Acabo de entregar en la Jefatura de Estudios la programación didáctica del presente curso: 2023-2024. Anímicamente, estoy un tanto desconcertado: competencias específicas, criterios de evaluación, criterios de calificación, productos, saberes básicos, metodología, punto de partida... Dado que, por lo general, soy un buen chico, he intentado hacer los deberes, y partiendo de esta jerigonza de términos técnicos, he construido una propuesta, ojalá atractiva, de la asignatura de Religión, con la mente y el corazón puestos en mis queridos alumnos y alumnas, esos rostros concretos que pueblan el variopinto sur tinerfeño.
(Como decía el bueno de Don Bosco, me basta que sean jóvenes para quererles)
Aunque la tarea creativa me resulta, casi siempre, motivante; no tengo reparo en confesar que me circunda el cansancio, casi como una tentación a vencer. No siempre estoy sobrado de ideas originales. Cada vez más la enseñanza se ha ido convirtiendo en una suerte de ingeniería social, con la que no me avengo fácilmente. Tengo la impresión que detrás de este asunto de la "educación por competencias", hay una agenda de las elites dominantes: formar ciudadanos dóciles, buenos consumidores de bienes y servicios, trabajadores versátiles, capaces de adaptarse a las exigencias de un entorno cada vez más teledirigido por las nuevas tecnologías, el frio reino de las mercancías,... un paisaje francamente deshumanizante y fofo, lleno de promedios, índices, guarismos y chats GPT.
(Frente a este reduccionismo de lo humano, me aferro a la literatura, a la pintura, a la música, a la danza, a la poesía,... )
Echo en falta una vuelta a los primeros principios, a una filosofía de la educación, a las preguntas básicas del hecho educativo:
¿Qué es educar?
¿Qué tipo de hombre, o de mujer, quiero educar?
¿Para qué sociedad quiero educar?,...
¿Cómo lo voy a lograr?
(Pero casi nadie tiene interés en este asunto, y deambulo solitario por el laberinto de mis añoranzas)
La disyuntiva es o formar robots, maquinas, engranajes, u hombres y mujeres de pensamiento crítico, proactivos, abiertos y dialogantes, empáticos, solidarios,...
Un profesor, una profesora, no es un mero ejecutor de las políticas educativas que definen otros,... es el ser que transmite la llama de los misterios, aquel que "agita" el genio de la lampara , y da a luz patriasnuevas.
Cada mañana comienzo de nuevo. Dios me guarde de apoltronarme.
A mi Señor Jesús, Maestro de maestros, me encomiendo.
- No es contigo, Marcelo, pero la Religión es un asunto privado que no debería tener cabida en la escuela, y menos en la pública.
Así me decía una persona en un breve intercambio de pasillo esta mañana. No dije nada. Enseguida sonó el timbre y me fui directo para la clase. Después del recreo nos tropezamos de nuevo. Tengo una pregunta, le dije:
-¿Militar en un partido político, por ejemplo en uno de izquierda, es un asunto público o privado?
- Privado, por supuesto
- Y, digo yo, para estudiar las bases filosóficas de ese partido, su ideario político, su concepción del mundo, ¿tengo que ser militante de ese partido?
- No, claro que no, ¡faltaría más!
- Te lo pregunto, porque me pasé más de la mitad de mi vida universitaria estudiando el marxismo, conozco a fondo sus postulados, sus autores más representativos, Marx, Lenin, los llamados revisionistas, el Libro Rojo de Mao, etc. Soy capaz de hacerte un análisis marxista de la realidad, conozco su epistemología y su visión materialista de la historia y de la vida.
- Y todo este rollo, ¿a qué viene?
- Creo que el conocimiento de esta corriente filosófica es sumamente importante para cualquier estudioso de las ciencias sociales, y de las humanidades en general. De hecho, si se quiere comprender la historia del siglo XX, hay que saber de marxismo, así de claro. Quienes me formaron en la ciencia de Marx, eran, en su gran mayoría, militantes de izquierda, algunos bastante radicales. Sin embargo, yo nunca he militado, entre otras razones, porque mi visión cristiana ha chocado siempre con algunos postulados básicos del marxismo. Sin embargo, gracias a mi formación, puedo valorar críticamente sus aportes y reconocer sus contradicciones.
- Venga, Marcelo, vale ya, ¿a dónde quieres llegar?
- En síntesis, que no tengo que ser marxista para estudiar el pensamiento de Marx. Se trata de un conocimiento público que se ofrece en las instituciones académicas, que está en los libros, y que, aunque yo no milite personalmente en sus filas, se considera útil y necesario para comprender el pensamiento y la historia.
