domingo, 8 de noviembre de 2015

La Justicia y el Derecho: el corazón de la Biblia. Una experiencia de taller en clase


Estos días he estado haciendo una tarea con algunos grupos de alumnos, les he invitado a escribir historias de esclavitud y de liberación. Busco con ello que aprendan a reconocer situaciones actuales de privación de la libertad, y la lucha que conlleva todo proceso de liberación de aquello que nos oprime, de aquello que atenta contra nuestra dignidad. Sencillamente, quiero que se "metan" en la situación.

La experiencia de esclavitud/libertad/liberación está en el corazón del mensaje de la Biblia. Cuando leemos sus páginas nos damos cuenta que el tema central es el asunto de la "Tsedeq" y la "Tsedaqah", es decir, la justicia y el derecho. Sólo desde esa clave se puede comprender la absoluta novedad del Dios Yahvé, frente a la experiencia religiosa de los otros pueblos de la antigüedad, con sus panteones de dioses opresores y faraónicos.

Pues bien, quiero introducir a los alumnos en la historia de lucha y de liberación que recorre las páginas del Antiguo Testamento: la manifestación de un Dios único, que no tiene imagen, que no está amarrado a un lugar, y que desvela su rostro amoroso en la lucha por la justicia, un Dios preocupado por el sufrimiento del pobre y del indigente, del huérfano y de la viuda, del extranjero. 

Yahvé, el que ES/ESTÁ, elige a unos esclavos sin papeles, gente sin tierra ni dignidad, pienso hoy día, por ejemplo, en el pueblo saharaui, y los invita a liberarse del yugo del faraón, pero no mágicamente, sino enfrentándose al poder militar de Egipto, con Moisés como líder y con la ayuda de Dios que lucha en ellos y con ellos.

Estos esclavos después de un largo recorrido por el desierto alcanzan por fin la tierra prometida. En el duro camino se han ido convirtiendo en un pueblo, el pueblo de la alianza, han tomado conciencia de ellos mismos, de su excelso destino, de su dignidad.

En Canaan los hebreos fundan un nuevo modelo de sociedad, una sociedad contraste, que no está basada en la violencia de hermano contra hermano, ni en la esclavitud. La clave está en el reparto de la tierra entre las familias que forman las tribus de Israel. Ser el dueño de la tierra es condición imprescindible para ser un hombre libre.


En este sentido, el Israel primitivo es una nación única, un pueblo que no está gobernado ni por reyes ni por sus cortes, que no tiene ejércitos, que no está sometido a tributos. En la asamblea de los ancianos, los jueces administran justicia, dirimen los asuntos entre hermanos. Ellos deben ser un reflejo de la alianza, transparencia del Dios justo y santo, el verdadero Rey de la nación.

Luego, en los avatares de su historia, los israelitas se apartarán de este ideal, se convertirán en una nación como las de sus vecinos, con reyes, con soldados, con impuestos, y ya no se guardará el derecho y la justicia para con el hermano. Los profetas les recriminarán a la cara que se han apartado, precisamente, del ideal de la justicia y la misericordia, la esencia de la Ley, pero ellos no escuchan, y entonces sobrevendrá la catástrofe anunciada, la invasión de Babilonia, el destierro.

Jesús de Nazaret llevará a su plenitud esta experiencia del Dios que se revela en el amor y la lucha por la justicia, basta leer, por ejemplo, el Sermón de la Montaña o la escena del juicio final, para darse cuenta como el tema del pobre y del necesitado vuelven a estar en primer termino: el hambriento, el sediento, el desnudo, el emigrante, el enfermo, el que está en la cárcel, allí se muestra y se revela el Dios viviente.

Los alumnos han escrito sus historias, las hemos leído en clase, algunas son mejores que otras, por supuesto, los chicos no están acostumbrados ni a crear ni a escribir, pero han hecho un esfuerzo por meterse en una situación de esclavitud y por dar una solución liberadora al problema. Les he dado una semana más para que corrijan y mejoren el primer borrador y me lo entreguen. Y volveremos a leer algunos de sus relatos, pues, reconozco, no falta en muchos ni creatividad ni ingenio, sólo es cuestión de remover bien la tierra de los talentos que se esconde en el corazón de los jóvenes.

Con esta experiencia de aprendizaje, espero, ir navegando mar adentro, e irles descubriendo esta apasionante historia, la de Israel, el pueblo de la Biblia, 

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sábado, 7 de noviembre de 2015

Doña Imelda Dóniz y la Sociedad de Santa Catalina


Un muelle mecerse en el sillón de mimbre, suelos de loseta escarlata, moteadita, bata de casa y la tarde que cae de sus labios maduros, pintones; luego sus ojos, fondo de botella, seven up efervescente, vagando por las cumbres o brochazos de azul, por ese cielo naranja o quizás verdoso, depende de las gafas. Enciende la televisión, maquinal zapping, publicidad de pañales, cotilleos del corazón, consejos de cocina, y de nuevo, pañales, jabones, noticias. Pulsa el botón rojo del mando. Asoma dulce un trozo de cabeza por entre los cristales, sí, constata, ya se encienden los faroles neoclásicos de la plaza, monísimos, ya se ven los grupos diseminándose por la avenida que bordea el puerto, aquella a la derecha debe ser Carmencita González, la hija de su primo, el director de la oficina bancaria, hay qué fijarse lo sueltita que anda esta niña últimamente, cómo se descuide Carmita…

