domingo, 3 de junio de 2012

La Santísima Trinidad en la Pintura

Masaccio - La Trinidad

Alberto Durero - La adoración de la Santísima Trinidad
Desconocido - Museum of Folk Life and FolK Art (Austria)

Botticelli - La Trinidad
Francisco Caro - La Trinidad

Andrei Rublev - La Trinidad
Farid - The Holy Trinity

Stephen Taylor - The Holy Trinity
Silvia Caro - La Santísima Trinidad

Lucca Rossetti - La Trinidad
Anónimo - Ayuntamiento de Galdar (Gran Canaria)

El Greco - La Santísima Trinidad

Ribera - La Trinidad
Hoy celebramos el domingo de la Santísima Trinidad, el misterio de los misterios del cristianismo, aquel que define el ser mismo de Dios, su unidad indivisible en tres personas: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.

Para celebrar esta fiesta he reunido una pequeña colección de pinturas de distintas épocas y tendencias artísticas, alusivas al misterio trinitario.

El esquema que más se repite es la iconografía tradicional: el Padre, representado como un hombre maduro que recibe a Jesús, el Hijo, quien muestra los signos de su humanidad, especialmente los de su pasión dolorosa. Entre ambos, la presencia amorosa del Espíritu Santo, casi siempre significada a través de una paloma.

En algunas pinturas, especialmente en las de la tradición oriental, el Padre y el Hijo miran en una misma dirección. Sus ojos se encuentran en el Espíritu: el Amor del Padre y el Hijo.

En otras, por ejemplo en el arte contemporáneo, se enfatiza la comensalidad de Dios, la invitación que se nos hace a participar del ágape trinitario. Al Padre, por el Hijo, en el Espíritu Santo.

En unas y otras observamos que el Dios cristiano no es la soledad absoluta de los monoteísmos radicales, sino que se revela como una verdadera familia, una comunidad abierta de amor, encuentro y diálogo.

En realidad, detrás de cada propuesta pictórica hay una teología trinitaria, una interpretación contextualizada del misterio de Dios, tal y como se nos ha revelado a través de la Historia de la Salvación y es transmitido por la Iglesia.

Conocer a Dios no es un mero ejercicio intelectual, es, ante todo, una gracia de salvación y liberación que se experimenta al encontrarse y seguir a Jesucristo.
Jesús es siempre la puerta. Por Él conocemos al Padre, y somos sumergidos en el fuego-amor del Espíritu Santo
Estas pinturas son un buen ejemplo de ese diálogo ininterrumpido que ha existido siempre entre la fe y el arte, un tema que está presente en las programaciones de la asignatura de Religión de la ESO y el bachillerato, y que promueve la competencia artística de los alumnos y alumnas, entre otras.

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