viernes, 4 de octubre de 2013

Talkin´ bout revolution: ¿Los cristianos son enemigos de las revoluciones?



En algunos medios cristianos la palabra revolución no tiene buena prensa. Recuerdo todavía la definición que aprendí de mi profesor de sociología: cambios abruptos, radicales, en un sistema, originados casi siempre por medios violentos.

Las revoluciones de los últimos siglos: la francesa, la bolchevique, la cubana,..., tarde o temprano, siempre han terminado persiguiendo, a veces ferozmente, a los cristianos y cristianas.

Estas experiencias de la historia nos han hecho precavidos. No podemos ser ingenuos.





¿Significa esto que los discípulos de Jesús somos enemigos de las revoluciones? Cuando estudiaba en la universidad, por ejemplo, los marxistas acusaban a los cristianos de predicar la resignación frente a la injusticia, de alienar a las masas populares con la idea de una felicidad celestial, más allá de la vida presente.

En el discurso anti-cristiano de mucha gente de izquierda de hoy a veces sigo escuchando este mismo argumento, que es posible rastrear en los escritos de Carlos Marx, quien produjo su obra, como sabemos, en el siglo XIX.

La justicia social, en el corazón de la revelación cristiana

No niego que cierta predicación en el pasado ha podido justificar una actitud pasiva y resignada ante la explotación y la pobreza, pero si tomamos los documentos de la doctrina social de la Iglesia de los últimos 100 años descubriremos que, más allá de los tópicos, la enseñanza cristiana es fuertemente crítica frente a las injusticias y muy activa en la búsqueda concreta de una vida digna para todos.

Reconozcamos en todo caso que no siempre nuestras acciones han sido proféticas, nos ha faltado en ocasiones un mayor compromiso evangélico con los cambios sociales, ser más una Iglesia pobre y con los pobres como quiere nuestro Papa Francisco.

Es que basta con leer a los profetas, el Evangelio, el Sermón de la Montaña, los Hechos de los Apóstoles, para darse cuenta de la centralidad que tiene el tema de la justicia social en la revelación cristiana.

Es violencia,...

Las revoluciones se incuban en la sordera, y en la dureza del corazón, de quienes reproducen incesantemente unas condiciones de vida que atentan contra la dignidad humana, tanto en hombres/mujeres como en países y continentes enteros.

Es violencia desahuciar a una familia de su casa cuando en una situación de debacle económico el jefe del hogar se queda sin empleo.

Es violencia, y cinismo, hacer pagar una crisis que han generado las clases dominantes sobre las masas empobrecidas de los ciudadanos.

Es violencia una política de recortes que siempre termina con una carta de despido para alguien,  mientras la riqueza se concentra diabólicamente en unas cuantas naciones y personas.

Es violencia las políticas que protegen a los banqueros y dejan en el desamparo a la gente común.

Es violencia el drama de los países empobrecidos y famélicos de África, Asia y América Latina.

Es violencia, y es sordera del corazón y de las entrañas, la actitud de los líderes mundiales, Barack Obama, David Cameron, Angela Merkel, Rajoy, etc,  servidores todos de la lógica del capital, mirando para otro lado ante el sufrimiento de sus hermanos como en la Parábola del Buen Samaritano (Lc. 10, 25-37)

Pero el llanto de los pobres de la tierra está ahí, atraviesa las nubes, alcanza a Dios (Ecl. 35, 17) Y habrá un juicio, y el examen tiene que ver con el bien que hemos podido hacer y no hemos hecho. (Mt 25, 31-46).

Por mirar a otro lado. Por sordera.

La revolución cristiana: cambiar el corazón

Ninguna revolución humana logrará los anhelos de justicia sino se transforman los corazones de los hombres. Se cambian los opresores, y los que hasta ayer eran oprimidos se convierten en los nuevos amos, y aparecen nuevas víctimas, nuevos explotados que intentarán hacerse con el poder, y vuelta a empezar.

Ha sucedido tantas veces en la historia.

La revolución cristiana, en cambio, va a la raíz, liberar el corazón, sanar la sordera interior, dejarse tocar por el torrente de la misericordia del Padre,...y testimoniar el amor, denunciando la injusticia, socorriendo al que sufre, construyendo un mundo nuevo más justo, fraterno y solidario.

La canción que les propongo de Tracy Chapman nos puede servir de reflexión para este tema que debemos llevar siempre al aula, especialmente en los cursos superiores de la ESO y en el bachillerato.

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