Me detuve un segundo. Ella me miraba con la interrogación dibujada en los ojos. Proseguí:
- Pues bien, hace un rato me dijiste que el estudio de las religiones y, en concreto, del cristianismo, era un asunto privado. Imagínate lo que significa la fe en Jesucristo en la historia del pensamiento y en nuestra cultura occidental, su influencia determinante en el arte, en la moral, en la filosofía, en el modo de vida de Europa y de todo occidente, desde San Petersburgo hasta la Argentina, desde las pinturas del Greco o de Van Gogh hasta la misa de Réquiem de Mozart, desde la escolástica hasta el pensamiento de Nietzsche. La teología cristiana es una disciplina universitaria, forma parte de las humanidades, tiene una metodología y un marco conceptual. Eso por no mencionarte los contenidos de mi asignatura relacionados con la historia comparada de las religiones y la antropología cultural ¿Comprender el mundo del Magreb, por ejemplo, obviando el conocimiento del Islam? ¿y dónde dejamos el estudio del hinduismo o del budismo que están en el corazón de oriente?
- Me parece que no lo has entendido bien, se trata de cosas bien distintas
- ¿Cosas distintas? No, el problema es creer que estudiar religión me convierte en un militante cristiano o musulmán. Ese es el prejuicio y nada más. Militar en una religión, o adherirme a ella, sí que es un tema personal y privado, pero conocerla o estudiarla es un asunto de educación y de cultura, un conocimiento que ayuda a comprender las raíces culturales de la sociedad donde vivo, su pensamiento, su historia, sus manifestaciones artísticas, y que promueve ciertos valores como la convivencia y la solidaridad. Además, ni siquiera se impone a nadie, es un estudio elegido libremente por el alumnado o por sus padres. En este sentido, la Religión en la escuela representa una opción de libertad, de tolerancia, la posibilidad de ofrecer una educación integral donde todas las áreas del conocimiento estén presentes.
- Venga, veo que te lo has tomado muy a pecho. Es lógico que defiendas tus garbanzos, pero,...
- No, no, no es sólo que defienda mi trabajo. Esto es algo bastante serio. Se trata de derechos, de defender una escuela pública pluralista y abierta, para que la educación no se convierta en una dictadura del pensamiento único, del pensamiento políticamente correcto, y excluya, por motivos que no son académicos sino francamente ideológicos, el estudio de un fenómeno tan importante como la religión y el cristianismo.
- Mira, ya está, no me vas a convencer, lo siento mucho, pero mejor lo dejamos aquí.
- Vale, vale, por supuesto, cada uno con su visión de las cosas, pero que quede claro que así como no hay que ser marxista para estudiar el marxismo, tampoco hay que ser religioso en la vida personal para estudiar los contenidos de la asignatura de Religión.
Concluido nuestro encuentro cada uno se marchó a sus asuntos. Al final del día volvimos a coincidir en un cambio de hora. Me acerco y le digo:
- Te invito un café
- OK, pero dejemos en paz el temita de la Religión, ¿vale?,...
- Seguro, seguro,... pero quería decirte que voy a escribir sobre nuestra conversación en mi Blog
Siendo un estudiante universitario leí la novela de Jack Kerouac, "En el camino", la historia de un joven de Nueva York
que emprende un viaje a través de Estados Unidos, transportándose casi siempre
a dedo, hasta alcanzar la ciudad de San Francisco ("Frisco" en el
argot juvenil del momento), el epicentro del movimiento hippie de los sesenta.
Entreverado con la historia, aparecen los amigos del protagonista, unos
personajes underground, inadaptados, que lo acompañan en su travesía, y que
comparten su búsqueda del sentido y del significado del camino.
Los temas se suceden en la novela con verdadero vértigo: el
amor libre, las drogas, el jazz, el budismo, la experiencia mística, Nietzsche,
Dios, la amistad, la libertad, el sentido y la experiencia de vivir. De fondo,
la metáfora del camino, que en sí mismo ya es parte del destino de cada
caminante.
"Ponerse en camino", traduce una actitud de
ruptura frente a las verdades cómodas, el espejismo de nuestras seguridades y
convencionalismos, nuestros viejos valores y creencias que, sinceramente,
aburren, y ni nos mueven ni nos ilusionan.
Hay una frase mágica que se repite en varios lugares del
relato, to be excited withthe life, "estar entusiasmado con
la vida", lo que significa estar "flipado" con la experiencia
alucinante de estar vivo y de respirar. Para mí, sin duda, el mejor testimonio
de Dios mismo, pues ¿qué mayor revelación de lo divino que sentirse vivo y
palpitando?
Jack Kerouac fue el autor emblemático de la llamada generation beat, la cual no es sólo un
modo de concebir la literatura, ligada al automatismo del lenguaje y a la escritura
como búsqueda espiritual. Los escritores “beat” representaron, además, la
experiencia de toda una generación que quiso rebelarse frente a las ataduras de
una sociedad de consumo, estereotipada, que idiotiza a sus nuevas generaciones con
sus mensajes/masajes que disfrazan sus injusticias e incoherencias.
