miércoles, 13 de octubre de 2010

DEJAR A DIOS SER DIOS


Interesante libro del jesuita Carlos Vallés, Dejar a Dios ser Dios, sobre las imágenes que nos hacemos de la divinidad, y la necesidad que tenemos de purificar nuestra visión del Absoluto, que sobrepasa siempre nuestro entendimiento, y los estrechos marcos de nuestra experiencia cultural.

Vallés ha escrito este libro en diálogo con la cultura religiosa y espiritual de la India, entorno que sirve de referencia a su reflexión cristiana sobre Dios, y sobre la imagen que nos hacemos de él en nuestra vida cotidiana.





Dios es, sencillamente, desconcertante. No se deja atrapar por nuestros pobres conceptos, no sigue nuestra lógica. Con frecuencia, deja "perplejos" a sus mejores amigos. Algunos ejemplos:

Desconcertante: Le pide a Abraham que le sacrifique a Isaac, el hijo de la promesa, la señal dada por el mismo Dios, para ser semilla del pueblo que llevaría su nombre.

Desconcertante: Moisés, el gran amigo de Dios, el líder del éxodo, el que recibe las tablas de la Ley y la Alianza, muere, sin embargo, sin entrar en la tierra prometida.

Desconcertante: María, encinta por obra del Espíritu Santo, no encuentra lugar para dar a luz al Mesías, al heredero del trono de David. Nace el Señor en un establo, y un pesebre es su primera cama.

Desconcertante: Pablo es transportado al tercer cielo, goza de sublimes visiones celestiales. Dios permite que sufra un tremendo aguijón en su carne. El apóstol lo vive como un llamado a permanecer humilde.

Y el mayor desconcierto de todos: La muerte de Jesucristo, el Hijo de Dios, en la cruz, en medio de atroces sufrimientos. Un Mesías crucificado, escandalo para los judíos y necedad para los gentiles (1Cor. 1,23), máxima manifestación del amor de Dios por los hombres.

Sí, porque detrás de todo este misterio paradojal, lo cierto es que Dios es amor.

Y aunque no siempre comprendemos sus caminos de bendición y gracia para con nosotros, sus queridos hijos, él pide nuestra confianza en su gran misericordia.

Sí, también nosotros, si hacemos la experiencia del seguimiento de Jesús, a veces nos sentimos desconcertados, y no entendemos los planes del Señor. Le sucedió a los discípulos, y nos sucede hoy también a nosotros, aunque hayamos estudiado mucha teología.

Qué el libro del Padre Vallés nos ayude a descubrir, en medio de las pruebas de fe de cada día, el rostro amoroso de Dios, el que nos ha sido revelado en la persona santa de Jesucristo, imagen del invisible, impronta de su sustancia, y resplandor de su gloria (Hb. 1,3).

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