso, lo de los porros, y, claro, también los colegas de la calle, que lo jalaban para todo, y no había manera que se centrara en algo, así los días se le iban a toda leche, y eso.

Por lo que no es de extrañar que suspendiera mogollón de cursos, y venga la pobre Paca a llorar, Ulises, cariño mío, ¿qué te pasa? Así estaban las cosas cuando Penélope, ¿te suena?, sí, esa misma, la chica del quinto derecha, lo convenció para que asistiera a la iglesia evangelista que funcionaba por la calle Salamanca. El pibe estuvo de aleluya por ahí casi un año, con su Biblia bajo el brazo y repartiendo octavillas por las esquinas. Los domingos casi nunca faltaba al culto, sí, exactamente, se apuntaba a todo: a las campañas de milagros, a los testimonios en la calle, los sábados cerca de la Plaza El Príncipe, a las visitas por las casas, a los cursillos nocturnos de doctrina y mogollón de veces, cuando te lo encontrabas en la calle o en la guagua, te comía la oreja intentando venderte una revista de titulares apocalípticos, “El ébola, un macabro aviso antes del fin”, y cosas así,  y se ve que le molaba cantidad, bueno, lo digo por la carita que ponía cuando te ponía la revistita esa sobre las rodillas para que la hojearas. Hasta que un buen día abandonó el tema, será que se cansó o se metió en algún lío, lo digo porque Tere, vale, pero acércate un poco más para contarte, sí, la del estanco, dice que tuvo un rollito un poco raro con la hija del pastor, una niña bonita que acabó aprobando las oposiciones de auxiliar III del administrativo II de Bibliotecas y Centros Lúdicos en Las Palmas. De hecho a la chica no se le vio más por el barrio, y, sabes lo que te digo, él tampoco apareció más por la Iglesia.

Decidió entonces, pues algo tenía que hacer, ponerse a estudiar de verdad, se apuntó en una academia a ver si por fin sacaba el graduado escolar, era esa que quedaba por la Rambla de Pulido, ¿te acuerdas?, por la calle Álvarez de Lugo, cerca del bar de Conchi. La cosa no funcionó porque volvió de nuevo a liarse con los porros, o se metía a deshora en alguna sala de cine del Meridiano. Eso fue cuando lo de “A todo gas uno”, sí, exactamente, la de los coches, una obsesión por el tuning, ¡qué fuerte, tía!, venga a ver la peli, lo menos sopotocientas veces, a comprar pósters de coches adornados con unas tías pechugonas y en unos mini, mini, bañadores, era una pasada como había empapelado la habitación, y, desde luego, Paca, la pobre, estaba hasta el gorro del dichoso tema del tuneo. No te quiero contar cuando por fin estrenaron la tan anunciada “A todo gas dos”, las colas que hizo con la Penélope, el ruido de las palomitas confundido con el rugido de los motores, sobre todo en esa escena en que el coche, tuneado a todo meter, se lanza sobre el barco del narco aquel, como le sudaban las manos y se tragaba toda la saliva del mundo viendo cómo se lo montaba el protagonista, ¿cómo era que se llamaba?, es verdad, Brian O´connors, sí, un ex poli de Los Ángeles, radicado en Miami, un guaperas al volante, que encima engatusa a la agente infiltrada de la aduana, con unas miradas y unos besuqueos que le quitaban el hipo a cualquiera.
Bueno, a todas estas, ¿y los estudios?, ¡nada, mi niña!, por eso cuando llegó junio ya se sabía que había perdido el dinero de la inscripción, las mensualidades, los libros, y encima el tiempo. Además se la pasaba sin pasta, y venga a colgarse del brazo de la pobre madre, a pedirle los cuartos para esto y para lo otro. Por eso, no te extrañe que cuando en julio salió un aviso de prensa de lo más chulo solicitando chicos para enrolarlos en la Armada resolviera presentarse, sí, tía, les dan un sueldito, y encima, con el uniforme se ven guapísimos ¡Ah!, Paca, la pobre, estaba que se salía, casi no lo podía creer, vieras la foto que puso en el salón con su hijo cuando la jura de bandera. Ahora sí, ahora sí, decía, su hijo, por fin, iba a sentar cabeza.

El chico estuvo de comisión en un navío de esos impresionantes, claro, de marinero, que a otra cosa no había llegado el pobre. En su primer viaje navegaron hasta Cartagena de Indias, en Sudamérica, después de tantos días en alta mar, no sé si veinte, ¿tienes un cigarrillo?, vale, gracias, pues sí, les dieron una semana de licencia para conocer la ciudad y tal.  A él  le daba igual conocer los monumentos históricos y cosas de esas, lo que lo ponía era contemplar a las negras caribeñas paseando por las playas vendiendo dulces de coco y otras chucherías tropicales. Distraído en estos asuntos se metió por una barriada de las afueras, de esas que no les enseñan a los turistas ni de broma, la típica que aparece fotografiada en los trípticos de las ONG y, ¡no te lo vas a creer¡, cuando menos se lo esperaba aparecieron unos tíos con unas pistolas tipo Rambo y lo obligaron a montarse en un coche de lo más cutre, él intentó resistirse, ya sabes lo chulito que se pone algunas veces, pero un derechazo en toda la narizota lo dejó tieso. Al principio creyó que eran unos delincuentes que vendrían buscando perras, pero no, no eran delincuentes ni ocho cuartos, era un comando de guerrilleros de la FARC, ¿entiendes?, sí, guerrilleros, ¿que qué significa FARC?, ¡yo qué sé, tía!, atiéndeme para que te enteres, cruzaron media Colombia, que no es poco decir porque date cuenta que ese país es como tres veces España, y está lleno de montañas, así que te imaginarás las vueltas que hay que dar y que, encima, las carreteras de allí no son para tirar cohetes, ¿sabes lo qué te digo? Después de varios días, él mismo no se atrevía a calcular si serían dos o tres,  llegaron por fin hasta donde tendrían su escondrijo los guerrilleros esos, y lo encerraron en una chabola. Luego se supo que estaba en una región que llaman del Putumayo, cerca del mismo río Amazonas, o sea en la selva, pero selva a lo bestia, alejado de la civilización y sin esperanza de escapar, rodeado de unas arañas monas horrorosas, serpientes tipo boas, como las de la peli, hormigas culonas, y, según contaba después, unas lluvias interminables que a él le parecía que en cualquier momento se toparía de narices con Noé el de la Biblia. Las noches eran lo peor, vale, mejor caminamos un poco, aprovechemos que ha salido el sol, anda ya,  ¿no ves que estamos a dos pasos del García Sanabria?, vale, eso es ¿Qué te venía contando?, ¡ah sí!, lo de la selva.

