miércoles, 24 de junio de 2015

La entrevista de Risto Mejide al padre Fortea: La siembra del odio ¿a dónde nos llevará?


Anoche después de ver la entrevista de Risto Mejide, un personajillo de la TV española, al padre Fortea, me puse a revisar por Internet la propaganda que hizo el nazismo para predisponer a la opinión pública alemana contra los judíos.

Aunque el odio a los judíos ya tenía antecedentes, la ideología nazi lo promovió directamente, justificando el antisemitismo con mil argumentos y argucias.

La persecución empezó con viñetas y artículos de prensa, y terminó, años más tarde, en los campos de concentración y en el Holocausto. Entretanto el pueblo alemán, sometido a una especie de lavado de cerebro colectivo, miraba para otro lado.

Alguno dirá que estoy exagerando, que no es para tanto,  pero es que percibí en Risto Mejide un odio tan grande a los cristianos, una intención tan maleva en sus ojos, en sus palabras, en la escenografía misma del plató, de humillar y ridiculizar al  sacerdote entrevistado, que fue inevitable relacionar una cosa con otra.

Ese odio del presentador lo conozco, lamentablemente me he topado con él bastantes veces en España.

Ese odio, que se ha sembrado y que se está sembrando, ¿a dónde nos llevará? No hace falta tener el don de profecía para anticipar las tempestades que nos aguardan a los cristianos que vivimos en España. Al tiempo.

Todos los días, desde hace años, por poner un ejemplo, "El País", uno de los principales periódicos en lengua española, ofrece una noticia en contra de la Iglesia. Continuamente, sin ningún pudor ni respeto a la verdad, tergiversan lo que dicen los obispos y representantes de la Iglesia.

No es extraño que estos medios hayan logrado convertir a los obispos y sacerdotes en personas odiosas de cara a la opinión pública. La campaña mediática contra ellos ha sido particularmente virulenta e implacable. Se silencia todo lo positivo que pueda haber en sus palabras y en sus gestos, se enfatiza y retuerce hasta el infinito todo lo negativo.

No es extraño tampoco que el laicismo haya ido calando en la opinión pública. He visto con estupor estos días a varios políticos jurar sus cargos manifestando expresamente su ideología laica. La pretensión es, sencillamente, eliminar todo referente cristiano de la vida ciudadana e imponernos a todos una visión única de la vida, de la familia, de la persona humana, de la sociedad, de la moral, etc.

La meta es que los cristianos desaparezcamos de la vida social y nos convirtamos en ciudadanos de segunda clase. Percibo, ojalá me equivoque, que cada vez más vivimos bajo una dictadura basada en el relativismo anti-cristiano. 

En este contexto que anticipo, me hago muchas preguntas: ¿dónde quedará la libertad de conciencia?, ¿y la libertad religiosa?, ¿y la libertad para manifestar públicamente mis convicciones?, ¿y la libertad de los padres para educar a sus hijos según sus creencias?, ¿y la libertad para llevar una cruz en el pecho?, ¿y la libertad para salir en procesión pública y festivamente con nuestros santos? ¿y la libertad para predicar el evangelio?, ¿y la libertad para celebrar el culto sin que unos desalmados lo interrumpan violentamente?,… ¿Serán respetadas estas libertades?, ...¿sí o no?

Porque esta es la gran cuestión: la libertad, el don  más sagrado del ser humano.

A pesar de que nos prometen una sociedad más abierta, yo no percibo ni tolerancia, ni respeto, ni pluralismo, ni amor a la verdad, lo que siento es animosidad, odio, intolerancia, irrespeto y fanatismo anti-religioso.

¿Cuál debe ser nuestra actitud como cristianos en medio de este contexto que se vive en España?

Creo que lo primero es evitar ser ingenuos. Me parece que la asistencia de Fortea al programa de Risto Mejide fue un acto de ingenuidad que hemos pagado todos. Y lo digo en plural porque cuando se ofende y humilla a un sacerdote, ofenden y humillan la fe de cada cristiano. Ni más ni menos.

Lo segundo es no tener miedo de declararnos cristianos públicamente, aunque socialmente nos desaprueben. Es nuestro derecho como ciudadanos. Precisamente lo que quieren es que nos callemos, que disimulemos nuestra pertenencia a la Iglesia, que vivamos nuestra fe en el armario, que muramos socialmente. No cedamos en esto.

Participemos activamente en la vida ciudadana, demos nuestra opinión, ejerzamos nuestro derecho a expresar lo que pensamos. Los cristianos tenemos una palabra que decir, y, por lo pronto, se nos permite hacerlo. No sabemos por cuánto tiempo. Evitemos, eso sí, las discusiones inútiles con gente intolerante que no respeta ni la fe ni las ideas ajenas. Suelen ser bastante agresivos y no buscan el diálogo sincero. Risto Mejide sería un buen ejemplo.

Apoyemos todas las causas socialmente justas, la defensa de los derechos humanos, el trabajo por la justicia social. Testimoniemos proféticamente la solidaridad que brota del Evangelio y colaboremos en el bien común. Vivamos la opción por los más pobres, como nos exhorta el Papa Francisco.

Amemos a nuestros enemigos, como nos enseña el Evangelio, no devolvamos mal por mal, ni caigamos en la tentación del odio. Recordemos que lo propio del cristiano es el perdón.

Finalmente, es tiempo de conversión, de vivir intensamente el Evangelio, de dar testimonio y, sobre todo, de oración, de mucha oración.

Todo esto que he escrito lleva bastante tiempo incubándose dentro de mí.

Me siento hijo de esta Iglesia Católica española que ha soportado en su larga historia de dos milenios varias persecuciones, que ha testimoniado la fe con la sangre de los mártires. Me siento solidario con ella y la amo a pesar de todo su pecado y de todas sus miserias. Es la comunidad que me ha engendrado a la vida nueva en Cristo por la predicación de la Palabra y los sacramentos.

Que el Señor Jesús, que ha prometido estar con nosotros todos los días hasta el final de los tiempos, nos guarde siempre en su misericordia. Amén.

@elblogdemarcelo


3 comentarios:

  1. Pocas veces se lee algo con tanto sentido, tanta sensibilidad, tanta lógica y con tan buen uso de la razón unida a la Fe.
    Y además, tan bien escrito.

    Es un consuelo saber que aún existen católicos formados, informados y con fe viva.
    Y en consecuencia, ciudadanos de bien que saben dar al Cesar lo que es del Cesar sin restar a Dios lo que es de Dios.

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  2. wwuaauu!! Excelente mas nada que decir luego de leerle a Ariel y a ti darte la gracias por compartir con nosotros tus inquietudes y reflexiones que al fin y al cabo son las mismas un abrazo

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  3. Hola Marcelo, soy venezolana y fiel seguidora del Padre Fortea y lo que el representa; la Iglesia. Gracias por este gran articulo.

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