Hoy quiero hablarles del perdón. Lo que aquí les comparto lo aprendí, y experimenté, siendo un jovencito de 17 años en un retiro que hice con el P. Robert de Grandis, allá en Caracas a principios de los ochenta. La experiencia sanadora del perdón, a pesar de los altibajos de mi historia, creo que ha marcado mi vida. Hoy en la tarde, después de venir de La Laguna, me acordé de un pequeño artículo que escribí hace unos años para la web guanchejoven y sentado frente al ordenador he "tuneado" mis propias líneas. Esto es lo que me ha salido.
Perdonar, una exigencia del Evangelio
Jesús en este punto es, sencillamente, contundente. Frente a las ofensas que recibo de los demás, el Señ
or me invita a dar una respuesta que, lo confieso, me sacude por dentro: ¡perdona a tu hermano! No se trata de un consejito moral, que puedo seguir para andar por esta vida de buen rollito. No, la verdad, no siempre puedo estar haciendo el papel del tío “guay” de la partida. Frente a los problemas en mis relaciones con los “otros”, el Señor no me dice que “pase” sin más, como si nada hubiera ocurrido. Más bien se me pide que reconozca la ofensa recibida, en toda su dolorosa verdad, y que la perdone, imitando así a Jesús que continuamente me perdona y recibe.
Ha sido tal la importancia que el Señor ha dado a este precepto del Evangelio, que lo ha equiparado nada más, y nada menos, que al perdón de mis pecados. Si yo no perdono, tampoco el Padre me perdonará a mí, y así lo enuncio cada vez que rezo la oración del Padrenuestro: “Perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden”Siempre necesitamos perdonar

Pero, ¿qué dices?, me digo a mí mismo, ¡si yo no tengo nada que perdonar!,… Bueno, lo cierto es que a lo largo de la vida hemos ido arrastrando cadenas de resentimientos, de culpas, de resquemores, que nos paralizan y frenan nuestro caminar en Cristo. Y nos amargan por dentro. Nadie ha recibido todo el amor, la aceptación y el cariño que ha necesitado en la vida,… Padres, hermanos, familiares, amigos, compañeros de estudio o de trabajo, etc., en algún u otro momento nos han herido u ofendido, no nos han valorado suficientemente, ni apoyado siempre que los hemos necesitado. Algunos incluso, movidos por la envidia u otro sentimiento negativo, nos han hecho daño a posta, aunque la mayoría de las veces las ofensas son más fruto de la tensión y el roce que puede producirse entre las personas, que de una intención premeditada.¿Qué significa perdonar?
Cuando hablamos del perdón a las ofensas, es conveniente clarificar que el acto de perdonar es, fundamentalmente, una decisión de fe que tomo en respuesta a la invitación de Jesús, y por mi propia sanación interior. Y quiero recalcar que se trata de una decisión, no de un sentimiento o una emoción. Sobre emociones/sentimientos no siempre puedo ejercer el suficiente control. Quizás cuando recuerde la ofensa que me han hecho, siga experimentando esa herida interior: rabia, decepción, tristeza, etc. y, con frecuencia, no está en mí mano evitar sentir eso. Pero de
cidir, en sí mismo, es un acto libre de la voluntad; independientemente de mis sentimientos, puedo optar, en el nombre de Jesús, por perdonar a esa persona que me ha herido y me ha tratado sin amor.
Muchas personas tienen dificultades para seguir este precepto del Evangelio. Cuando, por ejemplo, les hablo a los alumnos de este tema – todos los años lo hago – por lo general se rebotan conmigo, porque creen, entre otras cosas, que perdonar es una especie de injusticia que genera una situación de impunidad frente al mal cometido. Creemos que es un deber cristiano, y de nuestra propia autoestima, exigir la justa reparación del mal que se nos ha hecho. Sin embargo, no debemos olvidar que lo propio del perdón es su gratuidad, y no podemos pasarnos la vida esperando que esa persona reconozca, por fin, que nos ha hecho daño, para poder liberarnos nosotros mismos de la cadena del resentimiento.