Y tanto que estaba hecho polvo, bueno, no sólo él sino también Paca, la pobre, tenías que verlo, venga la señora a llorar por la tele, a pedir la intervención de las autoridades; la foto de Ulises con su gorrito de marinero, venga también a salir todas las noches por el telediario, y la  respuesta del Presidente del Gobierno, que sí, que se solidarizaban con el sufrimiento de un español en apuros, pero con una cantinela de noes que no veas, que no pagaremos el rescate, que no estamos dispuestos a negociar con insurgentes, terroristas o qué sé yo. Chica, ya era hora, por fin llegamos, venga vamos a sentarnos por aquí mismo, claro, ¿tú qué crees?, yo también estoy cansada ¿Qué te venía contando?, ¡ah, sí!, lo del secuestro. El gobierno tenía su jugada con la policía de allá, y parece que también con una agente especial americana, una rubia anoréxica nacida en Nueva York y criada en México a quien todos llamaban Miss Susan y que se coló de espía en pleno campamento ¿El rescate?, sí, claro, primero una unidad de asalto rodeó con metralletas el asentamiento guerrillero, ¡crash!, luego apareció un helicóptero de estos modernos sobre la chabola, y se escuchó el estruendo de una bomba, ¡bumba!  Al cabo de un rato, media hora o algo así, encontraron al pobre Ulises temblando, abrazado a la chica americana, y rogando que no les matasen ¿De los guerrilleros?, ni rastro. Sin dejar de abrazar a la rubia, pues  con el secuestro se habían apañado el uno con el otro, sí, a lo love story, los trasladaron a Bogotá, y de allí, hala, a Tenerife.

Al llegar al  Reina Sofía, tuvo que rodearlo un cordón de seguridad; la prensa estaba desbordada: fotógrafos, grabadores, cámaras de TV, cámaras de cine, micrófonos, móviles; sí, exactamente, el abrazo con la madre, eso fue lo mejor, era un pedazo de abrazo, y la gente gritaba: ¡guapo!, ¡guapo! Esa semana no se dio abasto para programas de radio y televisión: en “Protagonistas con marcha” de las 40 principales, ¿o sería la cadena dial?, luego en el programa de Wyoming “El Intermedio”, una breve reseña en “Corazón, corazón” de verano, y luego todo un reportaje en el lugar de los acontecimientos por “Documentos TV” ¡Ah!, se me olvidaba, en el “Pronto” le hicieron un especial a pleno color, allí sí que salía la rubia de Nueva York, la chica declaraba desde su oficina del FBI, y además en el jardín de un edificio de cristal de lo más fashion, claro, ella daba su versión, desmintiendo los rumores que habían corrido aquí en España sobre su romance con Ulises, no señor, ella era una profesional de lo secretísimo, todo formaba parte de una estrategia de seguridad y no sé qué flautas. Vieras las discusiones en “Sálvame Deluxe”, la Lydia Lozano venga a machacar con esto y con lo otro, ¡ah! se le inflaba la yugular en el cuello, ¿pero no sabías?, vas a flipar, resulta que le achacaron un rollito con la Ana Obregón, ya sabes cómo le molan a esta tía los pibes, el tema fue las fotos que sacaron una noche que dedicaban en Madrid un homenaje de mucho postín a todas las víctimas de los secuestros y cosas así, patrocinado por no sé qué asociación, todo gente muy bien puesta, incluso estuvo la misma Reina Sofía, con un peinado de bucles a lo Madonna, y otros grandes de España. Allí Ulises, muy chulito, dijo unas sentidas palabras, y sí señor, ¡enhorabuena, tío!, desde ese día ya no quiso seguir con la asistencia psicológica que le pusieron, sí, ¿pues tú qué crees?, la gente queda con unos traumas muy subidos, lo que pasa es que a él se le pasó en seguida ¿Qué dices?, ¡no, mi niña!, lo de Ana Obregón fue nada, un lleva y trae de rumores, aclaraciones, y, luego, ya se supo, una mentira más para ganar audiencia y de paso, ¿a qué sí?, unas perritas extras ¿La revista?, no, no la boté, debe estar en casa en alguna gaveta, a ver cuando te la enseño. La edición se agotó en seguida, ya te digo, flipabas, la gente por las calles cuando lo reconocía decía: ¡bravo!, ¡bravo!  ¿Te apetece un cortadito?, vale, entremos en el bar de Josefa, aquí mismo. ¡Ahh!,… claro, claro, con esto de los programas se le veía muy suelto, lo vieras, contaba su testimonio y lloraba, era alucinante. Aquí hay una mesa, venga, vamos a sentarnos.