Ocho menos cuarto, se escucha el taconeo acompasado sobre la acera, tic-toc, tic-toc, un aletear de mariposa sobre calles de sombra lilácea; El Pilar, nº 12, al lado de la Iglesia. Dentro del grupo de señoras de la Sociedad de Santa Catalina, congregadas en esta cálida noche de agosto, ella, doña Imelda Dóniz, viuda de Cabrera, goza de un merecido prestigio, no sólo por ser una de las pocas fundadoras que todavía sigue viva, o por la holgada renta que le dejara su finado esposo; sino, especialmente,  por esa prestancia moral, esa fuerza, esa seguridad que dimanan de su carácter, tan chic, tan queridísima, tan elegante. De pie en medio de las damas, se destaca su estampa un tanto estilizada, encantadora; la rectitud de sus maneras, suaves pero firmes, ponderadas; lo atinado de su juicio al intervenir dos o tres veces para aclarar algún punto o dar los avisos de la directiva; tan femenina, refinadísima cuando mueve las manos salpicadas de pecas, cuando abraza tierna su bolso de piel azul marino, cuando juega con su collar o se seca con un pañuelo lindo las gotitas de sudor sobre la doble arruga del bozo.

Pasa la mano por su peinado, un discreto modelado de peluquería, cabello de un desvaído castaño, con elegantes visos de plata, milagro del tinte y las delicadas manos de Yeray, su estilista. Se discute la fecha del bingo, “Pro-fondos Obras Sociales de la Fundación” , un leve inclinar de sus gafas, listo, será el 26, y no el 20, todas se acoplan gustosas; ahora el lugar, alzamiento mimoso de sus cejas, no, en el salón parroquial no, como quiere Jacinta; contrae su frente, modula su voz, eso es, será en el Salón de Recepciones del club de La Marina; ¿se contrata la orquesta?, pero, por favor, claro que sí, y alza levemente el tono de su voz; nuevas oposiciones de Julieta y Rosa, alegatos fracasados ante un puchero de la comisura de sus labios húmedos, finísimo carmín.

La voz de Hortensia, entre mofletes de naranja, anuncia los resultados, letra y número, ronda doceava del bingo, gira el globo con las bolitas, murmullos. Ahora una última intervención de la orquesta, suavísimo pasodoble, a continuación un ritmito más movido, algo latino, algunas parejas salen a bailar, hay risas cuchi rodando lindas por entre las mesas, decoradas con tafetanes color marfil. Todas guapísimas, Imelda querida, ese traje tipo sastre de Teresa es divino, qué bien le sienta, ¿está más delgada?, sí, jí-jí, sí, definitivamente, la dieta de la piña, aquí viene el camarero, ¡humm!, pastelitos con crema chantilly, gracias, sí, una Coca Cola, pero light, que sea light. Imelda se levanta, Laura y Nina, modosas en el andar, la siguen hasta el servicio, la puerta batiente, un cartelito con la silueta de una dama de la era victoriana, el ir y venir de las señoras a retocarse, ella se mira coqueta en el espejo y sonríe, guiña un ojo con picardía, castañuelas de risas monocordes, ji-ji, un estuche de colorete palo rosa emerge de una de las carteras, intercambio de pinceles,… sí, chicas, no hay que descuidarse, a lo mejor aparece para nosotras ese mocito, o no tan mocito, ...de nuevo risas apretadas en el gañote, toses, suspiritos, ¿peero qué dices, Imelda?,…un toque discreto de perfume, shss, shss,…En ese momento sale de uno de los cubículos del baño Doña Enriqueta Cabrera, intercambio de miradas en el espejo, envaramiento del bolso de terciopelo, un pañuelito entre los dedos achorizados, ajuste de gafas que buscan el batir de la puerta. Afuera da comienzo la última ronda del bingo, ¡Josefinita!, tanto tiempo, mujer, sí, sí, estas igualita, créeme, te acuerdas, ahhh, gracias,…ay, mi niña, las cosas que hay que oír, sí, es así, como te lo cuento, una de las nuestras, emperifollándose en el baño, con unos modos,…unos comentarios,…tu sabes,…buscando rollito, es qué no me lo puedo creer. La orquesta toca ahora una melodía de despedida, ¡qué lindo ha estado todo!, salen las damas acompasadas, comentarios que se prolongan en el parking, rodando indemnes por la rotonda que conduce a la autovía, ¡qué tarde tan bella!, sueñan todas, tan maravillosas en sus coches, una mirada fru-fru al espejo y sí, claro, nos vemos en la próxima reunión, muak, muak.