Fue, básicamente, en los sesenta cuando los valores
tradicionales, entre ellos también los religiosos, se resquebrajaron. El
reclamo fue un modo de vida alternativo, en ruptura con lo establecido: el amor
libre, la experiencia con las drogas, el rock, la libertad frente a todo
autoritarismo, la vuelta a la naturaleza, la comuna, la búsqueda de lo
espiritual en las religiones orientales.
En medio de este reclamo por volver a la libertad primera
del hombre "natural", ¡qué anhelo tan acuciante por hallar un sentido,
por encontrar una raíz espiritual que centre la vida!
El movimiento juvenil de los hippies fue devorado, y
domesticado, por la voracidad del mercado capitalista, que convierte todo en
mercancía y fetiche de intercambio. Pasan las décadas, muchos de nuestros
jóvenes del siglo XXI, despolitizados, hipnotizados por la cultura instantánea
del ordenador y el móvil, atrapados en un hedonismo narcisista, entre los
libros de autoayuda y los reality shows,
dan la impresión de estar bien "adaptados" bajo el régimen de sus
mayores.
Cuando, por fin, bajan al planeta tierra, y dejan de soñar
en convertirse en "famosos" o en estrellas de fútbol, su anhelo más
humilde es llegar a conseguir un empleo que les permita vivir, o sobrevivir, decentemente.
De rebeldía, la mayoría, nada de nada.
En mis estudios de teología, un "saber" sobre Dios
en "diálogo" con los hombres, tuve como interlocutor a Jack Kerouac y
su historia. De hecho, en mi trabajo final sobre el tema de la revelación,
inserté un párrafo de la novela donde se habla de la certeza de Dios, por la
contemplación del misterio mismo de la existencia, aunque su demostración
racional nos resulte a algunos oscura o problemática.
Yo, que también vivo On
the road, estoy encontrando el sentido de mi viaje existencial en el profeta
Jesús de Nazaret, en quien he ido descubriendo al Hijo del Dios vivo, aquel que
buscaban sin saberlo los colgados de la novela.
El Dios de Jesús, un Padre bueno que ama la vida y que nos
convoca a “desinstalarnos”, a ponernos en camino hacia el San Francisco del
cielo, viviendo, a trancas y barrancas, el santo Evangelio e intentando
practicar, en lo prosaico de cada día, el mandamiento nuevo del amor fraterno.
Y es que, por distintas sendas, todos caminamos a San
Francisco, con flores en nuestra cabeza.
El pasado domingo me tropecé en El País con un artículo de
opinión de Juan Goytisolo, escritor, flamantemente titulado:“Fe y razón”.
Lo leí enseguida pues el tema me interesa sobremanera, me
figuraba una fina disquisición sobre un debate que ha marcado todo el
pensamiento occidental, desde los presocráticos hasta Heidegger, pasando por la
ilustración y toda la filosofía del siglo XIX.
¡Vaya desilusión! Lo que me encontré fue una diatriba panfletaria
en contra de la fe de los cristianos, plagada de prejuicios e inexactitudes, un
artículo dirigido claramente a ridiculizar a los creyentes, tratados aquí como
si fueran borregos que repiten y repiten verdades sin entenderlas.
No voy a señalar punto por punto los dislates que he
encontrado en el escrito, sencillamente estoy cansado de ésta mi vocación
tardía de apologeta, yo quisiera hacerme
el desentendido,… si yo iba para poeta y para hippy,… Pero esta vez voy a
responder, algo quedará de lo que diga.
Comienzo comentando que el estudio del origen del universo
es un problema científico y a la vez un tema religioso. La ciencia, con los métodos
que le son propios, indaga las causas y los procesos que han dado lugar al
surgimiento de la materia y de la vida, a su posterior desarrollo y a sus
transformaciones. Aquí la fe no tiene nada que decir, estamos en el campo de
las explicaciones científicas, fundadas en las evidencias y en los hechos.
Paralelamente, que no en contra, la religión, a la luz de la
razón y de sus propias tradiciones que llamamos revelación, reflexiona sobre el
principio y el para qué último de todo lo que existe, indaga si la existencia
del universo tiene algún sentido y significado.
En este tema hay muchos interrogantes abiertos.
La teoría científica del bing bang postula que hubo una
explosión primera como origen de todo. Pero esto no responde a todas las
preguntas porque para que ocurra un evento de esta naturaleza tiene que existir
previamente un “algo” capaz de explotar. Además, si todo ha sucedido
azarosamente, ¿cómo se explican el orden y la regularidad que predominan en el
universo?
Podemos renunciar, si les parece, a estas preguntas, o
darlas por incontestables. Pero es propio del ser humano inquirir sobre el
significado de lo que existe e ir más allá. La pregunta por el sentido está en
el corazón mismo del hecho religioso.
