viernes, 20 de agosto de 2010

COMO SANAR RELACIONES HERIDAS

Este hermoso libro conjuga lo mejor de la psicología práctica en el tratamiento de las relaciones humanas "difíciles" o dolorosas, con la experiencia de fe en ese amor de Jesús que siempre sale a nuestro encuentro para sanarnos y conducirnos a la reconciliación y a la paz, tanto a nivel personal, comunitario, y con Dios mismo, que es nuestro Padre, un Dios amor que nos acepta tal y como somos, y nos da sabiduría y fortaleza, para amar a los demás, aún en medio de nuestras limitaciones humanas, de los condicionamientos de nuestra psicología y nuestra biografía particular.




Cristianamente hablando, la salvación "pasa" por tí y por mí, por la forma como tú y yo resolvemos nuestras diferencias, nos aceptamos y vivimos el mandamiento nuevo del amor. Somos pertenencia de Cristo, y su Espíritu quiere renovar nuestra mente, para que vivamos las relaciones humanas con los criterios de Cristo: el perdón, la empatía, la honestidad, la comunicación, la solidaridad,...ser capaz de alegrarme con tus alegrías, y de llorar contigo tus dolores,...este es el "alimento solido" que hace de la revolución de Jesús, algo más que una religión,... es, sobre todo, un modo de vida, cuyo primado es la caridad, ni más ni menos.

Muy interesante en este libro, el capítulo dedicado a la sanación de las perdidas familiares, cuando nos toca vivir la experiencia de la muerte de un ser querido, y sentimos ese desgarro por dentro;... una herida que reclama el ungüento del amor de Jesús, de su consuelo, que nos lleve a aceptar la ausencia, y nos posibilite vivir el duelo, con fortaleza y esperanza. A veces cuando veo por la tele situaciones de tragedia por accidentes o por otras circunstancias, y percibo el dolor de tantas personas que en el momento menos pensado pierden un hijo, o un familiar muy querido, pienso en la importancia de la fe en Jesús, de haber experimentado el poder salvador de su inmenso amor en nuestras vidas, para soportar sin derrumbarnos las pruebas y tribulaciones que, tarde o temprano, hemos de afrontar. ¡Qué difícil se me hace vivir sin trascendencia, sin la esperanza que infunde el amor y la gracia de Dios en nosotros! Termino con una cita de Pablo que siempre me ha llegado muy adentro: " ¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿La tribulación?, ¿la angustia?, ¿la persecución?, ¿el hambre?, ¿la desnudez?, ¿la espada?, (...) Pero en todo esto salimos vencedores gracias a aquel que nos amó. " (Rom. 8,35.37)

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