martes, 22 de mayo de 2012

Profesor de Religión: ¿un profesional carismático?

Esta tarde, cosas mías, me ha dado por preguntarme: ¿Cómo me convertí en Profesor de Religión?

Más allá de los requisitos académicos que se me exigieron en su momento, del proceso de selección que viví, de las circunstancias externas de mi historia personal, una cosa tengo por cierta: ser profesor de Religión es una vocación en toda regla.

Por distintos caminos, y de modos muchas veces insospechados, fui llamado y escogido por el Señor para cumplir una misión evangelizadora en su Iglesia: comunicar los contenidos de la fe cristiana a los jóvenes en el marco de la institución educativa, en diálogo con la ciencia, con la cultura y con las grandes cuestiones que se debaten en el corazón del hombre contemporáneo.

Al llamarme a este ministerio eclesial se me dio una gracia particular: el carisma de la enseñanza, un don del Espíritu Santo que me capacita, y me empuja, para el cumplimiento de la tarea que se me confía.

En realidad, el gran protagonista del trabajo docente es siempre el Espíritu Santo. Nosotros, los profes, simplemente, intentamos secundar su acción: ¡somos sus colaboradores!

Enfrentamos los desafíos y las dificultades inherentes a nuestro trabajo con la gracia y el consuelo del Espíritu Santo.

El Espíritu Santo nos infunde su ciencia, nos comunica palabras de vida, despierta nuestra creatividad, aviva en nosotros y nosotras el amor por los chicos, sostiene nuestro compromiso, nos levanta cuando estamos desanimados.

¡El Espíritu Santo es nuestro aliado! 

El Espíritu Santo, el amor del Padre y el Hijo viviendo en nosotros y nosotras.

Por supuesto, esta dimensión carismática de nuestra vocación, se integra con nuestro perfil profesional: el dominio científico-técnico de la didáctica de unos contenidos que hemos de conocer relativos al hecho religioso, especialmente en lo concerniente al cristianismo, y la utilización de una gran variedad de recursos para el logro de nuestros fines pedagógicos.

Queda aclarado, los profesores de Religión no somos simplemente gente piadosa como piensan algunos no sin malicia, somos profesionales de la enseñanza como los que más, especialistas en un área concreta del conocimiento humano: las ciencias religiosas, y, especialmente, la Revelación Cristiana y su Tradición (con T mayúscula, por favor).

Ambas dimensiones, la carismática-vocacional y la profesional, se funden en el quehacer diario del profesor o la profesora de Religión.

La Clase de Religión se renueva continuamente al batir de estas dos alas: creciendo profesionalmente en calidad y rigor técnico; y profundizando en nuestra respuesta al llamado del Señor, viviendo el Evangelio, en actitud de verdadero discípulo, o discípula, de Jesucristo.

Siendo amigos, yo diría cómplices, del Espíritu Santo, el regalo que el Padre siempre nos concede en la persona de su amado Hijo Jesús. Amén.

4 comentarios:

  1. ¡Querido Marcelo! Paz y Bien.

    Compleamente de acuerdo contigo. Ser profesor de Religión es una gracia de la providencia divina, que nos inserta en el mundo, desde el ámbito de la educación, para transmitir el evangelio en diálogo con la cultura, la ciencia y la razón, para colaborar en la educación integral de nuestros alumnos.

    En mi caso, con mi formación como biólogo, nunca pensé que terminaría sirviendo al reino de Dios en esta profesión. Ahora, con el tiempo, me doy cuenta que el Señor actuó para que le sirviera de la mejor forma que yo podía.

    Un abrazo fraterno.

    José Manuel

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    1. Así es, José Manuel, estoy seguro que cada uno de nosotros pudíera contar su testimonio de como por distintos caminos hemos sido llamados a colaborar con el Señor en la obra de su Reino.

      Además, fijate que has estudiado una carrera científica de lo más interesante para poder testimoniar delante de otros que sí, que se puede ser científico y creyente. Un biólogo cristiano tiene mucho que aportar a la Iglesia, y a los jóvenes.

