martes, 6 de julio de 2010

NO ME LLAMES EXTRANJERO



Les presento este vídeo del poema-canción de Rafael Amor, que trata de un tema para mí muy sensible: la inmigración.

Yo emigrante , hijo y nieto de emigrantes, que me he pasado más de doscientos años de mi árbol genealógico cruzando de aquí para allá, y de allá para acá el bendito Atlántico: Caracas, Tenerife, Cuba, Las Palmas, y otra vez, Caracas, y ahora de nuevo Tenerife, tengo de tanto viaje un corazón que navega los continentes y que en cualquier playa se siente en casa.




Además, trabajo con alumnos de medio planeta: rumanos, cubanos, venezolanos, colombianos, argentinos, chilenos, uruguayos, peruanos, chinos, saharauis, bolivianos, ecuatorianos, dominicanos, brasileños, búlgaros, eslovacos, alemanes, noruegos, ingleses, rusos, guineanos, magrebíes, nigerianos, senegaleses,... y más, y más, además de españoles de distintas comunidades, y por supuesto, de gente de Canarias.

Quienes conozcan la realidad del sur de Tenerife sabrán de lo que hablo.

En medio de esta riqueza cultural y humana que me rodea, cuando oigo alguna palabrita xenófoba, incluso hacia mí mismo, por mí acento medio sudaca, o quizás por "mis modos" que revelan este bricolaje cultural que me delata, entonces pienso en el Dios que prometió darle a Abraham, Padre de la fe, "Esa tierra en la que andas como extranjero" (Gn. 17,8), o en la escena del juicio final cuando Jesús se identifica con el emigrante que es acogido "porque fui forastero, y me acogiste" (Mt. 24,35) o, finalmente, en la bella imagen del apocalipsis: "..., hombres de toda raza, lengua, pueblo y nación,..." cantan la alegre comunión fraterna y definitiva con el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.

Que el Señor nos conceda a todos un corazón verdaderamente católico. Amén.

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