domingo, 24 de agosto de 2014

Lecturas del verano: ¿Leer hoy el libro del Levítico? Sí, ¡vale la pena!


En estos días del verano, en medio de tantas noticias sobrecogedoras de guerras y persecuciones, me ha dado por leer el Levítico, uno de los libros de la Biblia que conforman el Pentateuco, es decir, lo que se corresponde a la Torá judia.

Así soy yo de friki algunas veces.

Creo que es la primera vez en mi vida que me he sentado a leer este libro más o menos en serio. Dedicar tiempo a la lectura de rubricas, distinciones legales, normas litúrgicas, me ha resultado siempre bastante árido.

HOLOCAUSTOS Y SACRIFICIOS

Los primeros capítulos tratan de las diversas clases de sacrificios y oblaciones que contemplaba el culto hebreo. Las victimas eran siempre animales, con cuya sangre se asperjaba el altar y cuyos restos se quemaban a la entrada de la Tienda del Encuentro, reservándose una parte para los sacerdotes. El humo de la hoguera, repite en varias ocasiones el escritor sagrado, es calmante aroma para Yahvé (Lev. 1,13).

Todo este ritual de holocaustos, sacrificios de expiación y de reparación, oblaciones, puede resultarnos francamente chocante, especialmente la descripción de cómo se descuartizan las victimas y del uso litúrgico que se hace de sus vísceras y de su sangre. Uno llega a la conclusión que para ser sacerdote del Levítico había que ser por lo menos un buen carnicero.

LA SANTIDAD DE DIOS. LO PURO Y LO IMPURO

Varias nociones teológicas impregnan todo el texto. Por una parte, el sentido trascendental de la Santidad de Dios que exige la reparación/expiación de los pecados y reclama, por medio del sacrificio, la restauración del orden en las relaciones del pueblo con la divinidad. Aunado a esto encontramos también la idea de lo puro/impuro. El culto al Dios santo exige unas nomas muy estrictas que garanticen la pureza de quienes participan de la alianza.

Modernamente los términos pureza/impureza casi siempre se relacionan con la sexualidad. En el contexto del Pentateuco se trata de un concepto mucho más abarcante: el estado de integridad, voluntaria e incluso involuntaria, que se exige a todo aquel que entra en contacto con la esfera de lo sagrado.

MISERICORDIA, HUMILDAD, PUREZA DE CORAZÓN

Esta visión tan primitiva, casi diría "materialista", de la sacralidad fue poco a poco superada ya en el Israel del Antiguo Testamento. Especialmente en la reflexión que hace la comunidad en el destierro de Babilonia, bajo el influjo de la predicación de los profetas, cuando el culto sinagogal sustituye a la liturgia del Templo. Después de meditar sobre su historia, Israel se da cuenta que el verdadero sacrificio expiatorio es ofrecer a Dios un corazón quebrantado y humillado, que la auténtica pureza es interior y que para alcanzarla hay que guardar la  justicia y el derecho, y obedecer los mandamientos.

¿De qué sirven todos estos sacrificios de animales -se pregunta el israelita piadoso del post-exilio, que ha vivido la tragedia del destierro, que ha escuchado a los profetas en la sinagoga - si el corazón del hombre no se vuelve sinceramente a Dios?

Jesús retomará en su predicación esta enseñanza: lo que hace puro o impuro a alguien es lo que sale de su propio corazón (Mc. 7, 23); los sacrificios y oblaciones tienen sentido si la misericordia, el amor, el conocimiento de Dios, tienen la primacía (Mt. 9,13).

LA SUPERACIÓN DE LA LITURGIA DEL LEVÍTICO: EL SACRIFICIO DE CRISTO

La plena superación de la liturgia sangrienta del Levítico la encontramos en el misterio de la pasión, muerte y resurrección de Jesucristo, quien interpretó su trágica muerte como una entrega de amor, libremente aceptada, en clave de victima propiciatoria por los pecados del mundo. 

El sacrificio de la cruz de Cristo, ofrecido en obediencia y amor, anuló definitivamente los antiguos ritos sacrificiales del Templo.

En Cristo Jesús, sacerdote, victima y altar, nuestras culpas han sido ya expiadas y reparadas. Para comprender esto necesitamos iluminar nuestro acercamiento al Levítico con una lectura paralela de la Carta a los Hebreos.

LA EUCARISTÍA, EL "MEMORIAL" DE LA PASCUA

La Eucaristía, el corazón mismo del culto cristiano, es, precisamente, el memorial de este sacrificio de Cristo. La palabra memorial tiene aquí un significado teológico muy profundo; no es un simple recuerdo conmemorativo de la última cena del Señor como afirman algunas iglesias de la reforma, se trata de una verdadera actualización, aunque incruentadel acontecimiento del Calvario, del paso de Jesús por la muerte, de su sepultura, de su gloriosa resurrección.

Una de las claves cristianas de comprensión del Levítico es la Eucaristía.




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