Suena el teléfono en casa de Rociíto,  ¿qué tal el bingo, mi niña?, no pude asistir, claro, mira, pero ayer decían, que una de las señoras, tú, por si acaso, no me creas, tuvo un comportamiento, ¡hum!,…inadecuado, que sí, que sí,…venga, venga, cuéntame que te han dicho, ¡ahh te lo contó Maribel!; Hoolaaa,…Marita, sí, te vi en el mercado de las flores que inauguraron este domingo, siempre encantadora, a punto para las fotos, no, yo en verdad no vi nada, pero Ruperta la del periódico a lo mejor sabe;  Rupe, encanto, no pasan los años para ti, querida mía, los chicos siguen en la Península, mira, rica, que bochornoso lo del sábado, sí, sí, querida, ya es comentario general, anoche me lo dijo Esther en la boda de la más pequeña de los Martínez, vaya, tanto años, te imaginas, manteniendo nuestra imagen, sí, los tiempos, son los tiempos, además,… ¿vas el domingo para la comunión de Enriquito?, será algo muy íntimo, familiar, y, además, con esto que ha ocurrido, no sabe una a quien invitar, vale, mi niña, venga, un abrazo, saludos a todos; Guaci, corazón, te he llamado al móvil, ¿ya te contaron?, vale, vale, nos vemos en la peluquería; Asun, mi niña, ¿te lo contó Rociíto?, no sabes lo que te perdiste, en el paseo por la Rambla  no se habló de otra cosa,  ¿vienes el sábado al juego de brigde?, sí, seguro, animadísimo; Isabel, ¿ el desfile de modas?, bien, todas impecables, como siempre, ahh,…ya te contaron, sí, cómo te lo diría, hay quien asegura, y yo lo sé de buena fuente, que varias damas, ¿entiendes?, varias, sí, ¡qué horror! se estuvieron insinuando a los hombres del bingo, sí, sí, se me suben los colores a mi también, vale, un beso, dale recuerdos a Rupe, vale, venga.

A finales de septiembre,  tras varios días de calima sofocante, soplaban por fin los alisios. El macizo de Anaga se pintaba azul sobre el horizonte. Un grupo de señoras a la salida de misa por el funeral de Encarna, Dios la tenga en gloria, se reúnen por fin en el piso de Imelda para el café y las galletas, inevitablemente el comentario se cuela entre manteles, Imelda, toda apertura de ojos, rebesa pensativa su labio superior, sí, chicas, de estas cosas tan lamentables es mejor callar, el comportamiento impropio de algunas compañeras desdice del buen nombre y los altos fines de nuestra amada Sociedad de Santa Catalina, y al caer, estentóreas, sus pulseras, un guiño de sol rutila dorado sobre las manos pecosas de Doña Imelda Dóniz.

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DE LA DISTRAÍDA VIDA DE ULISES NIVARIA: Tercera parte


Lo de la Danae, la modelo, no termina ahí,… ¡tela marinera con lo de la esta mujer!... Un momento,… ¡Mira quien sale del Mercadona!, ¡mujer, no te des la vuelta así!, disimula un poco,… pe-ee-ro, por favor… ¿la reconoces?,… ¿saludarla?,…Noooo, déjate de historias, me parece que no nos ha visto, sigamos como si tal cosa. Menos mal, ya dobla la esquina. Sí, es Rosy, la hija del pastor evangelista, hacía por lo menos dos años que no la veía, ya te dije que vive en Las Palmas, el padre sigue trabajando por la calle Salamanca. El otro día Tere, la del estanco, bajemos la voz, me comentó que había logrado casarse con un chico de Galicia, parece que es un empleado de hostelería un poco mayor que ella. Sí, el hombre estaba separado, ¿viste el niño?, debe tener unos tres años, más o menos, ¿sabes?, siempre quedó la duda por lo del rollete que le achacaron con Ulises, vamos, y como, casualmente, justo por esas fechas la niña desaparece del barrio y se va a vivir a Las Palmas, ¿qué dices?, claro que estaba lo de las oposiciones que había aprobado de auxiliar administrativa, pero es que luego, a los meses, se presenta con este niño, claro, ¡ni tonta que fuera!, acompañada con el hombre que te digo, un  camarero,… aspiraría a algo más, con lo pretenciosa que era, siempre dándoselas de finolis,… no sé, no sé,… tú me dirás… , bueno, ya sabemos cómo es la gente de chismosa, es una pasada cuando se ponen a murmurar, dígame la Tere, es qué es de cuidado, una lengua viperina, para todo tiene un cuento, con esa cara de boba que pone cuando vas a comprar el periódico o alguna chuche y luego por detrás, las va colando… nosotras ni caso, que no se diga que damos píe a habladurías. Tú ten cuidado cuando vayas al estanco y empiece esa mujer con su preguntas, y con sus vueltas, pues sin darte cuenta te enredas y te las coge enseguida,… Bueno ya hemos llegado, aquí te dejo, nos vemos a la tarde entonces, nada, mi niña, ¿a qué hora sales?, a las siete y media, bien, quedamos de nuevo en el bar de Josefa, vale, venga, ¡qué te sea leve!, adiós.

