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domingo, 3 de diciembre de 2023

1º DOMINGO DE ADVIENTO: ¡Vigilen!


Comienzo hoy con una confesión: ¡cómo me gusta el Adviento! En medio del aparente triunfo del mal, en tantos y tantos escenarios, este tiempo que precede a la Navidad me sacude el corazón y las entrañas: es la esperanza que vence a la tentación del desaliento, y que se infiltra en las entretelas de nuestro corazón cristiano. 

Este primer domingo se nos llama a la vigilancia: ¡qué viene el Señor, caramba! 

Porque de eso se trata, amigo, amiga, no te quepa duda: el Señor viene, para ti y para mi. 

Vino en el tiempo, hace 2023 años, el Hijo de Dios bendito, nacido de una madre virgen en la pobreza de Belén, anunciado por los profetas, esperado por el pueblo. 

Vendrá al final del tiempo, en su segundo venida, en la Majestad de su Gloria, a juzgar a las naciones. Es el Alfa y la Omega, el principio y el fin de la historia. La Iglesia, que es la Esposa, otea el horizonte y espera, confiada en su promesa: ¡Regresaré!

Viene a ti y a mi en la intimidad del corazón cuando oramos, cuando lo recibimos en la Santa Eucaristía, o en el sacramento del perdón, cuando escuchamos su Palabra que es luz y vida, cuando lo acogemos en nuestros hermanos y hermanas, particularmente en el pobre o en el que sufre.

Viene, si estamos atentos, en los pequeños acontecimientos de nuestra vida diaria. Dios se revela para cada uno en su historia personal que, vivida desde la fe, es siempre nuestra particular historia de salvación.

El Señor viene. No sabemos ni el día, ni la hora, ni el momento: "si al atardecer, o a medianoche, o al canto del gallo, o al amanecer,...", pero viene, eso es seguro.

Para recibir al Señor que está la puerta hay que despertar, estar vigilantes, salir del embotamiento del corazón y de los sentidos, y esperar. 

Sí, esperar, pues como decía San Rafael Arnaiz, un santo monje del siglo XX: "Toda nuestra ciencia consiste en saber esperar"

¡Feliz primer domingo de Adviento!

@elblogdemarcelo






domingo, 26 de noviembre de 2023

DOMINGO DE CRISTO REY: Conmigo lo hicieron

 


La parábola de este domingo, fiesta de Cristo Rey, con el que se cierra, además, el tiempo ordinario, es el corazón mismo del Evangelio.

Jesús explica aquí aquello que tanto preocupaba al joven rico: el tema del juicio final y la salvación eterna. Un asunto, por cierto, recurrente en la literatura religiosa de todos los tiempos. 

Casi todas las tradiciones han hablado de un más allá de la vida presente, y de las consecuencias futuras de nuestros actos morales. El bien, o el mal, que hagamos mientras estemos en este mundo, es determinante para nuestra vida futura.

Ser las únicas criaturas de la tierra capaces de hacer voluntaria y conscientemente el bien o el mal, acarrea una gran responsabilidad: hemos de dar cuenta de nuestros actos. Una creencia en la cual coinciden prácticamente todas las religiones.

El enfoque del Evangelio es, empero, absolutamente original: los actos de caridad, los que definen nuestro futuro final, son recibidos por Jesús en su propia persona. Él se identifica con el hambriento, con el sediento, con el que está enfermo o en la cárcel, con el emigrante o forastero. El Hijo de Dios, que comparte en todo nuestra humanidad, se reconoce en nosotros, en nuestros dolores y carencias.  Bendito sea el misterio de la encarnación.  

Llama la atención aquí el peso tremendo que tienen los llamados pecados de omisión, "dejaron de hacerlo": no dar de comer al hambriento, ni de beber al sediento,  no visitar al enfermo, ni acoger al extranjero. Lo más terrible es la ceguera:  "No te vimos".

Es cierto, a Dios, mientras vivamos, no podemos verlo cara a cara, pero tenemos su rostro santo y bendito en el pobre y el necesitado. Ellos son su presencia sacramental en medio de nuestra historia.