Perdonar, una exigencia del Evangelio
Jesús en este punto es, sencillamente, contundente. Frente a las ofensas que recibo de los demás, el Señ
or me invita a dar una respuesta que, lo confieso, me sacude por dentro: ¡perdona a tu hermano! No se trata de un consejito moral, que puedo seguir para andar por esta vida de buen rollito. No, la verdad, no siempre puedo estar haciendo el papel del tío “guay” de la partida. Frente a los problemas en mis relaciones con los “otros”, el Señor no me dice que “pase” sin más, como si nada hubiera ocurrido. Más bien se me pide que reconozca la ofensa recibida, en toda su dolorosa verdad, y que la perdone, imitando así a Jesús que continuamente me perdona y recibe.Ha sido tal la importancia que el Señor ha dado a este precepto del Evangelio, que lo ha equiparado nada más, y nada menos, que al perdón de mis pecados. Si yo no perdono, tampoco el Padre me perdonará a mí, y así lo enuncio cada vez que rezo la oración del Padrenuestro: “Perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden”Siempre necesitamos perdonar

Pero, ¿qué dices?, me digo a mí mismo, ¡si yo no tengo nada que perdonar!,… Bueno, lo cierto es que a lo largo de la vida hemos ido arrastrando cadenas de resentimientos, de culpas, de resquemores, que nos paralizan y frenan nuestro caminar en Cristo. Y nos amargan por dentro. Nadie ha recibido todo el amor, la aceptación y el cariño que ha necesitado en la vida,… Padres, hermanos, familiares, amigos, compañeros de estudio o de trabajo, etc., en algún u otro momento nos han herido u ofendido, no nos han valorado suficientemente, ni apoyado siempre que los hemos necesitado. Algunos incluso, movidos por la envidia u otro sentimiento negativo, nos han hecho daño a posta, aunque la mayoría de las veces las ofensas son más fruto de la tensión y el roce que puede producirse entre las personas, que de una intención premeditada.¿Qué significa perdonar?
Cuando hablamos del perdón a las ofensas, es conveniente clarificar que el acto de perdonar es, fundamentalmente, una decisión de fe que tomo en respuesta a la invitación de Jesús, y por mi propia sanación interior. Y quiero recalcar que se trata de una decisión, no de un sentimiento o una emoción. Sobre emociones/sentimientos no siempre puedo ejercer el suficiente control. Quizás cuando recuerde la ofensa que me han hecho, siga experimentando esa herida interior: rabia, decepción, tristeza, etc. y, con frecuencia, no está en mí mano evitar sentir eso. Pero de
cidir, en sí mismo, es un acto libre de la voluntad; independientemente de mis sentimientos, puedo optar, en el nombre de Jesús, por perdonar a esa persona que me ha herido y me ha tratado sin amor.Muchas personas tienen dificultades para seguir este precepto del Evangelio. Cuando, por ejemplo, les hablo a los alumnos de este tema – todos los años lo hago – por lo general se rebotan conmigo, porque creen, entre otras cosas, que perdonar es una especie de injusticia que genera una situación de impunidad frente al mal cometido. Creemos que es un deber cristiano, y de nuestra propia autoestima, exigir la justa reparación del mal que se nos ha hecho. Sin embargo, no debemos olvidar que lo propio del perdón es su gratuidad, y no podemos pasarnos la vida esperando que esa persona reconozca, por fin, que nos ha hecho daño, para poder liberarnos nosotros mismos de la cadena del resentimiento.
Además, no siempre es posible la reparación del mal cometido porque ello depende de muchos factores, circunstancias de tiempo, lugar, etc. Así, por ejemplo, no podemos obligar a la otra persona a que tome conciencia del mal que nos ha hecho, y que quiera, según el caso, dialogar. En una situación ideal, cuando alguien nos pide que le perdonemos una ofensa, es, para un cristiano, un verdader
o festín de alegría, que nos da la oportunidad de amar a esa persona y de reconciliarnos con ella directamente. Empero, repetimos, esta situación ideal no siempre es posible, porque tienen que coincidir dos voluntades y dos libertades, y debemos ser respetuosos de la voluntad y la libertad del otro como persona.
¿Cómo podemos perdonar?A lo largo de estos años he aprendido que la mejor forma de perdonar las ofensas, especialmente cuando no es posible el diálogo, es en la oración personal. Una forma para hacerlo que a mí me ha ayudado es la siguiente:
1. Tomar conciencia de la presencia viva del Señor dentro de nosotros, en lo más profundo de nuestro corazón.
o festín de alegría, que nos da la oportunidad de amar a esa persona y de reconciliarnos con ella directamente. Empero, repetimos, esta situación ideal no siempre es posible, porque tienen que coincidir dos voluntades y dos libertades, y debemos ser respetuosos de la voluntad y la libertad del otro como persona.¿Cómo podemos perdonar?A lo largo de estos años he aprendido que la mejor forma de perdonar las ofensas, especialmente cuando no es posible el diálogo, es en la oración personal. Una forma para hacerlo que a mí me ha ayudado es la siguiente:
1. Tomar conciencia de la presencia viva del Señor dentro de nosotros, en lo más profundo de nuestro corazón.
2. Reconocer las ofensas que hemos recibido, las heridas que nos han causado, las injusticias que hemos podido padecer en cualquier circunstancia de nuestra vida.