¡Por fin llegaste!, llevaba media hora esperándote, sí, el tráfico por la Rambla, ¡qué me vas a contar!, sí, menos mal que es viernes, Josefa, corazón, ponnos dos cañas, sí, fresquitas, venga, y algo de tapeo, ¿has visto como se ha subido la temperatura?, es una pasada lo de este calor,…en fin,…y luego nos estamos quejando del invierno,… Gracias, mujer, lo compré en las rebajas, ¡ja-ja!, ¿te gusta?, pues seguro que todavía quedará de tu talla,… no te enfades, tía, es broma,… ¿Qué como siguió la historia de Ulises después de lo de París?,… Josefa, dos cañas más, por favor.

En vez de regresarse a Tenerife,  le dio por seguir el rastro a la mujer de los yogures, cogió un tren hasta Múnich, al sur de Alemania, sí, exacto, allí se puso a deambular por la ciudad, calle arriba, calle abajo, me imagino que buscando a la Danae ésta. En una plaza conoció a un señor vestido de tirolés que tocaba un acordeón, el tío comenzó a hablarle en español, así como lo oyes, bueno, se trataba de un argentino con el pelo teñido de rubio que andaba de ilegal, sí, tía, el hombre se buscaba la vida tocando música por las calles del centro de Múnich. Ulises lo acompañó algunos días en sus correrías, pero él nunca ha tenido mucho talento para la música y además estaba agobiado con lo de la rumana.  Tres días más tarde consiguió  un curro en una empresa de salchichas a las afueras de la ciudad, en Geltendorf, un pueblito bávaro de lo más mono. Allí estuvo el pobre casi un año, ¿qué hora tienes?, vale, hay tiempo.

Un sábado en las noticias de la tele ve aparecer a la modelo. Se quedó de piedra. Resulta que la mujer no era de Rumania, sino de Chechenia, ¿sabes lo que te digo?, sí, vale, por allá por Rusia, es para flipar, la tía pertenecía a una célula terrorista de estas con tentáculos en varias capitales europeas, exactamente, venga, Josefa, ponnos unas aceitunitas, anda.

La chica se había infiltrado como asistente de recursos humanos, en una fábrica de armamentos en Berlín. Y claro, lo del modelaje había sido una tapadera. Durante algunas semanas el chico se obsesionó con el tema, fue reuniendo en una carpeta un montón de artículos de periódicos y revistas, las declaraciones de la supuesta rumana nunca lo mencionaban, ni siquiera aparecía Paris en su historial, ¡qué va!, ¡él nunca sospechó nada!, y, encima, ¿qué era eso de Chechenia?

Cuando la prensa dejó de mencionar el asunto, quiso él también pasar del tema. Por lo demás, ya estaba harto de liar salchichas, por lo que no es de extrañar que un sábado que se encontró con una niña correteando disparatada por los Alpes y se pensó si sería Heidi la de la serie aquella, decidió regresar a Tenerife.

Como siempre, no había ahorrado ni un duro, ¿de dónde, pues, iba a sacar para el billete?, no le quedo otra sino la de orillarse en una autovía, escribir con un rotulador rojo: “Spanien” y, hala, a esperar que algún coche lo fuera acercando. El primero en aventurarse fue un camionero italiano que llevaba un cargamento de lechugas hasta Berna, sí, en la Suiza francesa, el hombre casi ni hablaba, era un furibundo escucha de reggaetón, sí, exacto, y con reggaetón hicieron todo el trayecto, “dale, dale don dale, que somos subnormales…”, vamos a tomar las dos últimas, Josefa, dos cañas más, y la cuenta, el tío lo dejó en una gasolinera cerca de un cruce de autopistas en dirección a Francia. Aquí cambió el cártel: “Espagne”, siempre con su rotulador rojo. Después de un buen rato, casi se le hace de noche en aquel sitio, unos argelinos que iban hasta Marsella lo subieron en su coche, un Renault de segunda mano medio destartalado, si, tía, a cambio le pidieron que colaborara con la gasolina, ¡mujer!, me imagino que sí, alguna monedita llevaría. En Marsella ya fue más fácil, unos estudiantes vascos que conoció en un café aceptaron llevarlo hasta Vitoria. Al llegar allí, tomó un trabajo temporal como vigilante en una obra, tenía hambre, estaba cansado, se había quedado sin perras y necesitaba algún dinerito para llegar a casa.
A todas estas, la madre seguía trabajando como portera en nuestra calle de siempre, allí fue a parar Ulises, y, claro, la mujer casi no lo podía creer, hijo mío, cómo has estado, no he sabido de ti y todas esas cosas, Josefa, gracias, venga, saludos ¿Cogemos un taxi?, bueno, es verdad, vamos andando, total, es cerca. Ese día se encontró en la calle con un antiguo compañero del insti, ¿te acuerdas de José María, al que llamaban Chema?, ese mismo, sí, pues resulta que el chico estaba colocado en un pedazo de cargo en el Ayuntamiento, claro, Cloti  dice, ya sabes lo cotilla que es, que la concejal de asuntos sociales, una rubia estirada con una pinta de maruja que no veas, estaba colgadísima de Chema,  sea como sea, tenía manga, por lo que logró que cogieran a Ulises como ordenanza de yo no sé qué organismo autonómico que no me acuerdo, y, ahora sí, a trabajar: Ulises suba estos papeles a la directora, Ulises busque el expediente en el archivo de Marlene, la secretaria, Ulises que pasó con los pastelitos y el café, Ulises, las fotocopias, y Ulises para acá, y Ulises para allá, ya te digo, estaba en todo.

