sábado, 2 de abril de 2011

SUBE CONMIGO: Ignacio Larrañaga


La salvación cristiana es una experiencia esencialmente comunitaria. El Nuevo Testamento, desde los evangelios hasta el Apocalipsis, pasando por las cartas del Pablo, y por los Hechos de los Apóstoles, testimonian la vivencia de Cristo no como un acontecimiento individual sino como el paso de Dios, por su Espíritu Santo, uniendo a hombres y mujeres en un camino de fe y fraternidad, de comunión de vida y de destino en el amor del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

Hoy día está de moda que cada quien se agencie su propio batiburrillo de ideas religiosas, muy a tono con el individualismo y el relativismo que impera en la mentalidad contemporánea. Sin embargo, una experiencia religiosa que no nos vincule a los hermanos y hermanas, que no nos ayude a vivir el mandamiento nuevo del amor, es, desde un punto de vista cristiano, siempre sospechosa.

La fe en Jesucristo salva al hombre y a la mujer de su propio aislamiento, lo enlaza a unos hermanos y hermanas concretos, con quienes está llamado a vivir y compartir la gracia de su vocación al seguimiento del Señor.

El cielo, el verdadero cielo, no lo sueño en soledad con Dios, sino como una gran fiesta donde está presente toda la gente que he amado en esta tierra,... mi familia, mis alumnos y alumnas, mis amigos y amigas, ...en comunión con todos los redimidos de la historia, "hombres de toda raza, lengua, pueblo y nación" (Apoc. 5,9 )

Hermano, hermana, no tengo reparo en confesarlo: ¡Les necesito!,...¡No puedo salvarme sólo!

El conocido libro Sube conmigo, de Ignacio Larrañaga, explora las dimensiones comunitarias de la experiencia cristiana, y busca ayudarnos a crecer en ese amor ablativo, que sorteando las dificultades de la subida, se convierte en gracia y testimonio del amor de Jesús, el hermano universal.

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