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jueves, 29 de octubre de 2015

PASANDO REVISTA: El caso de Estefanía Mendoza


La sombra vespertina, una engreída pantera tras los adormilados estantes de horticultura y ciencias del agro, minutos antes, minutos después, se refugia a los pies de la bibliotecaria. Estefanía Mendoza, peinado tipo Cristóbal Colón, displicente mirada desde el espejeante mundo de unas gafas de alambre. Ahí, enfrente, a su derecha, los últimos usuarios de la sala, un desgarbado estudiante de medicina, apestoso a tabaco, y, para variar, Teresa, la profesora de sociales que vuelve a revisar, ¿será posible?, los deshilachados tomos de la sección D-5, estante 17 a la derecha, antropología; etnología; etnografía: estudios de caso: islas del Pacifico Oriental, 1927.

Ordena de nuevo el tocho de las fichas de préstamo, bien, las cuenta de nuevo, vale. Se levanta, observa de soslayo a los usuarios, reacomoda unas hojas sobre su escritorio, se sienta, mira el reloj. Sí, hay tiempo

A las ocho menos diez apaga las luces del fondo. Llegó la hora. Aquí vienen, primero el joven, sonrisita escueta, y nada más, suficiente; venga, ahora la investigadora, “gracias señorita Mendoza, mañana vuelvo, sí claro, ...vale, gracias”, recibe los libros, no hay ceremonia en ello, hay cansancio quizás, o tristeza, ¿tristeza?, sí, tristeza, eso es, para qué negarlo, desde que se le comunicó, ya va para un mes, la decisión de la Junta Directiva, el adelanto de su jubilación, su baja forzosa el próximo viernes 31, una disimulada melancolía le acogota el pecho al final de la tarde, aunque le humilla, vaya si no, reconocerlo. Vuelven las acicaladas palabras de la carta al retortero de su mente, “..., aprovechamos la ocasión para hacer un reconocimiento expreso de la encomiable y meritoria labor que durante los últimos 20 años ha desempeñado al frente de la Biblioteca...”, y de nuevo este penoso darse cuenta de que ella sobra, sencillamente sobra. Se levanta a cerrar las ventanas, corre las cortinas, eso le dio a entender subrepticiamente el doctor Aguiar, siempre tan circunspecto, pero no es tonta, risitas ahogadas abajo en el gañote, tosecita nerviosa, “esperamos que comprenda señorita Mendoza, el sistema tradicional de la biblioteca va a ser sustituido próximamente por uno nuevo en base a procedimientos informáticos automatizados que requieren un personal experto en dichos procesos técnicos, por lo que en compensación se ha decidido anticiparle la jubilación,...”.  Abre por rutina las gavetas, el volumen de inventarios, sí, aquí está; las fichas de control sobre el mostrador, perfecto; la vieja máquina de escribir “Underwood”, bien, eso es. Se levanta de nuevo, pasa las yemas de sus dedos sobre la madera de los archivos - por autor, materia, título -, “esperamos que comprenda,..”, “esperamos que comprenda,...”, qué se han creído los de la Junta, no, no comprende nada y está triste y está muriendo.

Sola, sí, sola, gira su cabeza y mira, que si la mesa, que si la papelera, que si la persiana, que si la silla, todo parece muerto, como ella misma ¿Sentarse?, no, no, sigue de pie, sus manos se entrecruzan por encima de la cintura púrpura de su falda de dos pliegues; camina sigilosa, ¿flota?, frente a estos amplios ventanales, salpicados de grumos, luz estrangulada, asfixia de sombra y polvo. 

Asfixia. 

Como todas las tardes, decide pasar revista a los estantes. Se da la vuelta, pasitos cortos, simulando el roce de la soga, la conducen a la otra ala de la estantería, ¿huye?, no quiere pensar, es todo, busca un lugar, se evade en la selva de los libros, en la espesura feraz de sus espíritus. Allí, estante 3, Homero canta la cólera de Aquiles, el fragor estentóreo de las lanzas troyanas; sí, por aquí está bien; Esquilo es apenas un rumor de lágrimas ante las cadenas de Prometeo, solloza, el corazón le palpita; ahora, sobre el techo, Eurípides proyecta los ayes de las Suplicantes, esas viudas que reclaman los cadáveres de sus hombres, caídos en desgraciada tierra extraña; busca la silla, sí, la silla, la rueda hasta situarla bajo la lámpara principal, no, todavía no, debe proseguir el recorrido; dos estantes más a la derecha, tramo 12, cantares de gesta, juglares y trovadores danzan cabe sí, el mago Merlín quiere el Santo Grial. Ella es, sin duda, la amada doncella de luenga cabellera bajo las garras de Guillermo El Conquistador, un vestido talar azul se arrastra entre el techo y la silla, sí, aquí está la fosa del castillo, unos esperpénticos dinosaurios se solazan, siente sus patas verdes y babosas detrás de la espalda. Se caen las gafas, tramo 14-6 ¿Escucha voces?, cada vez más cerca del techo, Alonso Quijano vela sus armas, es el caballero Don Quijote quien le habla, por la meseta castellana va ella, Estefanía del Toboso, esperándole en cualquier posada, en cualquier alquería, entre carreteros y crujientes molinos de vientos ¡Oh pero qué tenemos aquí!, Mefistófeles quiere convencer al anciano Fausto, sus ojos entornados la miran fija y arteramente, una carcajada traspasa las paredes de la sala, su cuerpo se va poniendo frío, su sangre desacelera el ritmo; Novalis la auxilia, él busca la rosa azul, ¿cómo ayudarle?, la noche en sus labios es un himno, casi una elegía; sí, ahora puede reconocerlo, es la misma voz de ultratumba que atormentó a Hamlet, ella también ha sido traicionada, ella sólo es un no to be, que se balancea, fofo,  sobre el aire, como una ligera y vacilante plumita; en el estante 7 la esperan los elegantes franceses, Madame Bovary, su compañera de intento, en la boca del estomago puede sentir la ponzoña; como a Julián Sorel, lo senderos, rojo y negro, se le entrecruzan y le acobardan el ánimo. El pánico lo puede sentir en el temblor compulsivo de sus manos lívidas. El borde mismo de la lámpara amarrada, que sirve de contrapeso, parece ceder, ¿no sucedió antes?; pero la luz viene de oriente, la santa Rusia pervive en el tramo 6-3, los senderos plateados de la estepa infinita, una isba, el staretz que la aguarda en la pustinia solitaria, en sus ojos toda la ternura del universo se condensa, San Petersburgo, Alioscha Karamazov suda su inocencia de siglos; son tan extraños estos olores humanos en torno suyo, ¿de dónde vienen estas voces?, un impulso repentino la empuja a los poetas, tres tramos a la izquierda, estante 9, Góngora, Lorca, Neruda, pero la aturde la marcha circular del tiempo, la continua repetición del último acto, la agonía del capítulo final que reitera al infinito el tedioso ciclo, regresa entonces a la silla, ella misma contempla su cuerpo que pende amoratado, en el rostro se congela el terror del postrer respiro, pero ¿por qué tuvo que caer la lámpara?, ¿por qué?, ¿por qué?, vuelve la repregunta inútil, mientras Rosaura, la enfermera, la conduce suavemente a la cama Nro. 33 del Hospital Psiquiátrico, donde reside desde hace un mes, cuando un fallido suicidio la sumerge en un crónico estado psicótico. Tímidas estrellas, tomadas de la mano, velan su sueño de narcóticas agujas. Mañana, cuando la engreída pantera de las sombras se refugie de nuevo a sus pies, Estefanía Mendoza, como todos los días desde su llegada a este hospital, revivirá su muerte, mientras pasa revista a los libros de su biblioteca. 