3. Perdonar, en forma específica, las ofensas recibidas. Hacerlo, como nos enseña el propio Eva
ngelio, en el nombre de Jesús: “Yo, en el nombre de Jesús, perdono a X persona por haber hecho, dicho, o dejado de hacer…., lo cual me hirió y me ofendió, pero yo en el santo nombre de Jesús, decido en fe perdonarlo”.
ngelio, en el nombre de Jesús: “Yo, en el nombre de Jesús, perdono a X persona por haber hecho, dicho, o dejado de hacer…., lo cual me hirió y me ofendió, pero yo en el santo nombre de Jesús, decido en fe perdonarlo”.
4. Es conveniente pedirle al Señor bendiciones para la persona que nos ha ofendido, como una forma de identificarnos profundamente con Dios, que ama a esa persona y quiere lo mejor para ella.
5. Terminamos dando las gracias por haber recibido el don de perdonar a esa persona, y por las bendiciones que el Señor ha derramado en la oración.
Los frutos del perdón
Los frutos que genera el perdón son, lo digo por experiencia, sencillamente, preciosos: una paz muy profunda, una alegría interior que nadie nos puede quitar, una nueva libertad para amar y entregarnos sin temor. Además, crecemos en autoestima personal, porque aprendemos a ser honestos con nosotros mismos, y a amar incluso a aquellos que no nos aman, ¡qué gran libertad! Es p
or eso que algunos afirman, que el principal beneficiado del perdón es la persona misma que lo otorga, la cual queda liberada y sanada de ese sentimiento que de alguna manera generaba dolor y tristeza en su corazón.
Que el Señor Jesús nos conceda a todos la gracia, y la valentía, de saber perdonar a los demás.
Como complemento les ofrezco una pequeña recopilación de escritos sobre el tema de la Sanación cristiana del P. Robert De Grandis, incluyendo el tema del perdón.
SANACIÓN - Robert De Grandis : Descargar
Los frutos del perdón
Los frutos que genera el perdón son, lo digo por experiencia, sencillamente, preciosos: una paz muy profunda, una alegría interior que nadie nos puede quitar, una nueva libertad para amar y entregarnos sin temor. Además, crecemos en autoestima personal, porque aprendemos a ser honestos con nosotros mismos, y a amar incluso a aquellos que no nos aman, ¡qué gran libertad! Es p
or eso que algunos afirman, que el principal beneficiado del perdón es la persona misma que lo otorga, la cual queda liberada y sanada de ese sentimiento que de alguna manera generaba dolor y tristeza en su corazón.Que el Señor Jesús nos conceda a todos la gracia, y la valentía, de saber perdonar a los demás.
Como complemento les ofrezco una pequeña recopilación de escritos sobre el tema de la Sanación cristiana del P. Robert De Grandis, incluyendo el tema del perdón.
SANACIÓN - Robert De Grandis : Descargar
Que hermoso es encontrar una persona dedicada al servicio de DIOS,con una convicciÓn del AMOR DIVINO experimentado y tangible en el contenido de sus reflexiones. Desde hace años, sigo las enseñanzas de la DIVINA VOLUNTAD, escritas por Luisa Picarreta, lo cual se resume en el ¨HAGASE TU VOLUNTAD¨ que recitamos en la oraciÓn del PADRE NUESTRO y sé lo dificil que es imitar a JESUS, si no queremos ejercitarnos en la caridad.(Es imposible avanzar en la vida espiritual si no perdonamos con generosidad, de corazón, con plena convicción de que suplicando esa gracia se obtendrá). Suplicando a nuestra Madre Santisima MARIA, las gracias necesarias para que ¨TODOS SEAMOS SANTOS¨ en el Divino Querer, doy mi agradecimiento infinito a DIOS por encontrar a un hermano que es ¨luz y sal de la tierra...¨ UNA ALMA AGRADECIDA.
