jueves, 8 de marzo de 2012

Dar gracias a Dios: un camino de bendición


Orar es, ante todo, una experiencia de amistad entre Dios, que se nos hace amigo en la persona de Jesús de Nazaret, y nosotros, sus discípulos y discípulas. Todos los valores propios de la verdadera amistad, caracterizan a su vez  a la oración, esa relación, tan personal e intransferible, que él quiere tener con nosotros y nosotras.

 Uno de esos valores es, sin duda, la gratitud
  
Se ha dicho de los jóvenes de ahora que no son muy agradecidos, y en parte es cierto, acostumbrados como están a recibir y recibir, a veces sin exigirles un mayor esfuerzo de contrapartida, por encima incluso de sus necesidades y de nuestras posibilidades, corren el riesgo de no saber agradecer lo que se les da, de no valorar las cosas más importantes, aquellas que dan sentido y colman la vida.  

Pero no olvidemos que somos nosotros, padres, madres, profesores, los que estamos educando a los chicos y chicas, por lo que si quienes les forman no viven el valor del agradecimiento, difícilmente lo vivirán  ellos. Así de simple. 

A la final, los jóvenes repiten siempre aquello que les enseñamos no tanto de boquilla, sino con nuestros actos y actitudes. Esa es la magia, y el peso, de la educación.

Con el tiempo he comprendido que la oración es un “momento” privilegiado para aprender a dar las gracias, porque, de una u otra manera, orar es siempre agradecer. 

Si queremos motivarnos, y motivar a otros, a dar gracias a Dios, conviene tener presente que: 

  •  Todo lo que tenemos lo recibimos de Dios: La vida, bienes materiales, familiares, amigos, talentos naturales, la fe,… ¡todo!,…Casi siempre por medio de otras personas, y de las circunstancias de la vida, pero, en el fondo, es Dios mismo la fuente de todo bien.
  •  Dar las gracias es un acto de fe en el amor salvador del Padre, que    se nos ha revelado en Jesucristo.
  •    Dar las gracias es un acto de esperanza: él que nos ha bendecido en el hoy del tiempo presente, nos seguirá colmando con su gracia en el futuro. Esa es nuestra confianza. 
  •   Dar las gracias es un acto de verdadero amor: cuando tomamos conciencia de los beneficios que hemos recibido se despierta el amor por el autor de esos dones: Dios. 
  •    Dar las gracias es un acto de humildad: cuando confesamos que nada tenemos que no hayamos recibido de Dios, reconocemos la “verdad” más profunda: dependemos de Dios. Ser agradecido es ser humilde, lo que lejos de significar una situación de infravaloración, es una experiencia liberadora que ayuda a vivir en la verdad de lo que somos y podemos. 
  •  Hemos de dar las gracias en lo próspero y en la dificultad…¡también!: no sólo agradecemos los beneficios que continuamente recibimos de Dios, también los momentos de adversidad son motivo de agradecimiento, pues los seguidores de Jesús sabemos que Dios interviene en todas las circunstancias para el mayor bien de los que ama (Rm. 8, 28), por eso la acción de gracias aviva nuestra confianza en el poder de Dios, en su fidelidad, aún en medio de las pruebas y avatares de la vida. 
Amig@ te invito a poner en práctica la oración de acción de gracias. Lo mejor es que lo hagas con tus propias palabras y sentimientos. Con todo, quiero dejarte un pequeño modelo de oración que puede servirte de inspiración en tu diálogo con el amigo Jesucristo. He dejado algunos espacios para que los rellenes con aquellas palabras que expresen mejor tu propia circunstancia personal: 

Señor Jesucristo, yo,___________, quiero darte las gracias por el don de la vida que me has dado, por mis padres y por toda mi familia, por los amigos y amigas que tengo, especialmente por________, ________, ____________, a través de los cuales he ido descubriendo el valor de la verdadera amistad.

Gracias por cuidar de mí cada día, guiarme con tu amor en mi camino, y acompañarme con tu presencia. Gracias por mi forma de ser, por las cualidades positivas que me has dado:__________, __________, y ___________. También te doy las gracias incluso por mis defectos:_________, _________ y _________, pues me siento aceptad@ y amad@ por ti tal y como soy en este momento.  

Gracias por las cosas buenas que me han ocurrido en la vida, especialmente,_____________________________________________________. Gracias también por los momentos difíciles que he tenido que vivir, como por ejemplo:_________________________________________________________, pues sé que tú estás siempre conmigo, y me ayudas en todo momento.  

Gracias, finalmente, por el don de la fe en ti, que me sostiene en mi camino, gracias por invitarme a conocerte y ser tu amig@, porque me has llamado por mi nombre, y porque me amas de una manera personal. Gracias de nuevo por el don precioso de la existencia, fundamento de todas tus gracias y misericordias para conmigo. 
 
Por todo esto, y más, gracias, Señor Jesús, gracias.

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