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miércoles, 21 de octubre de 2015

PROHIBIDO LOS COLORES


Sucedió en un extraño planeta.

Arriba, en lo alto de una montaña, los niños miraban el universo desde un telescopio mágico. Cuando te instalabas en el mirador, y dabas vuelta a la manivela, cambiaban los colores de las cosas que se veían a través del cristal.

¡Era tan bonito y divertido!

El ancho mundo que se contemplaba desde la altura, con sus diversas formas de vida, podía verse de pronto color verde esmeralda, y entonces aquel color te mostraba secretos misteriosos de lo que había, y que permanecían ocultos para el rosado o para el azul.

Los niños fueron descubriendo que cada color mostraba algo distinto, te permitía ver algún matiz diferente de las cosas, por eso aunque cada uno tuviese su color preferido, sabían que todos eran necesarios en aquel mágico telescopio.

¿El mundo era amarillo o era blanco?, se preguntaban, y probaban mirar los objetos desde cada uno de esos colores, y se lo pasaban bomba averiguando los mundos diferentes que iban surgiendo ante su curiosa mirada

Pero entonces llegaron ellos.

Un grupo de los que cuidaban el telescopio, que era de todos los habitantes del planeta, comenzaron a decir a voces por todas partes que el mundo era de un solo color, él de ellos, un gris plomizo y ceniciento. Y afirmaban que lo moderno, lo que estaba acorde con los tiempos, era enseñar a los niños para que todos vieran lo mismo y pensaran lo mismo. Ellos decían hablar en nombre de la libertad y la democracia, y la gente escuchaba y se quedaba pensando si sería cierto.

En su campaña, llegaron a perseguir a quienes se atrevían a afirmar que ellos veían el mundo de otro color, sea azul o sea rojo. El que quiera ver otros colores que se encierre en su casa, decían, ¡y qué no fastidie con su cantinela ni suba a mirar por el telescopio! Muchos se dejaron convencer, y los coreaban cuando pasaban diciendo: “El único color que vale es el nuestro, los demás no existen clap-clap-clap”.

Tras un tiempo de amenazas y de gritos, llego un día en que este grupo se adueñó definitivamente del mirador de la colina.

Entonces, una de las primeras medidas que tomaron fue quitar por decreto la manivela del telescopio, así nadie aprendería que existían otros colores para contemplar el mundo. Sólo estaba permitido el gris tubería, el único válido para ver las cosas.

Ese día se prohibieron totalmente los colores. Los niños aprendieron a mirar siempre siempre el mismo paisaje, y a pensar siempre siempre lo mismo. Y les fueron inculcando en sus cabecitas que todos los otros colores con los que alguna vez se podía ver el mundo, o eran mentira o no existían.

Muchos niños cuando se hicieron mayores aún recordaban con nostalgia cuando en el telescopio se podía aprender a ver el mundo desde diferentes colores y como cada color les había enseñado algo.

Cuando lograron imponer a todos el mismo color, se hizo muy fácil controlar las vidas de los habitantes del planeta. Y por una extraña mutación, las siguientes generaciones de niños y niñas se fueron convirtiendo en los fríos engranajes de una gran máquina.

Esos días tristes aún no han llegado, pero negros nubarrones se asoman ya en lo alto de la montaña.

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lunes, 19 de octubre de 2015

PAISAJES DE OTOÑO 2015: Regresar al jardín















En las primeras páginas de la Biblia vemos al ser humano viviendo en comunión y armonía con las cosas creadas, en medio de un hermoso jardín. Siempre he pensado que esta sencilla imagen esconde verdades muy profundas de la condición humana.

Adán y todos sus hijos estamos ligados a todo lo que respira y existe, somos hermanos del polvo mismo de la tierra, filogenéticamente descendemos de esa masa de materia y energía que después de millones de año dio origen al milagro de la vida.

