domingo, 28 de agosto de 2011

EL HERMANO RAFAEL, MONJE TRAPENSE



Mi primer conocimiento sobre los trapenses fue a través del testimonio del hermano Rafael, un monje español que apenas era conocido en algunos círculos, y que todavía no había sido ni beatificado (1992), ni mucho menos canonizado (2009).

Fue a principios de los ochenta, justo en los meses previos a mí entrada en la universidad, cuando adquirí un hermoso libro titulado Hermano Rafael, monje trapense, una colección de escritos personales, formado principalmente por sus cartas, dibujos, diarios y pensamientos espirituales.




Rafael es un joven de principios de siglo XX, estudiante de arquitectura, que enamorado del Señor y sintiendo su llamada, abandona su familia, sus estudios y su proyecto de vida, e ingresa en el monasterio cisterciense de estricta observancia de "San Isidro de Dueñas", en la provincia de Palencia. Pero a los pocos meses es sorprendido por una grave diabetes, que le obliga a abandonar la comunidad durante varios intervalos, hasta que finalmente muere en su trapa de un coma diabético.

Era el 26 de abril de 1938, y tenía apenas 27 años.

Los escritos del Hermano Rafael rezuman sencillez, buen estilo y un toque de espontaneidad y gracia que lo hacen muy contemporáneo. Aquí no encontraremos grandes consideraciones conceptuales, ni tratados sobre teología espiritual, es simplemente el testimonio de vida de un trapense, que intenta responder día tras día a las exigencias de su vocación monástica: la oración litúrgica, el trabajo en los campos, la vida comunitaria, la soledad, el silencio del claustro, etc.

Pero más allá de los pequeños incidentes de su existencia, profundizando en la lectura descubrimos su profundo y radical deseo de Dios, su acendrado amor a María, y, sobre todo, su identificación plena y total con Jesús, especialmente con el misterio de Jesús crucificado.

El hermano Rafael ha vivido el calvario tremendo de su enfermedad estrechamente unido a Jesús, y en Jesús, y por Jesús, y para Jesús,…Con la generosidad y la valentía de los grandes, sin malabarismos ascéticos, muy consciente de su debilidad y de su pobreza. Y en ello radicó el secreto de su fulgurante santidad.

Aceptar los sufrimientos y los embates de la vida unidos a Jesús, en el misterio de su frágil humanidad, en el misterio de su cruz, es tremendamente fecundo y fuente de inmensas gracias para la vida del mundo.

Pienso ahora, por ejemplo, en el sufrimiento del paro, la incertidumbre de no saber cómo pagaremos los gastos de vida de nuestros hijos, el sufrimiento de la soledad, el sufrimiento de la guerra, el sufrimiento de una enfermedad grave, el sufrimiento de la exclusión social,...

Porque, dímelo tú, ¿Quién se escapa de los sufrimientos de la vida?

Pues bien, el hermano Rafael nos dice a ti y a mí: amigo, amiga, no vivas eso que te ha tocado sólo o sóla, únete a Jesús, míralo junto a ti, contémplalo en la soledad y en el desamparo de la cruz, es tu ayuda, es tu consuelo, es tu fortaleza y esperanza.

Jesús siempre camina con nosotros y nosotras. El disipa la tormenta de la angustia, y trae paz y fortaleza a los corazones afligidos.

Aquí les dejo un enlace con los escritos del joven trapense, que su lectura sea una fuente de bendición, nos ayude a amar a Jesucristo y encienda en nosotros el mismo deseo de Dios que ardió en el hermano Rafael.

Porque para mí San Rafael Arnaiz, será siempre, simplemente, el hermano Rafael, monje trapense.


ESCRITOS DE SAN RAFAEL ARNAIZ : DESCARGAR

4 comentarios:

  1. El sufrimiento nos hace uno con Cristo, nos transfigura, nos hace más plenos y unidos al Crucificado... Es la antesala de nuestra conversión, de nuestra resurrección.

    Ser cristiano no implica apartarse del dolor, sino que significa aceptarlo y ver en ello nuestra salvación, nuestra redención y la de aquellos que nos rodean.

    Una abrazo, e insisto: este blog es de un valor tremendo... Acá se resuma el amor de Cristo, sin odio, sin deseo de pisotear a otros, sino con el ejemplo de Jesús: vivir, hablar, actuar en el Amor.

    Paz
    Luciano Troncoso G.
    Concepción, Chile

    ResponderEliminar
  2. Amigo,..¡Muy bonitas tus palabras, que nacen de esa experiencia de la fe, que da significado a las circunstancias que vivimos,...!! Sí, ya sea en la adversidad o en la prosperidad, unirnos a Cristo, esa es la consigna,..

    Gracias también por tus palabras de ánimo y de motivación en el Señor por los contenidos del blog. En medio de tantas cosas que ruedan por este Internet, nos toca a los cristianos ir sembrando en esta huerta la buena semilla que se nos ha confiado.

    Un saludo fraterno desde San Isidro, al sur de la isla canaria de Tenerife.

    ResponderEliminar
  3. Que dicha, para los católicos tener unsanto como San Rafael, que desde su claustro irradia esperanza para la humanidad en especial a los jóvenes nos dice ustedes pueden ser santos y alegrar el corazon del creador, aún en este mundo tan materialista... A mí también me hubiera gustado ser también monje trapense, pero soy seminarista para el orden sacerdotal, aunque en mi corazón llevo este gran anhelo... gracias por este mensaje... Bendiciones en el nombre de Jesús...

    ResponderEliminar
  4. Querido amigo: El Señor sin duda tiene sus caminos para cada uno de sus hijos, él mismo que ha puesto en tu corazón el atractivo por la vida monástica sacie tu corazón con el gozo de la contemplación. Dios siempre que nos marca un camino, es para darnos un regalo mayor del que pensabamos,....¡Qué el hermano Rafael encienda siempre en tu corazón el amor a Jesucristo y te anime siempre en tu camino de formación!

    Un abrazo desde Tenerife, y cuenta con mi oración,

    Marcelo

    ResponderEliminar