En la oficina conoció a Menelao, un becario muy peculiar, con quien trabó amistad enseguida. Una de las manías más notorias del joven era la de beber café, sabes lo qué te digo, a tiempo y a destiempo, era una pasada, cada vez que Ulises se acercaba a su escritorio, ¡zas!, ya le estaba sirviendo un café, …Era un tío un poco chalado, sabes, medio poeta, experto en shiatsu, una técnica japonesa de masajes, archivista de profesión y canguro miércoles y sábados por la tarde. De allí que algunos hayan pensado que ejerció cierta influencia en la rarezas de pensamiento que le vinieron al hijo de la portera, aunque lo grave, grave, vino después.

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martes, 3 de noviembre de 2015

DE LA DISTRAÍDA VIDA DE ULISES NIVARIA: Segunda parte


Pasó que con el correr de los meses se fueron olvidando del tema del secuestro y en un pispas Ulises dejó de ser noticia; bueno, te imaginarás, ya no quiso seguir de marinero, además la paga tampoco era mucha. Decidió entonces apuntarse en el INEM, hizo su cola toda una mañana, sí, exacto, por la General Mola. Mujer, ¡sí es muy fácil!, coges un número en un cacharrito que han puesto ahora, igualito al que usan en la charcutería del súper, en la pantalla digital te fijas si llega tu turno, entregas el papelito, y hala, te entrevistas con la funcionaria, eso si tienes suerte y la tía no se ha ido a desayunar, que si no te pueden salir raíces, sembrada allí un buen rato frente al ventanillo; pasas luego a la chica del ordenador y le tienes que dar: nombre, D.N.I., edad, dirección, estado civil, nivel de instrucción, oficio, y otras minucias; después cumplimentas una encuesta, sólo, te aclaran, para efectos estadísticos, en eso tres mesas más allá, otra chica te da un papel, la constancia de demandante de empleo, y ya está, ya te marchas ¿Ah, no has ido?, pues, espabílate, mi niña, claro, no vayas a creer que ellos te consiguen un curro, pues no, fíjate que no, ¿cómo te lo diría?, yo todavía no conozco a nadie que haya conseguido un trabajo en serio con el INEM.

Sí, es alucinante, a veces resulta que te tienen apuntada como administrativa, y lo que buscan es camareros, o chico de almacén, o comercial con coche propio, y total, mire, te dicen, lo lamentamos mucho, pero, espere, por favor, tenemos un curso superguay de reparador de ordenadores personales, que se sale, tía, y el instructor, es un máquina, venga, ¿te apuntas?, o de alemán II para atención a público, con unas mini prácticas de quince días como canguro en un complejo turístico del sur, ¿a qué sí? Cuando al fin se convencen que lo tuyo ya no es hacer cursos, y más cursos, que tú lo que pretendes es currar como cualquier hijo de vecino, te salen con aquello de ya la llamaremos cuando salga algo y san se acabo. En fin, ¿qué más da?, te sirve para el paro, y con eso ya vale, además, nunca se sabe, sí, ya sé que es muy chungo, pero es lo que hay, quieres otro  cortado natural, ¿no?, okey, para mí un café solo, Josefa, cuando puedas, vale.

Bien, por dónde íbamos, sí, lo de Ulises, mientras esperaba la aparición de un curro bueno, aceptó algunos trabajitos, un poco chungos la verdad, para ir tirando. Primero fue de comercial con lo de las ollas a plazos, ¿o eran unos tapper?, no, eran unas ollas con un nombre antiguo de señora inglesa, ¿cómo dices?, Ronna Ware, sí, esas mismas, de puerta en puerta, y sin coche, que fue lo peor, pues para esa época todavía no tenía carné, cogía un lote de edificios, con un callejero bajo el brazo, y, hala, a timbrar en los porteros hasta que alguien abriera. Vaya lío que se formaba el pobre explicando a la maruja de turno el follón ese de la financiación, total que terminabas de pagar las ollas tres días antes de que te metieran en el asilo, ¡qué va!, no vendió nada, no servía de comercial; luego, repartidor nocturno de pizza, todo marchaba del diez, hasta estaba costeando su propia moto, una Suzuki de mucho cilindraje, lo vieras como salía disparado de la Tres de Mayo, por ejemplo, hasta el puente Zurita, y si te atrevías a decirle algo te salía con aquello de  “yo controlo, tía”, “yo controlo”. No quiero recordar la nochecita que nos avisaron del accidente, eran ya pasadas las doce, sí, hay que ver cómo se puso Paca, la Pobre, tirando descolocada para el hospital, en chanclas y bata de dormir, el guantazo lo tuvo lanzado a toda pastilla, ¿cómo se le ocurre?, por la Autopista Norte. Sí, por poco lo dejan paralítico. A la final solo un brazo escayolado, unos puntitos de nada en una rodilla, y un par de semanas sin moverse del catre, eso fue todo, es una pasada lo rápido que se recuperan los chicos, a mí también me impresiona, sí. 