Nuestro laboratorio fue un jardín, de allí venimos, y por él suspiramos muchas veces.

El pecado rompió esa koinonia de amor entre nosotros y el resto de las criaturas. Surgieron civilizaciones que transformaron radicalmente el paisaje, y a medida que hemos ido creciendo en tecnología, y se han ido expandido las fuerzas productivas, nos fuimos separando del contacto directo con la naturaleza. 

Nuestro desarrollo científico-técnico es impresionante, ¡qué duda cabe!, pero nos hemos convertido en las piezas desechables de un gran monstruo mecánico. Hemos cifrado el objetivo de la vida humana en la acumulación e intercambio de bienes y servicios, y, paradójicamente, la mayoría de la humanidad tiene que luchar cada día en una economía de subsistencia para lograr siquiera el pan cotidiano.

En medio de los efectos demoledores de esta sociedad que nos homogeneíza y cosifica, que nos reduce al papel de consumidores, se infiltra la melancolía y el sin sentido del para qué todo este proceso que nosotros mismos hemos desencadenado. Rumiamos nuestra soledad en estrechos edificios de apartamentos y vivimos el tiempo del trabajo como un castigo. A veces distraemos nuestros dolores en los mundos virtuales que hemos creado, una realidad ilusoria y la mayoría de las veces insustancial. 

Recuerdo ahora, por ejemplo, mis estancias en el norte de Europa, en países con un nivel de vida que ya quisieran muchos, esos ambientes sombríos, de gentes solas, encerradas en sí mismas,  con un deje melancólico en el rostro.

En medio de nuestra deshumanización, sentimos nostalgia por volver al jardín primero, por recuperar lo bello que hay en nosotros.

La contemplación de la belleza del paisaje despierta lo bello, lo bueno y lo verdadero que late en cada corazón humano.

Porque la belleza nos humaniza, nos ayuda a recuperar los sentidos espirituales que tenemos francamente embotados.

Recuperar la sorpresa del primer Adán ante la hermosura inicial de las cosas, tener ojos de niño y admirarse ante las maravillas policromáticas del otoño, sumergiéndonos en el espectáculo de un atardecer, sintiendo la hierba fresca deslizarse en nuestras manos, escuchando el canto de los pájaros y el suave susurro del viento sobre las hojas del árbol.

En una palabra, regresar al jardín.

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viernes, 16 de octubre de 2015

No hay que ser marxista para estudiar el marxismo


- No es contigo, Marcelo, pero la Religión es un asunto privado que no debería tener cabida en la escuela, y menos en la pública.

Así me decía una persona en un breve intercambio de pasillo esta mañana. No dije nada. Enseguida sonó el timbre y me fui directo para la clase. Después del recreo nos tropezamos de nuevo. Tengo una pregunta, le dije:

-¿Militar en un partido político, por ejemplo en uno de izquierda, es un asunto público o privado?

- Privado, por supuesto

- Y, digo yo, para estudiar las bases filosóficas de ese partido, su ideario político, su concepción del mundo, ¿tengo que ser militante de ese partido? 

- No, claro que no, ¡faltaría más!

- Te lo pregunto, porque me pasé más de la mitad de mi vida universitaria estudiando el marxismo, conozco a fondo sus postulados, sus autores más representativos, Marx, Lenin, los llamados revisionistas, el  Libro Rojo de Mao, etc. Soy capaz de hacerte un análisis marxista de la realidad, conozco su epistemología y su visión materialista de la historia y de la vida.

- Y todo este rollo, ¿a qué viene?

- Creo que el conocimiento de esta corriente filosófica es sumamente importante para cualquier estudioso de las ciencias sociales, y de las humanidades en general. De hecho, si se quiere comprender la historia del siglo XX, hay que saber de marxismo, así de claro. Quienes me formaron en la ciencia de Marx, eran, en su gran mayoría, militantes de izquierda, algunos bastante radicales. Sin embargo, yo nunca he militado, entre otras razones, porque mi visión cristiana ha chocado siempre con algunos postulados básicos del marxismo. Sin embargo, gracias a mi formación, puedo valorar críticamente sus aportes y reconocer sus contradicciones. 

- Venga, Marcelo, vale ya, ¿a dónde quieres llegar?

- En síntesis, que no tengo que ser marxista para estudiar el pensamiento de Marx. Se trata de un conocimiento público que se ofrece en las instituciones académicas, que está en los libros, y que, aunque yo no milite personalmente en sus filas, se considera útil y necesario para comprender el pensamiento y la historia.

Me detuve un segundo. Ella me miraba con la interrogación dibujada en los ojos. Proseguí:

- Pues bien, hace un rato me dijiste que el estudio de las religiones y, en concreto, del cristianismo, era un asunto privado. Imagínate lo que significa la fe en Jesucristo en la historia del pensamiento y en nuestra cultura occidental, su influencia determinante en el arte, en la moral, en la filosofía, en el modo de vida de Europa y de todo occidente, desde San Petersburgo hasta la Argentina, desde las pinturas del Greco o de Van Gogh hasta la misa de Réquiem de Mozart, desde la escolástica hasta el pensamiento de Nietzsche. La teología cristiana es una disciplina universitaria, forma parte de las humanidades, tiene una metodología y un marco conceptual. Eso por no mencionarte los contenidos de mi asignatura relacionados con la historia comparada de las religiones y la antropología cultural ¿Comprender el mundo del Magreb, por ejemplo, obviando el conocimiento del Islam? ¿y dónde dejamos el estudio del hinduismo o del budismo que están en el corazón de oriente? 

