sábado, 14 de diciembre de 2013

San Juan de la Cruz y el misterio de María


Hoy celebramos la festividad de Juan de la Cruz, poeta y doctor de la Iglesia, un maestro en los caminos que conducen a la unión con Dios. Leyendo sus obras sorprende las escasas referencias directas que hace del misterio de María, sobre todo considerando su pertenencia a una orden tan profundamente  mariana como es el Carmelo.

Una primera explicación está relacionada con el modo de ser del santo, parco y centrado en los temas que le preocupan: la unión con la Dios, la vida teologal, la noche, la contemplación,... Nunca pretendió abarcar la diversidad de temas que comprende la teología espiritual, sino aquellos que estimaba eran de mayor necesidad para sus lectores, básicamente gente de oración.

Además, Juan de la Cruz se ha guardado celosamente para si su experiencia de amor con María, la cual  conocemos, por otra parte, a través de su vida, en ella encontramos abundantes testimonios de la presencia de la Madre de Dios que acompaña y protege al santo carmelita en su camino, especialmente en los momentos de tribulación.

Más allá de los datos externos, profundizando en la doctrina de Juan de la Cruz, encontramos que su teología nos ayuda a comprender mejor el misterio de María, la Madre de Dios, y de paso, nuestra propia vocación  a la unión con Dios.


A continuación una síntesis, tomada de la página de la Orden del Carmelo Teresiano: San Juan de la Cruz y la Virgen María


"Las alusiones marianas que el Santo Padre tiene en sus escritos son muy sobrias, pero están dotadas de ese toque de genialidad propio del Doctor Místico, para introducirnos en los aspectos más sublimes del misterio de María. 

- En comunión con el misterio de Cristo. En los Romances sobre el Evangelio de San Juan (nn.8-9), clave bíblica de toda la doctrina de San Juan de la Cruz en la perspectiva de la historia de la salvación, la Virgen aparece en el esplendor de su comunión con la Trinidad, en su privilegio y misión de ser Madre del Verbo Encarnado, en la aceptación y consentimiento de la obra de la redención; la Virgen María es testigo del misterio, "Madre graciosa" que trae en sus brazos a Dios, Esposa-Iglesia y Humanidad en la que se han consumado los desposorios de Dios con el hombre: "abrazado con su esposa, que en sus brazos la traía". 

El vértice de esta comunión se alcanza en la cruz, cuando la Virgen participa en el dolor redentor de Cristo, aunque esté exenta de pecado, y no sufra porque tiene que ser purificada, sino porque Cristo la asocia a su acción salvadora (Cántico B, 20,10; Cántico A 29,7). 

- Bajo la moción del Espíritu Santo. En un contexto significativo, hablando de las almas que se han identificado totalmente con la voluntad de Dios, de modo que todas sus operaciones, obras y ruegos, vienen de la moción divina, el Santo Padre ha escrito: "Tales eran las de la gloriosísima Virgen nuestra Señora, la cual, estando desde el principio levantada a este alto estado, nunca tuvo en su alma impresa forma de alguna criatura, ni por ella se movió, sino siempre su moción fue por el Espíritu Santo" ( Subida III, 2,10). 

En esta afirmación se encuentra el principio de una acción constante y total del Espíritu en María, elevada desde el principio a este altísimo estado de comunión con Dios, en un dinamismo de creciente fidelidad y cooperación con las mociones del Espíritu Santo. 

- Modelo de contemplacion y de intercesión. Modelo de confianza, discreción y atención en las Bodas de Caná, la Virgen hace valer su poderosa intercesión ante su Hijo: "El que discretamente ama no cura de pedir lo que le falta y desea sino a representar su necesidad para que el Amado haga lo que fuere servido, como cuando la bendita Virgen dijo al amado Hijo en las bodas de Caná de Galilea, no pidiéndole derechamente el vino, sino diciéndole: "No tienen vino (Jn 2,3)" (Cántico A y B 2,8). La presencia de la Virgen está implícita en este pensamiento del Santo: "Una palabra habló el Padre, que fue su Hijo, y ésta habla siempre en eterno silencio, y en silencio ha de ser oída del alma" (Dichos de luz y amor 104; cfr. Subida II, 22,3-6). María es el silencio contemplativo que ha acogido la Palabra. Por eso Juan de la Cruz, uniendo siempre María y Cristo, puede exclamar: "la Madre de Dios es mía" (Oración del alma enamorada)".


Penetremos en el  misterio de Nuestra Señora de la mano de Juan de la Cruz, para que comprendamos las inmensas riquezas que nos han sido dadas en Cristo Jesús, la anchura, la altura y la profundidad del amor de Dios por nosotros. Amén.

Para seguir profundizando en la vida y doctrina del santo carmelita puedes consultar: SanJuan de la Cruz: profeta de la unión con Dios

@MarceloMartín


4 comentarios:

  1. Gracias por esta entrada tan hermosa !!! y sus versos llenos de Dios muy bello tu artículo e interesante , un abrazo

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    1. Gracias a ti Beatriz, realmente las poesías de Juan de la Cruz son de una belleza singular, un abrazo

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    2. Gracias por compartirnos desde la experiencia de San Juan de la Cruz ella como tu dices nos ayuda a descubrir nuestra inmensa dignidad como hijos e hijas de Dios, nuestro destino, el propósito de la existencia que nos ha sido dada.

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    3. Gracias, María del Rosario, por tu comentario,...No me canso de seguir explorando en esa gran riqueza de doctrina y de testimonio que nos dejado el poeta místico Juan de la Cruz. Qué el Señor nos haga gustar el manantial "do mana el agua pura" y nos conduzca siempre por el sendero de la unión. Un abrazo

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