domingo, 7 de junio de 2015

Mozart y el Corpus Christi: Tantum Ergo Sacraméntum


Hoy celebramos el Corpus Christi, una fiesta que en todo el orbe católico se viste de color y de alegría:  alfombras, flores, procesiones, cantos de adoración y de alabanza,... en el centro de todo está Jesús Eucaristía, la presencia viva y real del Resucitado en el Santísimo Sacramento del altar.

Confesamos que bajo las especies del pan y el vino palpita verdaderamente el cuerpo y la sangre de Cristo. No se trata de una mera memoria simbólica de la última cena del Señor con sus discípulos. Para nosotros la Eucaristía es memorial que actualiza, aunque de manera incruenta, el misterio santo de la Pascua: la pasión, muerte y resurrección de Cristo. 

El mismo se ofrece en cada misa como sacerdote, víctima y altar, renovando así la entrega que ha hecho de sí mismo al Padre por nuestra salvación. Él permanece vivo y  presente en el sagrario para que le busquemos, le demos gracias, le presentemos nuestras necesidades, le acompañemos, dialoguemos con él,...

Jesús, el amigo que nos aguarda en el sagrario. Esto es algo más que un sentimentalismo religioso, es la experiencia teologal de la fe, la escuela donde ser forjan los contemplativos, los profetas, los testigos del Dios vivo que nuestro mundo necesita

Toda la Iglesia vive de este misterio,... Nuestra espiritualidad, nuestra oración, nuestro apostolado, es irradiación de la Eucaristía,... venimos de ella y a ella vamos siempre,.... a nuestro amigo Jesús, vivo y presente en el Santo Sacramento.

Para el culto eucarístico existen en la Iglesia innumerables himnos y cantos de alabanza, uno de los más hermosos es, sin duda, el conocido "Tantum ergo", atribuido a Santo Tomás de Aquino y que coincide con las dos últimas estrofas del tradicional "Pange Lingua": 

LatínCastellano
Tantum ergo Sacraméntum,
Venerémur cérnui:
Et antíquum documentum
Novo cedat rítui;
Præstet fides suppleméntum
Sénsuum deféctui.
Genitori Genitóque,
Laus et iubilátio;
Salus, honor, virtus quoque,
Sit et benedíctio;
Procedénti ab utróque
Compar sit laudátio.
Amen.
Veneremos, pues, inclinados
tan grande Sacramento;
y la antigua figura ceda el puesto
al nuevo rito;
la fe supla
la incapacidad de los sentidos.
Al Padre y al Hijo
sean dadas alabanza y júbilo,
salud, honor, poder y bendición;
una gloria igual sea dada
al que del uno y del otro procede.
Amén.

Existen varias versiones de este himno, la compuesta por Wolfang A. Mozart  es, sencillamente, sublime. Arte, belleza y fe se unen aquí testimoniando el permanente diálogo que a lo largo de los siglos se ha establecido entre las más exquisitas manifestaciones de la cultura y la experiencia cristiana. 

Les invito a disfrutar esta interpretación, y a celebrar con Mozart de la fiesta del Corpus Christi



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