- Me parece que no lo has entendido bien, se trata de cosas bien distintas

- ¿Cosas distintas? No, el problema es creer que estudiar religión me convierte en un militante cristiano o musulmán. Ese es el prejuicio y nada más. Militar en una religión, o adherirme a ella, sí que es un tema personal y privado, pero conocerla o estudiarla es un asunto de educación y de cultura, un conocimiento que ayuda a comprender las raíces culturales de la sociedad donde vivo, su pensamiento, su historia, sus manifestaciones artísticas, y que promueve ciertos valores como la convivencia y la solidaridad. Además, ni siquiera se impone a nadie, es un estudio elegido libremente por el alumnado o por sus padres. En este sentido, la Religión en la escuela representa una opción de libertad, de tolerancia, la posibilidad de ofrecer una educación integral donde todas las áreas del conocimiento estén presentes.

- Venga, veo que te lo has tomado muy a pecho. Es lógico que defiendas tus garbanzos, pero,...

- No, no, no es sólo que defienda mi trabajo. Esto es algo bastante serio. Se trata de derechos, de defender una escuela pública pluralista y abierta, para que la educación no se convierta en una dictadura del pensamiento único, del pensamiento políticamente correcto, y excluya, por motivos que no son académicos sino francamente ideológicos, el estudio de un fenómeno tan importante como la religión y el cristianismo. 

- Mira, ya está, no me vas a convencer, lo siento mucho, pero mejor lo dejamos aquí.

- Vale, vale, por supuesto, cada uno con su visión de las cosas, pero que quede claro que así como no hay que ser marxista para estudiar el marxismo, tampoco hay que ser religioso en la vida personal para estudiar los contenidos de la asignatura de Religión.

Concluido nuestro encuentro cada uno se marchó a sus asuntos. Al final del día volvimos a coincidir en un cambio de hora. Me acerco y le digo:

- Te invito un café

- OK, pero dejemos en paz el temita de la Religión, ¿vale?,...

- Seguro, seguro,... pero quería decirte que voy a escribir sobre nuestra conversación en mi Blog

- ¡No tienes remedio!,... ¡Haz lo que quieras! 

Y nos fuimos juntos a la cafetería. 

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martes, 13 de octubre de 2015

Historias: Ella lo mató


Una lluvia pertinaz iba calando sus cabezas, empapando el nicho recién abierto, fresco y oloroso a tierra húmeda. Todas las miradas se dirigían a un punto vacío, impreciso, más allá del horizonte del cementerio. Perla,  rodeada y sola, gemía entre sollozos

- Ay Pedro; ay, mi amor, mi amor,...

Los allí reunidos, callaban y seguían mirando sin ver a la desconsolada joven. Los ojos vagaban por entre el lagrimoso cielo y la tapia del camposanto, con su vieja enredadera y sus piedras mohosas.

- Ay Pedro, cariñito mío, te me vas, te me vas,....

El padre Eustaquio, párroco del barrio desde tiempos de la prehistoria, proseguía con el rito católico. Tras la lectura del Evangelio: " Yo soy la Resurrección y la vida,...",  roció el ataúd con agua bendita. Luego, mirando a ambos lados, mostrando la pureza senil de sus ojos grisáceos, invitó a los presentes a una plegaria:

- Recemos juntos un Padrenuestro por el descanso eterno de nuestro hermano Pedro.

Años más tarde, la escena vuelve a su mente, reiterativa. La lluvia, menuda e interminable, la voz cascada de don Eustaquio, el mirar impávido de los asistentes, la pala cargada de tierra apiñada chocando contra el cajón mortuorio. Él tenía apenas ocho años. Hoy sólo puede decir, lo que en aquel momento era una simple sospecha: ella lo mató. 

Corría el año 98, diciembre para ser exactos, Pedro, después de asegurarse un ascenso en su cargo de administrativo de la firma "Rocha, Roche y Asociados", decide, con sus veinticuatro años mohínos en el bigote, casarse con Perla, vecina de la barriada, con quien mantenía un secreto, por más que ya era del dominio público, noviazgo; una relación que se remontaba desde los tiempos en que ambos, temblorosos, traspasaran los umbrales de la adolescencia, e iban juntos al liceo "Andrés Bello" o coincidían los domingos en el cine en función de matiné.

Once meses después nació Pedrito.

A los dos años de casada Perla se aburre por las tardes,  decide entonces tomar un curso de cocina por Internet y se obsesiona con la elaboración de pasteles y tartas. Gana un concurso online. El premio: un año gratis de productos del supermercado, y a los pasteles y a las tartas, se sumaron las hamburguesas con queso derretido, y otras fritangas.

Pedro, que no cabe de contento al ver el éxito de su mujer, nunca desprecia la comida que Perla le sirve a tiempo y a destiempo: a media mañana, al almuerzo,... más el tentempié de la media tarde, el piscolabis antes de la cena,… ¿Cómo decirle que no si lo hace con tantísimo amor para su maridito?

A los 8 meses, y tras una subida bestial del colesterol, el hombre muere de un infarto.

“Ella lo mató, ella lo mató”, sigue diciendo Pedrito que roza ya los veinte años y comienza a lucir una prominente barriga. 

@elblogdemarcelo

lunes, 12 de octubre de 2015

Año de elecciones: el discurso vacío de los políticos


Lo suelto de una vez: ¡estoy saturado de la verborrea de los políticos! Un continuo bla, bla, bla, previsible, hueco, salpicado de clichés y lugares comunes, con sus intervenciones diarias y sus encuentros de fin de semana, y, últimamente, sus bailoteos en los platós televisivos. 

Discursos insustanciales, repetitivos, sin creatividad, planos, sin propuestas nuevas para el país. Unos mensajes dirigidos casi siempre al político contrario, mientras el resto de los ciudadanos se limita a contemplar el contrapunteo mutuo de respuestas. Decepcionantes.

Como elector, me siento, francamente, maltratado en mi inteligencia.