De todas maneras da la impresión de que el señor Goytisolo no
sabe diferenciar una explicación científica, sujeta a lo que los hechos
demuestran, de una explicación religiosa, que reflexiona sobre el sentido o significado
de lo que acontece. Yo ni siquiera espero al bachillerato, se las explico a mis
alumnos de 1º ESO en el primer trimestre, y créanme, a pesar de mis
deficiencias como profe, la mayoría logra comprenderlo.
Queda aclarado que no se está introduciendo el creacionismo
en las aulas como una forma de combatir el evolucionismo, tal y como maliciosamente
afirma el escrito. El evolucionismo, como cualquier otra teoría científica, no
contradice la fe en un Dios creador, la Biblia no es un manual de ciencias, no
nos dice cómo fueron las cosas, sino que utilizando un lenguaje en ocasiones
mítico comunica verdades muy profundas vividas por el pueblo de Dios desde sus orígenes.
Es cierto que en el cristianismo de tradición protestante ha
habido una corriente muy fuerte que ha opuesto el creacionismo a la teoría de
la evolución, pero el pensamiento católico ha ido por otros derroteros. Decir
que es un “esfuerzo desesperado” por combatir la evolución es falso y no se
corresponde ni con los contenidos ni con la visión de la asignatura de
religión.
Otro asunto que me interesa abordar es acerca de lo
irracional que le resulta a Goytisolo creer en ciertas historias del Antiguo
Testamento que a él le parecen francamente míticas e infantiles: la existencia
de Adán y Eva, el diluvio con su arca, etc. Dejando aparte que la lectura fundamentalista
de los textos bíblicos no es propia de la teología católica, más allá de la
verificación histórica de estos eventos, lo que interesa aquí es la
hermenéutica, es decir, la interpretación que hacemos de unos relatos del
Antiguo Testamento que contienen verdades muy profundas acerca del ser humano,
y de la eterna lucha entre el bien y el mal.
Desconoce, o parece desconocer, Goytisolo, los avances en el
campo de los estudios bíblicos, una disciplina que se cursa en universidades del mundo
entero, y que comprende, entre otras cosas, el estudio de los modernos métodos
exegéticos, el análisis histórico-crítico de las formas, los géneros literarios,
la historia crítica del antiguo Israel, los estudios culturales, literarios, arqueológicos,
etc.
No me extraña que ciertos relatos de la Escritura le
parezcan infantiles, claro, él se figura que leemos la Biblia como los
cuáqueros protestantes que llegaron a América en el "Mayflower".
Cita luego la famosa frase de Tertuliano (160-220 d.C.): “Creo porque es absurdo”, y la aplica
indiscriminadamente a todos los creyentes, incluyendo, para mi asombro, a la
pobre Santa Teresa de Jesús, una mujer abanderada de las letras y con un fino
sentido de lo real y de lo humano.
Olvida el escritor, o no dice, que el pensamiento cristiano
no se desarrolló a lo largo de la historia con base a la postura de Tertuliano,
que la reflexión sobre las relaciones entre fe y razón han ido por caminos muy
distintos de la mano, por nombrar a dos grandes, de san Agustín y de santo
Tomás.
La teología católica siempre ha buscado comprender a la luz
de la razón la fe que profesamos. En esta búsqueda ha dialogado
siempre con la filosofía y con la cultura, ha utilizado incluso sus conceptos y
su lenguaje, y lo hace, precisamente, porque piensa que es posible razonar los
contenidos de la fe cristiana. Me viene ahora a la cabeza, por ejemplo, una magnifica encíclica
de Juan Pablo II: “Fides et Ratio”(1998), le vendría bien a don Goytisolo
leerla, le vendría bien, para que conozca lo que piensa la Iglesia sobre este
importante tema, y que lo de Tertuliano no ha tenido mucha resonancia a lo
largo de la historia.
Por último, un clásico, el artículo presenta a los
cristianos repitiendo de carrerilla un credo que no entienden, por puro amor al
misterio. No, mire, qué pena, entiendo que en su esquema necesita presentarnos
así como gente aborregada y pacata, pero eso no es cierto, entre los creyentes
habrá de todo, por supuesto, pero me consta que la Iglesia procura explicar a
los fieles los contenidos de la fe, y eso desde los tiempos apostólicos.
En mi caso personal, yo no los repito por repetir, me los he
pensado muy seriamente, y como yo, muchos, más de los que imagina.
Esa imagen de los cristianos como gente simple que cree lo
que está mandado, y que no reflexiona sobre su fe, no se corresponde con la
realidad actual, es una caricatura muy al gusto de cierta crítica que se
difundió con la ilustración.
He escrito esto por los amigos creyentes que visitan este
blog, y no tanto por el autor del artículo que vivirá en el feliz reino de las
monadas leibnizianas. Estos intelectuales tienen su parnaso particular, una
especie de Olimpo desde el cual miran desdeñosamente al resto de los mortales,
rodeados de su corifeo de aduladores y entusiastas.