Al mediodía del día siguiente por el Noticiero de la autonómica, daban la noticia del suceso, y las estadísticas, escalofriantes desde luego, de yo no sé cuántos accidentes de coches en las carreteras de España, que esto no puede seguir así, que a dónde vamos a parar, y, menos mal que el chico este, hablaban de Ulises, llevaba puesto el casco, que si no la hubiera empalmado, seguro. Te cuento que los reporteros de la cadena, especialmente el pringado del cámara, grabaron a Paca, la pobre, con esa facha de la bata y las chancletas con que llegó al hospital, tenías que ver el disgusto que se cogió, si serán capullos, decía, mira que sacarme con esas pintas, en fin.

Cuando le dieron la baja al chico, aceptó ponerse de repartidor de octavillas por la calle Castillo, sabes que Diana, la prima de Guaci, la del tercero izquierda,  estaba metida en el jaleo ese de las dietas que anuncian de madrugada por Antena3, ¿anda, también Telecinco?, no sé. Es lo mismo de “La tienda en casa” pero para trasnochados, igual, sí, con su insistente: ¡llame ya!, ¡llame ya!, al teléfono que ves en pantalla, y, un tío cachas guapísimo y sin camisa te repite cien veces que aproveches esa oferta especial para la televisión. Eso cuando no te anuncian un aparataje milagroso que en un abrir y cerrar de ojos te deja un abdomen de fábula, tan práctico que lo puedes usar mientras montas un potaje de verduras, ves tú serie favorita, o contemplas desde la tumbona, muy cool, a unos niños pijos haciendo los deberes sin despeinarse, exactamente, pues esa misma empresa promocionaba un montón de potingues dietéticos, supuestamente naturales, y cogieron a Ulises, que en ese tiempo tenía un tipito estupendo, como promotor de un kit especial de merengadas y polvos para adelgazar.

Bueno, esto duró hasta lo del fotógrafo. Una noche tomando unas cañas en el bar de Manolo, un  tío que coincidió con él en la barra, no, espera, eso no es, mujer, no te adelantes, lo de la rumana vino después, ¿que cómo se llamaba?, Cristian me parece…, sí, estoy segura, …, mejor bajamos la voz, lo cierto es que le ofreció un trabajo relacionado con el tema de la moda, dame otro cigarrillo, ¿fuego?, gracias, el hombre en cuestión regentaba un estudio fotográfico para algunas revistas de alta costura, “Vogue”, “GQ”, “Harper´s Bazaar” y eso. ¡Josefa,…mi niña!, ¿qué tal?, muak, muak, todos bien, cóbrate, por favor, sí, dos cortados natural, dos cafés solos, listo, gracias, ¿tienes cambio?, bien, venga, saludos. Acompáñame hasta la calle San Clemente que tengo que recoger unos zapatos, mujer, ten cuidado con los coches, es que ya no respetan ni el paso de peatones.

Y claro, Ulises de esto, nada, sólo tenía que poner los focos, ayudar con las cámaras, tomar las medidas de las chicas, acompañar al tío en las entrevistas y cosas así. No sé la verdad que vería en el chico, es cierto, para otra cosa no, pero para parlotear y enrollarse con la gente, era un listo, ¿sabes?, tenía una gracia cuando hablaba que te dejaba embobada, seguro que lo saco del padre, porque si es por el lado de Paca, la pobre, ¡ja!, no había nada que buscar.


Quince días después volaron hasta París, que era donde tenía su oficina el otro, cerca del centro, por la Rue du Rocher, sí, Rocher, número 15 ¡No!, ¿qué dices?, yo nunca he estado en Francia, lo sé por las fotos que recibía la madre, porque él nunca escribió cartas, vamos, pero enviar fotos, bueno, un montón, sí, sobre todo los primeros meses, claro como estaba en ese mundillo de los flashes. Eran esas, ¿te acuerdas?, que llenaban la pared del salón de la portería, la que daba a la cocina y el patio interior, exacto. Vieras lo animado que se veía al pibe, posando a la entrada de la Torre Eiffel con su gorra I love París, o en chándal en un monísimo rincón del Jardín de las Tullerías, o caminando distraído con su camiseta Nike por la MontMartre. Los paseos estos por París serían en sus ratos libres, que eran más bien pocos según daba a entender, claro que trabajaba, ¿pero tú qué te piensas?, no, no tenía la papa pelada ni mucho menos, ¡qué va!, en este mundo de la moda se curra que no veas, sin horario y a todo meter, que si preparar las bombillas, que si acondicionar el escenario, que si diseñar la  performance para la portada de alguna revista, que si trabajar con las modelos para los casting, ponte por aquí, preciosa, eso es, estira los brazos, cariño, pruébate este modelito, vale, bien, ahora sonríe, gira para este lado, ¡flash!, ahora para el otro, ¡flash! Además, aquí es la zapatería, muchas veces están hasta altas horas de la noche, ¿sabes?, cuando no les da por repetir una toma, y repetir, y venga a repetir, hasta conseguir el punto que se busca.