ResponderEliminarMuchas gracias por tus palabras tan hermosas que me sirven de motivación y bendigo a Dios por ello. En realidad, este blog nació como la semilla que crece por si sola, fue una idea "ad experimentun" que tuve en una clase, y luego fue tomando vida por sí misma. ¡ Somos servidores inútiles! y sin él no podemos hacer nada, yo también digo contigo: Sí, que se haga en cada uno de nosotros su voluntad, que es lo que realmente nos hace felices, y que seamos siempre camino de bendición para los demás. Un abrazo desde esta isla de Tenerife.
ResponderEliminarno existio mejor momento para leer esta palabra k Dios nos regala, la vdd sk hace tiempo k no experimento este sabor de boca llamado perdon. Espero encontrar esa paz una vez mas. de vdd mil bendiciones y por favor no dejes de compartir palabras del señor con nosotros tus lectores.
ResponderEliminarGracias Klau, por tus palabras que me han llegado, ¡qué alegría saber que la buena noticia del perdón se anuncia por estos medios tan sencillos! Perdonar es siempre gracia de Dios, y también una respuesta nuestra, una decisión. Qué el Señor llene tu vida de gracia y te colme siempre de grandes bendiciones. Amén. Marcelo
ResponderEliminarUna amiga le escribio una carta a su padre para perdonarlo. La gracia de Dios fue impresionante.
ResponderEliminarEspero hacer lo mismo con mi madre...
Bendiciones Marcelo! Sigue escribiendo...
Gracias Menta Frappe (¡qué nickname más guapo!), sí, también puedo dar testimonio de lo que el perdón me ha sanado por dentro,...que la gracia del Señor te guíe siempre en tu camino, y te muestre el momento y el modo (Dios siempre da un empujoncito) Gracias por animarme a seguir escribiendo,..:)))
ResponderEliminarUn saludo grandote,
Marcelo
Dios nos da talentos y debemos ponerlos a su servicio...de manera q, sigue escribiendo! =)
ResponderEliminarAbrazo grande desde Perú!
Siempre me acuerdo del hombre aquel que por miedo ocultó bajo tierra el don que el Señor le había confiado,...Que Dios me conceda la gracia de ser humilde, y de perseverar en la tarea,...Gracias amigo por tus palabras de ánimo,....
EliminarHola Marcelo... me encanta tu blog... Soy tb profe de reli... Hay circunstancias de daño a veces tan sangrantes que primero te ha de curar el amor de Dios y El te va enseñando a perdonar y después a pedir por esa persona que es tu hermano... Y aprendes que tanto amó Dios al mundo que entregó a su hijito... Un abrazo en el Amor de Dios.
ResponderEliminarSí, amigo, este post lo escribí (fue uno de los primeros), porque una de las grandes sanaciones que el Señor ha obrado en mi vida, ha sido precisamente el poder perdonar y curar montones heridas que estaban adentro y me hacían daño. Jesús de la Misericordia nos de la fortaleza para tener un pecho grande y amar incluso a los que nos hacen daño.
EliminarGracias por compartir tu experiencia, un abrazo fraterno desde Tenerife
Marcelo: Compartir el conocimiento que el Señor te regala y tu testimonio es un gran aporte espiritual para todos. Gracias
ResponderEliminarQue la Sagrada Familia ilumine siempre tu servicio!
Luis
Hermano: ¡¡Muchas Gracias!! Tus palabras me animan a seguir en este camino, compartiendo las bendiciones que el Señor nos va regalando, y que a su vez dan testimonio de su amor y misericordia. Gracias por ponerme bajo la "lampara" de Jesús, José y María ;-)
EliminarMarcelo
Muchas gracias por hacernos entender lo importante que es perdonar a nuestros semejantes y que nos perdonen a nosotros, Dios Padre, Dios hijo, Dios Espíritu Santo nos perdonan, nosotros somos sus hijos, seguimos sus enseñanzas, PERDONAR ES SANAR, ES AMAR, nosotros no somos mi mas, ni menos que nadie, sigamos el
ResponderEliminarsendero que nos lleva a la luz divina.
Gracias Lizabeth por tus palabras, esta experiencia del perdón hemos de renovarla siempre, porque mientras vivimos fallamos muchas veces y de vez en cuando los demás nos hieren. Qué el niño nacido hoy en Belén nos dé su gracia para perdonar, y sentir su sanación y liberación en nuestras vidas. Un abrazo fraterno desde Tenerife
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