Por cierto, alguna vez me he preguntado quien escoge a ese público, casi siempre juvenil, que ponen como tribuna detrás del político cuando aparece dando su discurso por la tele y que suelen mostrar una mirada alelada mientras escuchan embelesados a su líder, como si estuvieran en trance o asistieran a una asamblea de cristianos pentecostales, y estuvieran a punto de gritar: ¡aleluya, hermano! Por favor, que alguien me explique, si es tan amable, de dónde salen estos chicos tan patéticos y tan poco representativos de la juventud española.

Estos días, por ejemplo, al señor Rajoy le ha dado por repetir que votar al PP es de sentido común. A ver, amigo, siéntese conmigo y cuénteme que es eso que usted llama "sentido común" porque yo no me aclaro. A lo mejor se refiere a la lógica de los mercados y de la obediencia ciega a las directrices de la oligarquía financiera que gobierna Europa: recortes, devaluación del salario, precarización del empleo, y demás austeridades habidas y por haber.

La lógica del máximo beneficio, la que convierte todo en mercancía. La lógica que dice que la mejor política para generar empleo es que el Estado no tenga ninguna política real en este punto ¿Plan de choque para enfrentar el desempleo? Ninguno, esperemos a que mejore la economía y entonces, la mano mágica, invisible, del mercado nos traerá el trabajo. Pamplinas.

Todavía recuerdo el eslogan del PP en las anteriores elecciones: "Lo primero es el empleo". ¿Se puede ser más cínico? Lo primero ha sido recortar para poder pagar nuestras deudas, y a estar calladitos que en Europa mandan la Merkel y los bancos. 

Es cierto que los indicadores macro-económicos han mejorado, pero no me venga con la historia de que "el único camino posible" para crear empleo es no intervenir en la generación de empleo.

Cuando escucho a Rajoy hablando de sentido común, no sé los demás, pero yo pienso todo esto.

Pero el PSOE no se queda atrás y a veces me resulta, francamente, más chocante si cabe. Resulta que todo se les va en las típicas frases contra "la derecha derechona", pero que no terminan de aterrizar en asuntos concretos. A ver señor Pedro Sánchez, siéntese, déjese de apelar a los viejos fantasmas de "izquierda-derecha" y dígame ¿tiene usted un plan económico distinto al del señor Rajoy?, ¿se va a enfrentar a las políticas neoliberales europeas? Le cuento que don Zapatero no pudo, y se plegó totalmente, incluso reformando la constitución para garantizar a nuestros acreedores que lo primero es pagar, aún a costa de las políticas sociales. Una reforma, por cierto, bastante bochornosa para un partido como el suyo.

Lo que he visto hasta ahora es a la gente del PSOE intentando convencerme de lo malo, corrupto e ineficaz que es el PP, obviando todo logro posible de este gobierno. Ni siquiera les escucho reconocer la mejora de los indicadores económicos, y si alguna vez lo reconocen, el mérito nunca es de Rajoy y sus políticas, sino de otros factores coyunturales. Todo muy previsible.

El colmo para mí fue el otro día cuando escuché al líder de este partido decir por todo el gañote que vivíamos mejor en tiempos de Zapatero. Alucinante, la verdad.

Tengo la impresión de que el PSOE se quedará en estas elecciones en eso, denunciar los casos de corrupción del partido contrario, minimizar todo lo que pueda los suyos propios. Y hacer propuestas que no afecten directamente a la economía y al empleo, como su discursito anti-religión de estos últimos meses, y que les hace sentir, ¡uf! ¡uf!, muy de izquierdas e hiper-progres.

La realidad realísima es que bastante mal parada ha quedado la religión con el PP, por lo menos en el terreno de la reforma educativa de la Ley Wert. Esto nunca lo dirá la prensa de izquierda, por ejemplo El País, porque significaría desmontar ese mito de un "partido de derecha conservador que apoya a los católicos" y dejaríamos a la pobre izquierda casi sin distintivo.

A ver si me explico bien, la gente de izquierda necesita un PP que aparezca en los medios como aliado de la Iglesia. Eso les hace sentir diferentes, y que tienen una identidad. Pero yo que soy católico, y vivo en España, y para colmo de mi desfachatez trabajo como profesor de Religión, les digo que no es así, que en realidad el PP es tan laicista como el PSOE. Espero que me perdonen por mi tentativa de "desmitologizar" el discursito este típico de la izquierda española, pero es que realmente me parece que alguien debería decirlo, para que no nos engañen tan por la cara.

Claro, hay diferencias en la estrategia comunicativa. El PSOE, como lo usa como bandera, es más sincero y directo en sus ataques a los católicos; en cambio el PP actúa más a lo zorro, dándonos la puñalada por detrás, mientras nos sonríe esperando que votemos por ellos. 

Básicamente la oferta del PSOE se reduce a eso: promover políticas liberales en materia de moral, identificarse con el laicismo y poco más. Lo grueso, lo que tiene que ver con la economía y los derechos sociales, la raíz de la "cuestión social", eso, en realidad, apenas lo puede tocar. Europa les ha amarrado las manos.

Lo veo así porque la Unión Europea es, esencialmente, un proyecto neoliberal de sociedad, que condiciona nuestra soberanía en materia social y económica. Una verdadera trampa para países como España y que deja a los partidos de izquierda con muy poco margen de actuación en materia económica, e incluso social. 

Una Europa, por cierto, también llena de discursos vacíos, grandilocuentes, y completamente prescindibles y soporíferos.

En fin, no digo más, pudiera incluir en mi comentario a los nuevos actores que aparecen en el mapa político de España: Podemos y Ciudadanos, pero, temo cansarles con mi plática, así que lo dejamos para otra ocasión.