Seamos respetuosos, yo lo soy, con los no creyentes, pero
respondamos con la verdad a estos ataques contra la fe, máxime cuando
descubrimos que lo que afirman son disparates dichos con toda malicia para
ridiculizarnos.
Estamos, forzosamente, y como tantas veces a lo largo de la
historia, en un tiempo recio para la fe. No tengamos miedo, pidamos discernimiento y sabiduría, y testimoniemos la verdad.
@elblogdemarcelo
Como este es un blog muy animado, aquí le dedico a Don Goytisolo una chirigota de Los Defensores de Luis: "Cada vez que digo que yo soy creyente"
Atención: Queridos chicos, varones todos, lectores de este
blog,…
Si tu novia, amiga, pareja,... está en estado, espera un
bebé, ¡no pasa nada, amigo!, ¡no hay que preocuparse!, ¡eso no es contigo!
Recuerda siempre: "Ellas
paren, ellas deciden".
Según la ley, ninguno de nosotros, varones, tiene que
sentirse responsable de la concepción de un nuevo ser humano. Traer niños y
niñas al mundo es un asunto única y exclusivamente femenino, así que lo mejor
es no interferir.
Déjala sola con el paquete. Eso es lo moderno. En la
decisión de traer hijos al mundo los varones carecemos de derechos y de
deberes.
Así pues, lo que ella haga con el fruto de ambos, que
palpita en su vientre materno, es únicamente responsabilidad de ella.
Ante esto, lo mejor que podemos hacer es vivir la vida a
tope, ¡por algo somos varones! Si vamos por la vida embarazando chicas en cada
esquina, ¡no pasa nada, compadre!, ¡nadie te exigirá nada!, ya te dije que traer
bebes es un asunto de mujeres.
El sexo está para disfrutar, no hay que complicarse con estos
asuntos menores. Un bebé es nada, o casi nada, o menos que nada, una verruga
dicen.
Además, como ya te dije:
“Ellas paren, ellas deciden”.
Creo que lo dicho es coherente con la postura, los eslóganes,
las consignas, los gritos, los discursos que oigo por ahí sobre el asunto de la
maternidad/paternidad y las reivindicaciones de las mujeres.
Será que soy un necio, y entiendo todo al revés, pero el
aborto me parece una solución claramente machista que traiciona,
precisamente, la lucha por la igualdad hombre-mujer.
Esto que he expresado nadie lo dice claramente en los medios
de comunicación. Los que más se benefician del aborto son, precisamente, los
varones que engendran. Como si el niño o la niña que se va formando durante
nueves meses en el vientre de una mujer fuera huérfano de padre.
Pero los que gritan consignas, y subvierten el lenguaje, no
lo ven. Ha sido trastocado completamente el sentido común (Gramsci debe estar
contento).
Hace más de 100 años Nietzsche decretó "la muerte de Dios", y el derrumbe definitivo de los valores de la sociedades cristianas de occidente. Pronosticó el advenimiento del Übermensch, el "superhombre", el hombre que ha superado la moral tradicional, el hombre que se sitúa más allá del bien y del mal.
El proceso de secularización que hemos vivido, tanto en su versión soft, típico de las sociedades liberales burguesas; como en la experiencia terrible, hard, de los totalitarismos de inspiración marxista, pareciera darle la razón al controvertido filosofo alemán, por lo menos por lo que respecta a Europa occidental.
Y sin embargo.
Una mirada a la poesía, a la música, a la pintura, a la narrativa, de los últimos cien años, es decir, a las expresiones más exquisitas del espíritu humano, dará cuenta, para quien sepa ir más allá de los signos, que las viejas preguntas no han cambiado.
El asunto del bien y el mal, la dialéctica entre la libertad y el destino, la búsqueda del sentido, la realidad ineludible de la muerte, el significado del dolor, la soledad, la experiencia de la angustia, las ansias de felicidad, las frustraciones del vivir diario, la impotencia,... de toda esta materia esta hecho el arte de hoy.
En el fondo, detrás del laberinto, para quién quiera oír, para quién quiera ver, está la pregunta primera, la más radical y definitiva, la pregunta de Dios.
Sí, Dios, criticado y matado cien mil veces, ridiculizada la idea misma de su existencia, proscrito su nombre en el parnaso de intelectuales y artistas,... se cuela en nuestra historia en forma de pregunta, emerge en el silencio de nuestras esperas, en la noche misma de nuestras angustias e incertidumbres.
Nos dijeron que podíamos vivir cómodamente sin verdades definitivas, nos invitaron a instalarnos en el relativismo moral, negaron la existencia de un sentido, de un significado del milagro mismo de la vida y de la existencia.