Este Rey nuestro, cuya fiesta celebramos hoy, que se identifica con el pobre y el indigente, y que quiere ser servido y amado en ellos, contrasta absolutamente con los reyezuelos y patiquines que pululan por ahí.

A la luz de la lógica de este mundo, nuestro Rey Jesús, pobre entre los pobres, es desconcertante y hasta escandaloso. 

Pero la sabiduría de Dios trasciende la lógica humana. 

No lo olvidemos: Los actos de amor, hasta el más pequeño y escondido, tienen valor de eternidad y definen nuestro futuro. 

¡Feliz domingo!

@elblogdemarcelo

domingo, 19 de noviembre de 2023

DOMINGO: Parábola de los talentos

Siempre he pensado que la parábola de los talentos, encierra una gran enseñanza acerca de nuestra misión en este mundo. 

No estamos aquí por casualidad, Dios ha llamado a cada uno por su nombre, y le ha dado unos talentos y gracias para vivir su vocación, humana y cristiana, en un determinado tiempo y lugar de la historia. 

Recibir de Dios unos talentos o dones no garantiza que tengamos éxito o seamos felices. Es lo mismo que encontrar petróleo en el patio de la casa, y echarse a dormir creyendo que la riqueza vendrá por sí sola. Toca espabilar, extraerlo, refinarlo, mercadearlo, y administrar las ganancias con cabeza. 

Se nos conceden unos talentos, y hemos de salir a negociar. Me parece significativo que Jesús utilice este termino "negociar", más propio del mundo mercantil que religioso, para indicar la parte que nos corresponde a la hora de hacer crecer los talentos que se nos confían.

Negociar es, en términos generales, invertir nuestro patrimonio en determinados productos/servicios con la expectativa de obtener alguna ganancia, y, de paso, recuperar lo invertido. El que negocia se expone a perder, por supuesto, pero asume ese riesgo dado que quiere aumentar su capital.

¿Cómo negociamos el talento? Poniéndolo en práctica, trabajando duro, ensayando y aprendiendo, con inteligencia y también con corazón, dedicando tiempo e ilusión,... el que canta, el que escribe, el que pinta, el que sirve las mesas, el que construye puentes, el que siembra en el campo, el que enseña,... Cada cual con su tarea, que es, al mismo tiempo, su cruz y su alegría, su gloria. 

Ojalá que, estemos donde estemos, podamos vivir y trabajar conforme a los talentos que hemos recibido. Ese es, tal vez, el secreto de la prosperidad. 

Ojo al dato: no basta con conservar el talento. El dueño de casa llama "siervo malo y perezoso" al empleado que lo escondió por temor. A la final se quedó sin nada. 

¿Conoces tus talentos? ¿Haz salido a negociarlos? ¿Haz aumentado tu capital inicial? ¿O lo has escondido por temor? 

Estas son las preguntas que brotan del Evangelio de este Domingo

¡Feliz día del Señor! 

@elblogdemarcelo

domingo, 12 de noviembre de 2023

DOMINGO: Las vírgenes necias y las vírgenes sensatas


Vigilar, porque cada uno ha de responder de sí mismo, ante el esposo que llega a la medianoche.

Vigilar, el aceite de las lamparas son las buenas obras que nos acompañarán a la hora del encuentro (no olvidar: tenemos un tiempo para hacerlas, ¡no lo posterguemos!):  "Brille así la luz de ustedes delante de los hombres, para que vean sus buenas obras y glorifiquen al Padre que está en los cielos." (Mt. 5, 16) 

Vigilar, estar atentos, hemos recibido unos dones, un llamado, se nos ha encomendado una misión, en un tiempo de la historia, en un lugar,... 

Las imágenes de la parábola son fuertes: la puerta que se cierra, el esposo que dice que no conoce a las que se quedaron fuera. 

Vigilar, porque el que vigila, el que ora, el que practica el mandamiento nuevo del amor, conoce por experiencia la gran misericordia de Dios y se acercará con confianza al trono de su gracia.

Como decía Teresa del Niño Jesús, una de las sensatas:

"Lo que agrada a Dios, en mi pequeña alma, es que ame mi pequeñez y mi pobreza. Es la esperanza ciega que tengo en su misericordia."

¡Feliz domingo!

@elblogdemarcelo