El Cristian este, bueno, resultó ser un tío de lo más exigente, ¿sabes?, un perfeccionista de tomo y lomo, justo por eso estaba tan bien cotizado, y siempre tenía su agenda, sí, claro que se la llevaba Ulises, copada hasta arriba, los jueves con la casa Dior, martes y miércoles, Coco Chanel; Paul Gaultier, los viernes. Venga, cojamos la guagua, que sí, chica, ¿tienes bonobús?, okey, yo también. Se ve que era un tío que se codeaba con la creme de la creme,  con lo más in del mundo fashion.


Claro, lo más que le ponía a Ulises era el trabajo en sí con las chicas,   buscar caras bonitas, entrevistar a las pibas, sí, las aspirantes a modelo, y sígueme por aquí, mi reina, ¿y tú por qué quieres entrar en el mundo del modelaje?, a ver, a ver, pasa al estudio para una primera prueba, venga ponte este modelito de verano, bien, ahora algo más ligerito, sí, ese mismo, el bañador estampado de dos piezas. En fin, fue aprendiendo, ¡qué va!, no se cortaba un pelo, trincaba a las que tenían futuro con el tema, a las demás, las despachaba sin muchos rodeos. Algunas tardes, cuando salía del estudio, se metía por los barrios del extrarradio de Paris, intentando pillar mujeres exóticas, alguna emigrante magrebí, o, mejor, las latinoamericanas, pues desde que tuvo la experiencia aquella en Sudamérica se aficionó a las latinas ¿Qué dices?, él se tomaba su trabajo muy en serio,  nada de rolletes, ¡eh!, sino a lo que iban, y punto. El Cristian se desentendía, claro, se había ganado su confianza, no sólo le enseñó algo de fotografía, también otras cosas de la moda y el modelaje: maquillaje, make up creo que lo llaman, peinado, costura rápida para casos apurados. Bueno, sobretodo, cuando tenían encima alguna pasarela de estas especiales, otoño-invierno o verano-primavera, vieras el estrés que pasaban, porque ahí si es verdad que no tenían tiempo ni para el bocadillo.


La cosa se vino abajo cuando se le ocurrió liarse con una de las modelos. No, ¿una latina, dices?, no, una latina no, una rumana, ya te dije que venía al final,…y ya verás lo que resultará después,…, era una tía huesuda que anunciaba una campaña de yogures, ¿cómo era que se llamaba?, espera que lo tengo aquí, en la punta de la lengua,…¡ah, sí!, Danae, Danae Dondoe, qué te cuento, un tipazo de mujer, altísima, uno ochenta o uno ochenta y cinco, y una cinturita de avispa, así, mira, así, ¿entiendes?, …en fin, Ulises, que seguía siendo un pibe, con todo y su moda de París, se quedó enganchado. Claro, claro que sí, una experta en el arte de los amoríos traviesos, vete tú a saber cómo se lo montó para llegar hasta el estudio del fotógrafo. Se citaban a escondidas en los parques de la ciudad, o quedaban en algún bar de las afueras. Todo con mucha discreción, pues no se sabía cómo iba a reaccionar el otro, exactamente, el fotógrafo, vale, vieras los apuros que pasó Ulises aprendiendo a descifrar el lenguaje azul de los ojos de la tía, hoy sí, cariñito mío, mañana no, que si quedaban, que si no quedaban, que hoy dónde, y esta noche, amor, no puedo, tengo una sesión de fotografías. La cosa funcionó por algún tiempo, hasta que una tarde los sorprendió el mismo Cristian en su oficina.  Se formó un zafarrancho de los gordos, Ulises intentando explicarse, colega, esto no es lo que tú estás viendo, aquí hay una confusión. El hombre ni lo dejo hablar, lo despidió ipso facto, y hala, desde ese día se quedó así, sin más, en la calle. Ya llegamos al Cabildo, ¿tienes un cigarrillo?, vale, gracias.

@elblogdemarcelo



 Si quieres leer la primera parte: De la distraída vida de Ulises Nivaria I

domingo, 1 de noviembre de 2015

Fiesta de Todos los Santos: 12 rasgos de la santidad en el siglo XXI



Hoy, 1 de noviembre, celebramos la fiesta de Todos los Santos, efemérides que nos recuerda la gran dignidad de lo que significa ser persona, el sentido definitivo del proyecto de Dios sobre el hombre y la mujer: compartir con nosotros el misterio de su propia santidad.

Ser santos no es ninguna proeza sobrehumana, es, sencillamente, vivir en forma auténtica nuestra condición humana, conforme a nuestra vocación y estado de vida.

Tú y yo, y todos, estamos llamados, hoy y aquí, a experimentar el misterio de la santidad de Dios, que es tanto como decir: participar de la propia felicidad del Dios vivo realizando el destino para el cual hemos sido creados.