Negaron toda posibilidad de trascendencia.
En definitiva, nos dijeron que para ser modernos e inteligentes teníamos que matar a Dios en nosotros.
¿Matar a Dios?.... La única forma de hacerlo es matando toda el ansía de verdad y de sentido del corazón humano. Des-humanizar el corazón, vaciarlo, negar la legitimidad de las preguntas últimas.
Como decía Agustín, ese gran existencialista cristiano: "Nos hiciste, Señor, para ti, e inquieto estará nuestro corazón hasta que descanse en ti"
Los nuevos ateísmos profesan una fe cuasi
religiosa en la ciencia, en su versión más comtiana y positivista, cuyo ideal
son las matemáticas y las ciencias naturales. Argumentan que las verdades de la
fe no están sustentadas en hechos demostrados y comprobados científicamente (siempre según el modelo de las ciencias puras y de la naturaleza)
Esta crítica se basa en un concepto de ciencia bastante ideologizado que choca, por
ejemplo, con una teoría crítica del conocimiento que cuestiona aspectos tan
fundamentales como la objetividad y la neutralidad del saber que producen los
científicos.
La filosofía, y los filósofos, suelen presentarse ante el profano como un asunto tremendamente serio, que demanda casi siempre el ceño fruncido y el gesto concentrado del que se ejercita en estos menesteres, indicativo de los misterios que parecen esperar a quienes osan penetrar en el laberinto de los pensamientos.
En oposición a esta imagen estereotipada, la presente obra, Filosofía para principiantes, nos invita a tutearnos con simpatía y buen humor con los oficiantes de esta disciplina, ayudados por la magia del dibujo y la sencillez de un lenguaje cercano a la experiencia, lo que no desmerece de la profundidad de los temas tratados, que siguen siendo, ¡quién lo duda!, completamente serios.
La obra abarca el devenir histórico de la filosofía desde sus primeros balbuceos con los pre-socráticos hasta las exquisiteses contemporáneas de la filosofía del lenguaje y la teoría crítica. Además, pedagógicamente, nos va introduciendo en el uso del lenguaje específico de esta ciencia, una de las principales dificultades que suelen encontrar los estudiantes primerizos.
Al estudiar filosofía lo más importante, a mi juicio, no es tanto reproducir de memoria lo que handicho y pensado otros, sino entrenarse en el ejercicio práctico del filosofar, donde conocimiento y experiencia se toman de la mano, y se aprende el arte de hacerse determinadas preguntas, y el arte de buscar determinadas respuestas.
De esa actitud curiosa e indagativa ha nacido todo el edificio de la ciencia, ella ha estado en el origen de la reflexión moral, el estudio de la política y de la sociedad, la búsqueda de la razón de ser del arte y del sentido de la vida misma, todo lo cual reafirma la gran dignidad del sujeto pensante: la persona humana.
Dedico esta entrada a mis alumnos y alumnas del bachillerato, filósofos nóveles que van dando sus primeros pasos en el estudio de esta disciplina ¡Va por ellos! #VivaLaFilosofía
Cáritas denunció hoy la cifra "de verdadero escándalo" de la
exclusión en Canarias, con más del 31 por ciento de la población por
debajo del umbral de la pobreza, y llamó a las autoridades a no recortar
gastos en la atención social porque hay proyectos de atención social en
peligro.
Así lo han puesto hoy de manifiesto el obispo de la
Diócesis Nivariense, Bernardo Álvarez, y el director y subdirector de
Cáritas en Santa Cruz de Tenerife, Leonardo Ruiz del Castillo y José
María Rivero, durante la presentación de la memoria de actividades de
2011 de la citada organización dependiente de la Iglesia.
En
concreto, Cáritas atendió en 2011 a un total de 55.531 personas en toda
Canarias y si se trata específicamente de familias, se prestó asistencia
a 19.775 y se dedicó a toda la labor asistencial una inversión de
4.095.159 euros.
Leonardo Ruiz del Castillo subrayó el hecho de
que Cáritas, que cumple 60 años desde su creación, ha sido testigo "del
deterioro de la situación social y sus gravísimas consecuencias" y
destacó que 2011 ha sido el año de la agudización de los efectos de la
crisis y la intensidad de las situaciones de pobreza y exclusión social.
Además,
prosiguió el director de Cáritas en Santa Cruz de Tenerife, 2011 es el
año en el que se sentaron las bases para el recorte de los derechos
sociales que hasta ahora tenían "unos límites mínimos", como el derecho
al trabajo, la educación, la salud, la vivienda y las prestaciones
básicas.
Según el representante de Cáritas, los recortes no van
destinados a proteger a quienes sufren la exclusión y lo que pretenden
las nuevas reformas es limitar el acceso a estos derechos por parte de
las personas que más lo necesitan.
