jueves, 29 de marzo de 2012

Las competencias básicas y el aprendizaje cooperativo


Algunos opinan que el paradigma de las competencias básicas responde a un modelo de sociedad centrado en el consumo y la productividad individualista, es decir, lo más parecido a las modernas sociedades capitalistas.

La llamada teoría crítica de la educación, muy en boga en los sesenta y de inspiración marxista, decía que la misión real de la escuela era servir de justificativo ideológico del sistema social, con todas sus contradicciones, contribuyendo a su reproducción y perpetuamiento en las mentes de los ciudadanos y ciudadanas que egresaban de sus muros.

Mucho ha llovido desde entonces, y, sin embargo, sigo pensando que algo de cierto hay en este planteamiento. Especialmente cuando la experiencia educativa que se ofrece se limita a impartir conocimientos como si fueran las monadas de Leibniz, encerrados en si mismos, y desconectados del mundo real.

O cuando nos ajustamos acríticamente al ideal del éxito individual, el trabajo individual, la calificación individual, los saberes individuales, los méritos individuales,....

Pero podemos educar de otra manera, podemos asumir una postura crítica frente a lo que ocurre más allá de las ventanas del aula, podemos ofrecer una propuesta humanizadora, despertando en las mentes juveniles el gusanillo del cambio por la justicia social, por la igualdad, por la superación de los males tremendos del modelo social que soportamos, hijos del lucro desmedido y la idolatría de la ganancia.

Podemos partir del aprendizaje cooperativo, fomentar la sinergia de grupo, los liderazgos democráticos y participativos, el compromiso por el logro de determinadas metas, la definición compartida de objetivos y normas, las tareas comunes, la ilusión de aprender juntos.

No se trata de simple retórica. La cooperación como valor social se promueve a través de múltiples formas y debería imprimir toda nuestra praxis educativa: la disposición del aula, los criterios de evaluación y calificación, las actividades y tareas, los acuerdos y las normas del grupo, las medidas de refuerzo educativo y de atención a la diversidad, etc.

En este camino, el problema no son las competencias básicas, sino las opciones pedagógicas de los educadores: o formamos ciudadanos y ciudadanas competentes para que se desenvuelvan con relativo éxito en el competido medio social contemporáneo, pero sin cambiarlo; o formamos ciudadanos y ciudadanas competentes para la cooperación y la solidaridad, para la realización de un proyecto distinto de humanidad en consonancia con los valores de la ética y el compromiso social.

Si las competencias básicas responden a un modelo antropológico productivista e individualista, nuestro reto es ¡darles la vuelta!, y que se conviertan en promotoras de una concepción de la persona humana, y de la sociedad, más acorde con las propuesta liberadora de Jesús de Nazaret.

Para los que quieran seguir reflexionando sobre el tema del Aprendizaje Cooperativo, he reunido en un archivo rar, una serie de documentos y textos, algunos en base a experiencias educativas concretas, relativos a esta metodología y opción pedagógica.

APRENDIZAJE COOPERATIVO: DESCARGAR

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