miércoles, 12 de septiembre de 2012

Buenas Nuevas pa´mi pueblo: ver-juzgar-actuar


Un canto alegre y profético del padre Diego, sacerdote peruano, con ritmo y sabor a Evangelio, canción y mensaje que nos convidan a celebrar la esperanza en el logro de una mayor justicia social. 

La justicia social es una exigencia que brota de la fe en Jesucristo, quien a través de gestos y palabras nos enseñó el camino de la fraternidad, el camino del amor, el camino de la solidaridad entre todos los seres humanos.

Es decir, el Reino de Dios

Este tema está en el corazón del temario de la asignatura de Religión, quizás porque responde a la esencia misma de lo que significa ser cristiano: el amor.

A veces me pregunto si nosotros, que a lo largo de los siglos hemos sido capaces de inventar tantas cosas y de conquistar el universo, tendremos el coraje y la creatividad de construir un modelo de sociedad distinto, que no tenga como eje el falso dios del lucro económico, sino centrado en la dignidad sagrada de cada hombre y de cada mujer.

Ese es el reto de cada generación. El imperativo ético que debe mover la historia.

Un dato solamente: se calcula que en el mundo mueren diariamente por HAMBRE 100.000 personas. Una gran bofetada a esta dignidad tan sagrada de los seres humanos, creados a imagen y semejanza del Dios vivo. 

En cada ser humano que sufre pobreza y marginalidad está presente Jesús. 

Ahora que empezamos el curso 2012-2013, seamos nosotros, profesores y profesoras de Religión, los que sembremos en nuestros alumnos y alumnas el gusanillo de la preocupación por la cuestión social. Sigamos la ruta educativa del VER-JUZGAR-ACTUAR:

* VER: La realidad realísima,  lo que acontece, lo que está ahí y escuece,...

* JUZGAR:  Interpretar esa realidad a la luz de la Palabra de Dios, en comunión con el Magisterio de la Iglesia. 

* ACTUAR: Invitar a la acción, responder con hechos a la invitación que nos hace el Señor a cambiar las cosas, a transformar la realidad, para que el Reino de Dios acontezca entre nosotros.

Sacudamos a los chicos del marasmo del consumismo alienante que los atonta, del hedonismo atroz que les hace insensibles y ciegos al sufrimiento de sus semejantes, del conformismo frente a lo que existe como si fuera inevitable, como si no pudiéramos hacer nada para cambiar las cosas.

En cada joven hay siempre un fondo inmenso de generosidad y entrega, un potencial para el cambio y la transformación. 

Y nosotros somos sus profesores, los maestros de esta generación: ¡Tremenda responsabilidad! ¡Qué el Señor nos ayude en esta tarea! Amén.

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