A su juicio, el 40 por ciento
de las familias que llegan a Cáritas con víctimas directas o indirectas
de la gestión política de la crisis, al tiempo que el subdirector de la
organización en Santa Cruz de Tenerife, José María Rivero, denunció el
que el 0,2 por ciento de la población canaria controla o posee el 80 por
ciento de la riqueza que genera Canarias.
"Cáritas pide a los
gobernantes que luchen con todos sus medios contra la lacra de la
exclusión social y que aumenten los recursos destinados a los más
vulnerables, porque la realidad es que se vive una asfixia pero podemos
hacer algo por los miles de canarios que están en desventaja", añadió
Rivero.
Leonardo Ruiz del Castillo señaló además que como
consecuencia de la precariedad de medios en las familias, un 39 por
ciento de los niños canarios viven bajo el umbral de la pobreza y apuntó
que Cáritas hace "lo que puede, no lo que quiere" porque no dispone de
ayudas públicas para la atención social básica, que procede de las
colectas parroquiales y las aportaciones de particulares.
Ello
hace que peligren los proyectos "cualificados", los destinados a la
atención de inmigrantes, parados y centros de día para mayores, y en
concreto el proyecto "Lázaro", la única casa de acogida en las islas
para enfermos de sida y en situación de exclusión.
En la provincia
de Santa Cruz de Tenerife Cáritas atendió en 2011 a 23.531 personas y
de éstas el 90 por ciento recibieron atención social de base y el 10 por
ciento restante están incluidas en los proyectos de la organización,
como los dedicados a personas sin hogar, sida, deshabituación
alcohólica, inmigrantes, mujer rural, mayores y desempleados.
Del
presupuesto gestionado en 2011 el 62 por ciento, con 2.542.740 euros,
procede de subvenciones de los gobiernos central y canario, fondo social
europeo, cabildos y ayuntamientos y entidades privadas.
El 38 por
ciento restante, con 1.563.617 euros, se deriva de las colectas
realizadas en parroquias, socios y donantes y campañas de emergencia.
Asimismo
Cáritas tiene previsto celebrar el 16 de junio un acto en el paseo
marítimo de Los Cristianos (Arona), al sur de Tenerife, que será "de
denuncia" y con carácter "lúdico-festivo", que contará con las
actuaciones de los humoristas Juan Luis Calero y El Supositorio, y el
cantautor Andrés Molina.
Algunos opinan que el paradigma de las competencias básicas responde a un modelo de sociedad centrado en el consumo y la productividad individualista, es decir, lo más parecido a las modernas sociedades capitalistas.
La llamada teoría crítica de la educación, muy en boga en los sesenta y de inspiración marxista, decía que la misión real de la escuela era servir de justificativo ideológico del sistema social, con todas sus contradicciones, contribuyendo a su reproducción y perpetuamiento en las mentes de los ciudadanos y ciudadanas que egresaban de sus muros.
Mucho ha llovido desde entonces, y, sin embargo, sigo pensando que algo de cierto hay en este planteamiento. Especialmente cuando la experiencia educativa que se ofrece se limita a impartir conocimientos como si fueran las monadas de Leibniz, encerrados en si mismos, y desconectados del mundo real.
O cuando nos ajustamos acríticamente al ideal del éxito individual, el trabajo individual, la calificación individual, los saberes individuales, los méritos individuales,....
Pero podemos educar de otra manera, podemos asumir una postura crítica frente a lo que ocurre más allá de las ventanas del aula, podemos ofrecer una propuesta humanizadora, despertando en las mentes juveniles el gusanillo del cambio por la justicia social, por la igualdad, por la superación de los males tremendos del modelo social que soportamos, hijos del lucro desmedido y la idolatría de la ganancia.
Podemos partir del aprendizaje cooperativo, fomentar la sinergia de grupo, los liderazgos democráticos y participativos, el compromiso por el logro de determinadas metas, la definición compartida de objetivos y normas, las tareas comunes, la ilusión de aprender juntos.
No se trata de simple retórica. La cooperación como valor social se promueve a través de múltiples formas y debería imprimir toda nuestra praxis educativa: la disposición del aula, los criterios de evaluación y calificación, las actividades y tareas, los acuerdos y las normas del grupo, las medidas de refuerzo educativo y de atención a la diversidad, etc.
En este camino, el problema no son las competencias básicas, sino las opciones pedagógicas de los educadores: o formamos ciudadanos y ciudadanas competentes para que se desenvuelvan con relativo éxito en el competido medio social contemporáneo, pero sin cambiarlo; o formamos ciudadanos y ciudadanas competentes para la cooperación y la solidaridad, para la realización de un proyecto distinto de humanidad en consonancia con los valores de la ética y el compromiso social.
Si las competencias básicas responden a un modelo antropológico productivista e individualista, nuestro reto es ¡darles la vuelta!, y que se conviertan en promotoras de una concepción de la persona humana, y de la sociedad, más acorde con las propuesta liberadora de Jesús de Nazaret.