Sirva lo que está escrito de desahogo y de defensa ante la avalancha de palabras con que nos asaltan quienes procuran nuestro voto… Y las que todavía nos faltan por soportar de aquí hasta las elecciones de diciembre. Paciencia, mi gente.


@elblogdemarcelo


jueves, 8 de octubre de 2015

Ciencia y religión: Me declaro científico y creyente. Inteligencia, admiración y fe


¿Ciencia y religión se excluyen mutuamente? ¿Son enemigos irreconciliables? De vez en cuando me he tropezado, en compañeros profesores e incluso en algunos alumnos despistados, con objeciones del tipo: "es que yo soy científico, sabes, a mi esto de la religión pues no me va,..." A veces no digo nada, a veces respondo con alguna ironía del tipo: "Y claro, seguramente yo vivo en el Medioevo, tío".

Este prejuicio en contra de la religión es tan fuerte que por más que lo explique, y lo vuelva a explicar, y lo re-diga por activa y por pasiva, reflorece todos los años en las mentes de los jóvenes. Por cierto, ¡qué virus tan espantoso son los prejuicios de cualquier estirpe! Los expulsas por la puerta y se te cuelan por la ventana. Claro, no tienen un fundamento racional, no se atienen a razones ni a conceptos claros y distintos, son míticos en sentido estricto, es decir, creencias generalizadas que no se someten a la razón crítica y que terminan condicionando la valoración que hacemos de los hechos.

Quiero declarar desde mi fe católica que amo entrañablemente la ciencia y el conocimiento, que bendigo a Dios por la biología molecular, la física, la geología, la química, que me declaro devotísimo del método científico y del experimento, de las hipótesis y los estudios estadísticos. 

Y porque los católicos amamos la ciencia y el conocimiento, porque sentimos con particular apremio la necesidad de cultivar todas las ramas del saber humano, la Iglesia promueve la educación alrededor del mundo, patrocina universidades, institutos de investigación, academias, y  entre sus filas hay matemáticos, físicos, astrónomos, lingüistas, historiadores, sociólogos, médicos, etc.

Asumimos este nuestro amor al conocimiento y al quehacer de la inteligencia humana desde una mirada creyente, es decir, pensamos que el orden causal, las determinaciones, que descubrimos en los fenómenos que estudia la ciencia no son fruto del azar o de la mera casualidad, sino que responden a un propósito, tienen un sentido y un significado. Investigar este por qué primero, indagar sobre las preguntas últimas, es tarea de la filosofía y también de la teología.

Que conste que no necesito conocer cara a cara a Leonardo Da Vinci, por ejemplo, para saber que alguien, se llame como se llame, dibujó y pintó la Mona Lisa. Creer que este célebre cuadro se ha pintado solo, o por casualidad, entre millones y millones de posibilidades que había en el universo, lo siento pero atenta contra mi razón. Porque, además, basta mirar la pintura para darse cuenta que la obra tiene una intención, esa sonrisa tan enigmática, esos colores, esa mirada,... No señor, nada es casual, detrás está la mano de una inteligencia creadora.

A mí me asombra, lo digo como lo siento, que haya gente que se plante frente a la maravillosa "pintura" de la naturaleza, pensemos por ejemplo en la belleza helicoidal del ADN molecular, y afirme que todo ha surgido por simple azar. Y que argumenten que cómo no han conocido en vivo y en directo al "Leonardo Da Vinci" que pudiera estar detrás, pues han llegado a la conclusión de que, sencillamente, no existe.

No le falta razón al diablo cuando le aconseja a su bisoño compañero, en el conocido libro de C. S. Lewis "Cartas del diablo a su sobrino", que procure alejar a su paciente humano de todo tipo de argumento o razonamiento que busque la verdad pura y dura de las cosas, esas razones de peso que no se conforman con la jerga que está de moda.

En este debate ciencia-religión es bueno puntualizar que ni la Biblia ni la Tradición cristiana (con T mayúscula, please) dan respuesta alguna al cómo se suceden los fenómenos, no son manuales de ciencia ni son leídos o interpretados literalmente. Son textos esencialmente religiosos, su clave hermenéutica es distinta, testimonian verdades profundas que ha vivido, y celebrado, el pueblo de Dios a lo largo de su caminar en la historia.

Nuestra fe en Dios se alimenta de nuestro amor a la ciencia y al conocimiento, investigar y desentrañar los secretos del cosmos suscita en nosotros sentimientos de admiración y de estupor. Tantas maravillas, tanta belleza, tanta sabiduría. Lo que existe, lo que descubrimos con nuestra inteligencia testifica la presencia del creador: "Porque lo invisible de Dios, desde la creación del mundo, se deja ver a la inteligencia a través de sus obras: su poder eterno y su divinidad,..." (Rom 1, 20)

Tengo en la memoria algunas críticas que meses atrás algunos medios dirigieron al programa de Religión porque se proponía como objetivo, entre otros, suscitar en el alumno sentimientos de admiración ante la maravilla de lo que existe. A estos criticones de oficio les mandaría a leer los primeros párrafos de la Metafísica de Aristóteles, allí el filosofo nos habla de que es, precisamente, la admiración, la sorpresa frente a la novedad cotidiana del amanecer, el origen de todo conocimiento.

Sobre este tema tan debatido siempre me queda la sensación de que no he dicho lo suficiente, así que volverá a aparecer, ya lo verán, y diré más cosas, que no termino nunca de explicarme, y ya saben algunos como casi siempre me pilla el timbre con la palabra en la boca.

Celebremos está feliz amistad de la ciencia y la religión, cada una, eso sí, con su autonomía, pero llamadas a dialogar y a complementarse mutuamente.

Auf Wiedersehen!

@elblogdemarcelo