viernes, 6 de mayo de 2011

El RAP Y EL RAP CRISTIANO: La experiencia de un taller con 2º ESO


video

El pasado mes de abril celebramos en mi instituto la semana cultural, en ella he participado organizando un taller de música rap, para los alumnos y alumnas de 2º ESO.

¿De dónde me ha venido la idea? En realidad, de los alumnos mismos. Algunos de ellos, no sólo componen sus primeros poemas, sino que incluso son capaces de rapearlos en forma espontánea. Además, lo relativo a este género musical ejerce sobre los chicos una suerte de fascinación, por lo que intenté aprovechar esta motivación y experiencia previa, y convertirla en una propuesta práctica y colectiva de aprendizaje.

El rap, en sus iconos, en su andamiaje mediático y cultural, parece ser portador de una serie de anti-valores a los que los jóvenes son particularmente sensibles: la violencia, el consumo de drogas, cierta actitud anárquica frente a las normas de convivencia, el desenfreno sexual, el machismo, etc.

Sin embargo, ni toda la música rap es de estas características, ni siempre ha sido así. En sus orígenes, esta tendencia musical representó los sentimientos de grupos urbanos, particularmente afroamericanos, frente a las situaciones de exclusión y pobreza, a las que se veían sometidos en la selva de las modernas ciudades estadounidenses.

Uno de mis objetivos en el taller fue, precisamente, que los chicos y chicas analizaran críticamente el contenido de ciertas canciones de rap, de lo que verdaderamente significa ser rapero, que no es usar una ropa característica, ni asumir una "pose" un tanto macarra, sino hacer de la música un vehículo que exprese la conciencia social de los grupos más vulnerables, el sentimiento de indignación ante las injusticias propias de las urbes modernas.

Además de pretender rescatar esta dimensión positiva del rap, su lado social y comprometido con el cambio, quise también que se aventuraran a componer, y rapear, sus propios textos.

Les propuse varios temas para que ellos eligieran: la paz, la solidaridad, la igualdad de género, la autosuperación, etc., y les dí un tiempo para que escribieran en forma espontánea las ideas que el tema escogido les iba sugiriendo, dejando la búsqueda de la rima para el final.

Para que se inspiraran les llevé varias "bases": la música, casi siempre de estilo hip-hop, que sirve de fondo, y marca los ritmos del texto cuando se canta.

A la hora de la puesta en común, algunos de los participantes, los más duchos en la técnica del rapeo, se lanzaron a cantarnos la letra que escribieron,... A estos primeros, se unieron luego otros, y otros, generándose un contagiante clima motivacional, muy satisfactorio.

Como evaluación final, muchos de los chicos manifestaron el deseo de disponer más tiempo a fin de mejorar sus habilidades para rapear, especialmente en lo que se refiere a la composición de los textos-poemas de las canciones.

Un taller de estas características puede lograr despertar ese genio poético que duerme en los adolescentes, ofreciéndoles un canal para expresar el rico arsenal de vivencias, sentimientos, emociones, experiencias,...inherentes al mundo que viven.

Una de las cosas que más me gusta del rap es que termina desmitificando el trabajo poético, otorgando el "poder" del lenguaje y la palabra a grupos sociales, como ´ciertos colectivos juveniles de la empobrecida clase obrera, que normalmente son silenciados por la ortodoxia de la cultura dominante

Y es que la creación poética no es un asunto privativo de una élite intelectual, es un acto de reafirmación del yo, y del nosotros, tan democrático como lo puede ser la experiencia universal del existir humano; es apropiarse del lenguaje y sus recursos; es el despertar de una conciencia que se expresa en un idioma, y que al hacerlo conquista para sí todo un mundo de significados y experiencias.

Al final del vídeo he añadido una referencia al rap cristiano, una experiencia musical representada sobre todo por algunos jóvenes cantantes de iglesias evangélicas, quienes a través del rap comparten su experiencia de Cristo, y anuncian a otros jóvenes la gracia del Evangelio.

La canción del vídeo es de Funky: Mi maestro.

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