Pensando todas estas cosas, me he estado preguntando ¿cómo ser santos en el siglo XXI?, porque si bien es cierto que, más allá de las épocas y los lugares, la santidad cristiana es una sola, a veces observo algunos estereotipos sobre lo que significa ser santo o santa que no se corresponden con los tiempos que vivimos, y que, definitivamente, no nos ayudan a comprender el llamamiento universal que Dios está haciendo a cada uno a la santidad.

Hemos de vivir un modelo de santidad que sea acorde a los desafíos del siglo XXI, al contexto que nos toca vivir, sabiendo que la voz de Dios  se deja sentir a través de los entresijos de la historia, con sus luces y con sus sombras.

Hablaríamos así de algunos rasgos de realización actual de la vocación a la santidad, porque se es santo o santa no en un mundo abstracto/ideal sino en el contexto concreto de la historia.

Desde esta perspectiva, podemos identificar, a modo de ensayo, 12 posibles características de la santidad cristiana del siglo XXI:

 1. Santidad “En seguimiento a Jesucristo”: Santidad es siempre camino de discipulado, experiencia de entrega y comunión con Jesús Resucitado, según el modelo de seguimiento que encontramos en el Nuevo Testamento, particularmente en los Evangelios.

2. Centralidad de la Palabra de Dios: Santidad es dejarse transformar por la Palabra de Dios, vivida y orada en la soledad del corazón, y en la asamblea litúrgica. La Palabra de Dios tiene que estar en el centro del camino cristiano.

3. Testigos de la misericordia: Los santos son testigos de la infinita misericordia de Dios que abraza como un fuego a todos los seres humanos. El hombre santo es aquel que ha experimentado más de cerca esta gran misericordia, por lo que está llamado a comunicarla a los demás en medio de la historia.

4. Sentido ecológico de comunión con la creación: Hoy cuando somos tan sensibles a los temas relativos al medio ambiente, necesitamos un modelo de santidad que invite a una comunión respetuosa con la naturaleza, y que apueste por un sentido ecológico de encuentro con la creación.

5. Talante profético frente a la lógica del egoísmo capitalista: Ser santo es desmarcarse de la lógica consumista de las sociedades del mercado. Es ser profeta, viviendo un estilo sobrio y sencillo de relación con las cosas, denunciando con la propia existencia todas las esclavitudes que nos vienen impuestas por la idolatría de la mercancía, por la deshumanización de una sociedad basada en la acumulación insolidaria de bienes y riquezas.

6. Experiencia renovada de la contemplación: Hoy, más que nunca, necesitamos hombres y mujeres que hayan experimentado a Dios en el fuego de la oración contemplativa. Para que lo divino no se convierta en un asunto de meras palabras, lo prioritario es dejarse transformar por el Dios vivo, en la fragua de la contemplación y el encuentro personal con el Señor. 

7. Dóciles al Espíritu Santo: Hombres y mujeres del siglo XXI dóciles a la acción renovadora del Espíritu Santo en la Iglesia, a sus dones y carismas para la edificación del Pueblo de Dios, abiertos a la experiencia siempre nueva de Pentecostés.

8. Sentido comunitario-eclesial de la santidad: Hombres y mujeres santos con un profundo sentido comunitario y eclesial de la vida cristiana. El Santo no vive aislado, es siempre un hombre para los demás, que se entrega a Dios y a los hermanos como miembro vivo de una comunidad eclesial, encarnando el misterio de la  comunión en Cristo, cabeza del Cuerpo.

9. Solidaridad, amor a los pobres, sentido de la justicia: En un mundo preñado por tantas injusticias y desigualdades no podríamos entender la santidad sin una búsqueda activa de un cambio social según el modelo de Jesús en el Sermón de la Montaña”, viviendo la santidad a través de gestos concretos de amor y entrega a los más pobres, de solidaridad con las víctimas.

10. Santidad desde los sanos valores laicales: Los tiempos nos están llamando a ser santos desde los valores positivos del mundo secular, construyendo con los hombres y mujeres de buena voluntad, la sociedad humana: ejerciendo con alegría y espíritu de servicio nuestro trabajo y profesión,… participando en una comunidad de vecinos, haciendo la compra y en el mismo autobús de vuelta a casa.

11. Renovado sentido misionero y evangelizador: En medio de los avatares del secularismo galopante que domina muchos ambientes, se nos invita a vivir la gracia de la santidad, con una actitud misionera y evangelizadora, haciendo presente al Señor más allá del templo y la religión, allí donde los seres humanos se reúnen y comparten las preocupaciones de cada día.

12. Santos y Santas con María, la mujer nueva para el nuevo tiempo: Vivamos nuestra experiencia de la santidad en estrecha comunión con María, la Madre del Señor, en ella se realizan a plenitud las características de la santidad del siglo XXI. María, modelo eximio de santidad en la Iglesia para todos los tiempos.

¿Y tú, hermano, hermana, que otra característica de la santidad del siglo XXI agregarías a este pequeño listado?