      Un saludo,
      Marcelo

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  2. Un profesor de religion ante todo deve de ser un experto en la Biblia.
    y me temo que hay muy poquitos Catolicos Romanos que se atrevan a dar una buena
    interpretacion de esta, son unos expertos en el catecismo un libro en parte que
    contradice a lo que dijo Jesus y los apostoles y que es cambiante con los años.
    Yo como catolico que soy tengo varios catecismos alguno muy antiguo, y algunos
    dogmas que estan escritos parecen mas bromas o tomaduras de pelo que otra cosa.
    Se nota que la gerarquia Catolica que lo mando escribir ignoraba por completo
    el Amor de Dios y de su hijo hacia los hombres.
    Hoy siguen en esa ignorancia, solo se libran algunos frailes y algunas monjas
    y algunos catolicos que no creemos en el infierno del fuego eterno, como no creia Juan PabloII.
    Por favor hermano lee masla Biblia y menos catecismo que lo que dice mañana
    lo contradice y la Biblia sera igual ayer hoy y mañana.

    Un saludo y perdona las faltas de ortografia.

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    1. Recibe un saludo fraterno. Con todo el respeto que me merecen las diversas opiniones, mi experiencia como católico no se corresponde con lo que expresas. La Palabra de Dios, especialmente el Nuevo Testamento, es el centro de la vida cristiana, ella es leída, celebrada, interpretada, testimoniada, vivida, en una comunidad de fe que es la Iglesia, pues fueron las comunidades cristianas del Siglo I las que escribieron los textos santos por inspiración del Espíritu Santo. Es la fe de una Iglesia que tiene dos mil años de camino, la fe que ha sido ratificada con la sangre de los mártires. Los poderes del infierno no prevalecerán nunca contra ella.

      Ningún catecismo que yo conozca contradice, ni puede contradecir, ninguna verdad de las Sagradas Escrituras. Es cierto que por una larga historia que tiene que ver con la Reforma, hubo un tiempo en que los católicos descuidaron la lectura de la Palabra. Pero ¡hermano! hace ya por lo menos 40 años que eso ha cambiado. Todo mi trabajo educativo está centrado en la Palabra, porque esa fue mi formación y además la Palabra es el fundamento de mi vida como discípulo de Jesús.

      He tenido dudas de publicar tu comentario porque la tónica del Blog no es la polémica. Algunas hermanos de otras Iglesias son muy dados a infinitas discusiones, que por lo general se basan en lo que ellos "creen" que creemos los católicos. Me resultan bastantes violentas y ofensivas. Respeto profundamente el camino de fe de cada ser humano, y aspiro a que se respete el mío.

      Precisamente, para evitar esas actitudes irrespetuosas, he puesto la moderación en los comentarios.

      Recibir a Jesús como Señor y Salvador es obedecerle. Él nos mandó a buscar la unidad del Cuerpo, para que el mundo crea que Él ha sido enviado. Él nos mandó a ser humildes, a no juzgar al hermano, a no condenar a los demás, y cuando los apóstoles quisieron impedir que otros que no eran del grupo hicieran milagros en el nombre de Cristo, este lo permitió: “No se lo impidan, porque nadie puede hacer un milagro en mi Nombre y luego hablar mal de mí” Mc. 9,39

      Por todo esto me resulta muy violento que alguien sin conocerme juzgue mi fe y mi experiencia de Jesucristo simplemente porque soy católico, y diga afirmaciones descalificadoras sobre la fe que enseño, confieso y vivo cada día, y que no es otra que la fe de la Iglesia Católica. En ella he encontrado la salvación de Jesucristo; en ella, con todos sus pecados, sus debilidades y sus fallos humanos, se conserva vivo el testimonio del Resucitado. Acepto a quien no esté de acuerdo conmigo, ¡no voy a tratar de convencerle!, pero esta es la verdad que he vivido en mi historia personal. Es una cuestión básica de respeto a la libre conciencia de las personas, a la obra que hace Dios con cada uno de sus amados hijos e hijas.

      Hermano, seamos fieles a lo que el Señor pone en nuestro corazón, y vivamos el mandamiento nuevo del amor fraterno, el signo por el cual hemos de ser reconocidos los cristianos, más allá de la Iglesia a la que pertenezcamos. Dejemos los juicios en manos de Dios que no juzga según apariencias sino que mira el secreto del corazón de cada persona.

      La paz del Señor nos acompañe siempre

      Marcelo

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