jueves, 4 de junio de 2015

Vincent Van Gogh y la parábola del sembrador

El sembrador siembra con el sol poniente

El sembrador siembra en la puesta del sol

El sembrador, periferia de Arlés en el fondo

El sembrador

El sembrador
La pintura de Van Gogh (1853-1890) siempre ha ejercido sobre mi una suerte de fascinación: la vivacidad de sus colores, su trazo grueso y abierto, la originalidad de las formas,... A veces en sus cuadros percibo un atisbo de la crisis espiritual del hombre contemporáneo,... una nostalgia por la vida libre y natural, por la luz que brilla sobre los objetos, por una experiencia simple de humanidad que parece desdibujarse bajo la monocromía del mundo moderno.

Entre sus muchas obras llaman la atención las pinturas que dedicó al tema de la siembra, y a la persona misma del sembrador, las cuales se corresponden con al período de su vida que pasó en Arlés en el sur de Francia (año 1888).

Cabe preguntarse: ¿Por qué este genial pintor ha dedicado al tema varios de sus cuadros, algunos de los cuales se encuentran entre los más representativos de su producción?

En la tradición cristiana y occidental el tema del sembrador evoca casi inmediatamente a la conocida parábola de Jesús: "Salio un sembrador a sembrar,..." (Mc. 4,1-9) ¿Tenía Van Goh presente este pasaje de los Evangelios cuando pintó estos cuadros? Aunque no lo afirma abiertamente, sabemos que el mundo de la Biblia era familiar al artista, no sólo por ser hijo de un pastor evangélico, sino porque a lo largo de su vida manifestó inquietudes religiosas e incluso quiso en una oportunidad convertirse en predicador.

Sea como sea, la belleza de estos cuadros, el contraste de los colores y de la luz, la sencillez de la escena, nos ayudan a penetrar en el misterio de la parábola que una tarde al caer el sol, en los polvorientos campos de la Galilea romana, brotó de los labios del Maestro Jesús.

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