jueves, 7 de diciembre de 2023

LA INMACULADA CONCEPCIÓN: El perdón más grande

 

El dogma de la Inmaculada Concepción de la Virgen María, se ha explicado tradicionalmente con estas u otras palabras parecidas:

Dios, en previsión de los infinitos méritos de Jesús en la cruz, preservó a la Santísima Virgen, desde el primer instante de su ser natural, de toda mancha de pecado, y la elevó a un grado eximio de santidad en la Iglesia. Ella sola, entre todos los hijos e hijas de Eva, se libró del pecado original que hemos heredado todos, y del cual somos perdonados por la gracia regeneradora del santo bautismo. 

Por encima de las formulas, que intentan dilucidar los misterios de la fe, y que, inevitablemente, se resienten del tiempo y de la época en que se escriben, está la experiencia bimilenaria de una comunidad: lo que hemos creído, lo que hemos celebrado, lo que hemos meditado, lo que hemos testimoniado y confesado, incluso con la sangre de nuestros mártires, acerca de la fe recibida, eso, en un momento dado de la historia, lo declaramos norma de fe. Esos son, en esencia, los dogmas. No se trata de mónadas que caen arbitrariamente del cielo, sino de los grandes consensos que expresan la fe vivida del pueblo de Dios. 

Más allá de lo dicho, cabe preguntarse por lo que está detrás de la verdad de la Inmaculada Concepción.

Detrás de la Inmaculada hay una antropología, una concepción de la persona humana, creada a imagen y semejanza de Dios, llamada a vivir la filiación divina, a ser partícipe de la Gloria del Dios uno y trino, siendo santa e inmaculada delante de él "por el amor"

Detrás de la Inmaculada, está el proyecto de salvación y misericordia de Dios contigo y conmigo, y con toda la humanidad. 

Nadie ha recibido un perdón mayor que María, ella se libró de la raíz infecta del pecado que nos separa de Dios y nos rompe por dentro. En atención a nosotros, por nuestra salvación, Dios había previsto encarnarse, por eso tuvo misericordia con ella, y a través de ella con toda la humanidad. 

Ella es "refugio de los pecadores", precisamente, porque nadie como ella ha experimentado la insondable misericordia de Dios.

A luz de la gracia recibida, la respuesta de la Virgen ha sido su entrega incondicional: "He aquí la esclava del Señor, hágase en mi según su palabra" (Lc. 1, 38). 

Porque "a quien mucho se le perdona, mucho ama" (Lc. 7,47), la donación que ella hace de sí misma a Dios, es un canto de amor agradecido: "porque ha hecho en mi obras grandes" (Lc. 1, 49)

Todo ello, y mucho más, está detrás de la verdad inabarcable, hermosa, trascendental, salutífera, de la Inmaculada Concepción.

Qué María, la llena de gracia, nos haga partícipes del gozo del adviento. 

No olvidar: celebrar la Inmaculada, es vivir la fiesta del perdón más grande.

¡Feliz fiesta de la Inmaculada! 

@elblogdemarcelo

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