martes, 26 de agosto de 2014

¿El rito de la paz en misa?: renovación y catequesis de este signo litúrgico



Hace ya algunos años, por diversas circunstancias, participé en celebraciones eucarísticas donde el rito de la paz, que precede al canto del Cordero de Dios, era omitido. Cuando pregunté la razón se me respondió que en dicha iglesia se reservaba para la misa de los domingos.

Tengo que reconocer que espiritualmente me sentía desconcertado en esas misas. Me resultaba incomodo acercarme a comulgar el Cuerpo y la Sangre de Jesús sin realizar aquel gesto simbólico pero tan significativo de lo que constituye el "núcleo duro" del cristianismo: el amor de los hermanos entre si, el distintivo de los seguidores de Jesucristo.

Además, la paz es uno de los dones de la era mesiánica, el saludo que repetidamente Jesús Resucitado ofrece a los discípulos: ¡Shalom, la paz sea con ustedes!

Últimamente la Sagrada Congregación para el Culto Divino ha publicado una Carta Circular sobre este asunto: El significado ritual del don de la Paz en la misa

He leído con atención el documento y coincido plenamente en la necesidad de profundizar en la catequesis del significado de este rito en el marco de la celebración eucarística. Es cierto que se han dado abusos y exageraciones, es cierto que en muchas ocasiones se realiza en forma mecánica, y casi por rutina.

Pero desde mi simple condición de laico, se me encoge el corazón pensar en una misa donde el gesto de comunión con el hermano que participa conmigo de la mesa del Señor sea excluido. Creo que debemos pedirle al Espíritu Santo que renueve en nosotros la experiencia de este rito litúrgico, y que profundicemos en su significado espiritual en la vida de la comunidad.

Por el bautismo participamos del sacerdocio común de los fieles, cada uno de nosotros es canal e instrumento de paz y bendición para el hermano o la hermana que el Señor pone a nuestro lado. Cuando yo digo, y me dicen, en el nombre de Jesús: "¡La paz sea contigo!", esas palabras están cargadas de unción y bendición, mi corazón da y recibe la paz, y se reafirma mi comunión con todo el cuerpo eclesial allí representado.

No hay mejor preparación para acercarse al misterio santo de la Eucaristía que compartir el signo de la paz con los hermanos, siempre que este sencillo gesto lo vivamos conscientes de su significado espiritual.

En un mundo aquejado por la soledad y la depresión, donde nadie saluda a nadie a menos que se conozcan previamente, donde una campaña secular de "Abrazos Gratis" se convierte en un fenómeno universal, donde tantas personas se sienten marginadas y oprimidas bajo sistemas económicos injustos, el rito cristiano de la paz es un oasis de humanidad, un signo preclaro de la Buena Noticia cristiana.

Abrazar al hermano para quien lo vive, y lo recibe, en Cristo Jesús puede convertirse en una experiencia de sanación y liberación interior. Ello es así gracias a la fuerza del Espíritu Santo que nos inhabita por dentro.

Esta es la catequesis que necesitamos las ovejas, re-descubrir los tesoros de gracia y bendición que la liturgia cristiana nos ofrece. Ojalá que los pastores del Señor vayan más allá del llamado a la sobriedad que nos pide el documento, un concepto, "lo sobrio", con no pocas connotaciones culturales, y dediquen tiempo y espacio para la enseñanza sobre lo que significa compartir el gesto de la paz antes de acercarse a la mesa del Señor.

Por supuesto, la vivencia del signo de la paz ha de ir más allá del momentum simbólico y ritual, tiene que hacerse presente en nuestra vida diaria,... con la familia, con los amigos, en medio de la calles de la ciudad.

Cristianos y cristianas, ¡qué no se nos olvide!, a ti y a mi se nos ha encomendado el ministerio de la consolación que inauguró Jesús, el Mesías; somos los embajadores de la paz y la reconciliación allí donde quiera que nos encontremos.

@elblogdemarcelo

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