Para los que quieran seguir reflexionando sobre el tema del Aprendizaje Cooperativo, he reunido en un archivo rar, una serie de documentos y textos, algunos en base a experiencias educativas concretas, relativos a esta metodología y opción pedagógica.
Aula de Reli ha publicado un excelente post sobre el reciente fallecimiento del genio de la informática Steve Jobs, y su hondo significado desde una perspectiva cristiana, haciéndose eco de la resonancia que ha tenido su coherente testimonio de vida en la palabra de algunos pastores, y en importantes medios eclesiales.
Con la actitud paulina de saber reconocer los justo, lo verdadero, lo noble, lo hermoso que subyace en el milagro de la vida, signo de la inmensa dignidad de ser persona humana, transcribo a continuación el artículo a que hago referencia, junto con las interesantes viñetas que lo acompañan y que bien merecen una sonrisa y, sobre todo, una reflexión.
La muerte de Steve Jobs, el afamado creador de la empresa tecnológica
Apple, ha congregado una gran atención mediática y un gran número de
reconocimientos a la figura de este genio. También ha vuelto a traer a
la actualidad su intervención en la ceremonia de graduación en la
Universidad de Stanford, al poco de declarársele el cáncer que le ha
llevado a la muerte. Este discurso ha llamado la atención del obispo Ms.
Jesús Sanz, arzobispo de Oviedo, haciendo girar una carta pastoral
sobre las palabras de Jobs, que el prelado considera que son de “una
calidad humana en lo que vino a ser su testamento que vale la pena
poderlo leer”. El discurso podemos leerlo y descargarlo en PDF
íntegramente AQUÍ (NovaBella). También tenemos disponible el vídeo de ese momento:
"Dice así su testimonio ante el valor del amor como
verdadero motor de la vida: «En ocasiones la vida te golpea con un
ladrillo en la cabeza. No perdáis la fe. Estoy convencido que lo único
que me permitió seguir fue que yo amaba lo que hacía. Tenéis que
encontrar lo que amáis. Y la única forma de hacer un gran trabajo es
amar lo que se hace. Si todavía no lo habéis encontrado, seguid
buscando. No os detengáis. Al igual que con los asuntos del corazón,
sabréis cuando lo habéis encontrado». Amar lo que se hace, hacerlo por
amor, es lo que cambia radicalmente nuestro modo de empezar cada mañana a
hacer las cosas que llenarán nuestras horas entre fatigas, encuentros,
disgustos y alegrías.
A continuación, de manera más conmovedora, afronta el tema de la
muerte. Lo dice alguien ya sentenciado que desde su cáncer habla a una
multitud de jóvenes que se graduaban en la universidad: «me miro al
espejo todas las mañanas y me pregunto: “si hoy fuera en último día de
mi vida, ¿querría hacer lo que estoy a punto de hacer?” Y cada vez que
la respuesta ha sido “no” varios días seguidos, sé que necesito cambiar
algo. Recordar que moriré pronto constituye la herramienta más
importante que he encontrado para tomar las grandes decisiones de mi
vida. Porque casi todas las expectativas externas, todo el orgullo, todo
el temor a la vergüenza o al fracaso todo eso desaparece a las puertas
de la muerte, quedando solo aquello que es realmente importante.
Recordar que vas a morir es la mejor manera que conozco para evitar la
trampa de pensar que tienes algo que perder. Ya estás desnudo. No hay
ninguna razón para no seguir a tu corazón».
Jesucristo nos ha enseñado a estar atentos a las cosas, a esa
realidad de cada día en la que la vida se pasea entre nuestros sustos y
nuestras esperanzas. Ahí, en la plaza donde juegan los niños, en el
templo donde una viuda echa la limosna de la vida, en el árbol donde se
aúpan los curiosos impostores, en las calles donde deambulan pecadoras y
sus farisaicos acusadores, en la noche de las búsquedas y en los pozos
de la sed. La vida que nos relata de mil modos la eterna historia de
Dios que ha venido a salvarnos. El amor y la muerte son dos “argumentos”
tan cotidianos que podemos hacerlos banales. Amar lo que se hace y
hacerlo por amor, sabernos desnudos de seguridades vacías para no tener
jamás temor. Es la lección que nos ha dado Cristo al acompañarnos con su
gracia, con su ejemplo, con su promesa de resurrección. El corazón no
nos engaña cuando de modo incensurable nos empuja a buscar lo que
amamos. Esta indómita nostalgia coincide con el Don de Dios."
Curiosamente, varias de las viñetas de
recuerdo de Steve Jobs lo imaginan de modo cariñoso entrando en las
puertas del cielo y encontrándose con distintos personajes bíblicos.
Junto con la que encabeza el artículo, he encontrado otras cuatro: