viernes, 9 de noviembre de 2012

Isabel de la Trinidad,... ¡Somos templos del Dios vivo!


Un domingo, principios de los ochenta, al salir de misa, tenía yo unos 17 años, compré un librito que llamó mi atención. Se llamaba  Recuerdos  y trataba sobre la vida y el mensaje de Sor Isabel de la Trinidad, una joven carmelita francesa que había fallecido en 1906, a los 26 años.

En realidad la obra incluía además de la biografía, los principales escritos de la religiosa, pequeños tratados espirituales, cartas, algunas poesías, oraciones, pensamientos, etc.

Desde el principio de la lectura quedé cautivado. Reconozco que ha sido de los libros cristianos que mayor huella han dejado en mí vida.

Ella, desde muy joven, se sintió atraída a contemplar dentro de sí, en lo profundo del corazón, el misterio de los misterios, la Santísima Trinidad, Dios Padre, Dios Hijo, Dios Espíritu Santo, presentes en lo escondido de su propio ser.

Esta experiencia, que constituye el eje de su vida espiritual, la conduciría al Carmelo. Enamorada de su vocación en la Iglesia, Isabel no tendrá otra aspiración que vivir como templo vivo donde habita la Gloria de Dios, sumergiéndose cada vez más y más en el silencio y en la sencillez de su vida de fe y de unión con Dios.

Isabel significó para mí el descubrimiento de una dimensión nueva: el camino del recogimiento interior, el llamado a entrar dentro de sí, para encontrar esa fuente de agua viva que es Dios mismo morando en cada uno de nosotros.

Esta hermana del Carmelo nos enseña a buscar a Dios en el silencio, a adorarle en su misterio trinitario, a identificarnos con Cristo, camino que nos conduce y nos une al Padre, a dejarnos inundar por el gozo del Espíritu Santo, a convertirnos en perfecta alabanza de la Gloria de Dios

En una palabra, a dejarnos transformar por Dios, a unirnos estrechamente con Él, a vivir la experiencia de la contemplación, sea cual sea nuestro estado de vida, o  nuestra vocación en la Iglesia.

Sor Isabel de la Trinidad fue beatificada por Juan Pablo II en 1984. Su fiesta se celebra el 8 de noviembre de cada año.

¡Qué alegría descubrir la gran dignidad del ser humano, que por el bautismo se convierte en templo vivo de la Gloria de Dios, tabernáculo donde mora el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo!

Qué la hermana Isabel cumpla en cada uno de nosotros aquella misión que ella misma dijo que tendría en el cielo:

“Me parece que mi misión en el cielo consistirá en atraer las almas al recogimiento interior, ayudándolas a salir de sí mismas para unirse con Dios a través de un sentimiento sencillo y amoroso. Procuraré mantenerlas en ese profundo silencio interior que permite a Dios imprimirse en ellas y transformarlas en Él".

Aquí les dejo una selección de textos que he reunido de la propia Isabel de la Trinidad, así como ensayos y comentarios sobre su experiencia y mensaje espiritual

BEATA ISABEL DE LA TRINIDAD: DESCARGAR

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